El Gobierno central ha decidido, pese a las presiones de los lobbys automovilísticos, no renovar el Plan Prever, que subvencionaba la compra de coches nuevos para renovar uno viejo. Esta ayuda costaba mucho dinero y no tenía ya ninguna justificación social ni ecológica. Tan sólo se sostenía en base al apoyo de un sector industrial muy poderoso.

El mantenimiento de este plan no sólo tenía un coste importante sino que suponía en sí una tremenda contradicción: el Gobierno estaba apoyando indirectamente a un sector que perjudica seriamente a la sociedad vía emisiones los tubos de escape.

En realidad, más que subvencionar, lo que se debe hacer es penalizar en mayor medida la compra de coches, tal y como se hace con el tabaco. Además, el ahorro que va a suponer suprimir este plan se podrá aprovechar para otros incentivos mucho más sociales. Por ejemplo, el cheque bebé o las ayudas previstas para la emancipación de los más jóvenes.