Ser uno de los 37.000 -69.800 según la encuesta del Eustat- guipuzcoanos que no tienen empleo puede ser, además de un problema económico o de ocupación del tiempo, una situación extraña. Es el caso de los seis vecinos de Bidegoyan, una pequeña localidad situada en la sierra de Ernio, entre Tolosa y Azpeitia, donde sólo hay seis parados. Su porcentaje de población parada es el más bajo de Guipúzcoa: sólo el 3,1% de sus 385 habitantes no tienen empleo, frente al 12,85% provincial, según los datos de desempleo registrado en el Instituto Nacional de Empleo (INEM) en agosto de este año.
“Aquí todos vivimos en caseríos desperdigados y la gente del mundo rural se las arregla mejor”, explica el alcalde, Miguel José Iraola. A su juicio, también hay muchas mujeres que, aisladas en sus casas, no buscan trabajo. “No nos dan ni ayudas para el paro”, explica el alcalde. Otro factor que influye en el bajo nivel de desempleo es la ausencia de gente joven, que huye hacia otros lugares más poblados.
Sin oficina del INEM, ni comercios y con apenas dos talleres que emplean a una veintena de personas, el trabajo depende de la industria de Azpeitia -a 15 kilómetros de distancia, a través de empinadas carreteras- y, sobre todo, del caserío y de las labores forestales. Los pocos parados de Bidegoyan son jóvenes que rehúyen las labores del campo. “Trabajo ya hay en el monte pero no de gusto”, dice Jokin, uno de los seis desempleados que todavía viven en Bidegoyan. “Hoy en día hay que salir del pueblo para encontrar algo”, añade haciendo un esfuerzo para articular frases en castellano.
Bidegoyan es el caso extremo positivo y Aduna, una pequeña localidad próxima a Villabona, se lleva la palma en cuanto a cifras negativas de paro. Más del 21% de sus 297 habitantes están buscando empleo, según el INEM. El alcalde, Javier Zabala, cree que este dato está relacionado con la reciente convocatoria de una plaza para realizar labores de limpieza en el municipio. “Exigíamos estar apuntado en el INEM y eso llevó a muchas personas a hacerlo”, explica, aunque reconoce que el nivel de desempleo de Aduna era ya elevado.
Aduna está situada en la zona guipuzcoana con mayor paro relativo, la bañada por el río Oria entre Tolosa y Lasarte, con localidades como Andoain, Ibarra, Anoeta, Zizurkil, Villabona o Irura, que superan todas ellas la media de la provincia. “No es un pueblo tan rural, aunque hay mucha gente que medio-trabaja y se apunta al paro”, dice Zabala. La crisis industrial de la zona también ha afectado y el reciente cierre de una factoría de tornillos que empleaba a 100 trabajadores no ha hecho sino empeorar las cosas. A diferencia de Bidegoyan, en Aduna la mayoría de los parados tienen más de 50 años. “Varios de ellos son los empleados de las fábricas que han cerrado”, explica el alcalde.
MENOS DESEMPLEO EN LA MAR
Si Aduna y Bidegoyan son los dos extremos de la provincia, existen fenómenos más ajustados a la realidad que se producen en municipios más poblados y que, si no son tan curiosos, sí tienen mayor interés social. En el extremo suroccidental de la provincia está la zona que circunda Mondragón, donde el fenómeno cooperativa ha sido capaz de mantener los niveles de empleo por debajo de la media provincial. Localidades como Bergara, Aretxabaleta, Oñati, Elgeta, Antzuola, Eskoriatza o Salinas de Léniz no superan el 10% de paro.
Un caso todavía más positivo es el de Getaria y Orio, donde el desempleo no supera el 6% -el nivel guipuzcoano de los años setenta- gracias al mantenimiento de la flota que pesca en las zonas próximas a la costa. El continuo aumento de la jurisdicción de los países sobre los diferentes caladeros internacionales está obligando a los pesqueros vascos de altura a reestructurar su flota, pero no ha afectado de momento a los de bajura. Es el caso de Pasaia, donde hace pocos años había 180 barcos de arrastre y hoy no quedan más de 23.
Orio y Getaria son dos puertos de bajura por lo que, según Ignacio Carton, experto en Pesca del sindicato ELA, “el número de trabajadores no ha oscilado”. En estas dos localidades, la mayoría de la población se dedica directamente a la pesca, a la industria conservera o realiza labores adyacentes, como la preparación de las redes o la salazón de las capturas. “Aquí, la gente joven se va a la mar si no tiene trabajo o no quiere seguir estudiando. Además, lo de la mar es muy de la familia”, explica el concejal de Servicios de Getaria, Martín Udabe. Lo cierto es que las instituciones han mimado también a estas dos poblaciones,
La tradición marinera de Guipúzcoa ha salvado ligeramente, por ahora, a esta localidad del que algunos califican como el mayor mal de nuestra sociedad, el paro, pero el futuro amenaza con una cierta incertitud: los barcos tienen ya muchos años y deben ser remodelados próximamente. Una nueva actividad está surgiendo como solución en ésta y en otras zonas de Guipúzcoa: el turismo. Según Udabe, cada vez se abren más restaurantes, que emplean a numerosos vecinos, principalmente en la época estival. Si en la época de Elcano los getariarras recorrían el mundo, hoy en día son ellos los visitados.
LAS FRONTERAS DEL EMPLEO
La medicina del turismo podría ser también la solución de los problemas de Irún, el otro lado de la moneda con más ceros de Guipúzcoa, la que marca el nivel de paro, que en Irún se acerca al 20%. Es quizá el caso más esperado, porque se pudo prever desde que España entró en 1986 en el Mercado Común, pero no necesariamente el que más medidas correctoras ha impulsado.
La supresión de las fronteras en 1993 supuso la desaparición de un importante número de empleos en Irún. Unas 1.000 pesonas trabajaban directamente en las aduanas y otras tantas dejaron de hacerlo en las empresas de transporte relacionadas con la existencia de controles fronterizos de mercancías. El efecto inducido en la banca, comercio, talleres o los propios taxis -que perdieron el 50% de su actividad- fue también muy importante. El sindicato ELA calculó unas pérdidas totales de entre 12.000 y 15.000 millones de pesetas como consecuencia de la supresión de las aduanas de Irún y Behobia para el transporte de mercancías.
Las instituciones elaboraron un Plan Estratégico del Bajo Bidasoa y crearon una Agencia de Desarrollo (Adebisa) para mejorar la situación socio-económica de la zona fronteriza de Guipúzcoa y para asesorar sobre las iniciativas empresarialas que se suscitaran en Irún y Hondarribia. Tras numerosos estudios, proyectos y análisis de la situación, se decidió que los sectores tractores de la economía de la zona debían ser el relacionado con el turismo -hostelería y comercio- y el del trasporte y comunicaciones.
Ambos sectores no han consegido remontar el vuelo hasta este año, aunque las razones dependen mucho de la fuente consultada. Según Euken Sese, gerente de Adebisa, se ha acertado en el diagnóstico y en la necesidad de impulsar los transportes y la hostelería y, como consecuencia, “Irún crea ahora más empleo que la media guipuzcoana”. En el sindicato ELA las cosas se ven de otra manera. “No se ha hecho nada, salvo estudios y otras historias que luego no se ejecutan y ahora hay una leve recuperación del empleo por el crecimientado parcialmente pero la intermodal aún no ha abandonado los planos. “Ha sido un auténtico fracaso. No ha generado empleo y ni siquiera lo ha mantenido porque Irún ha dejado de ser una parada obligatoria para los transportistas”, afirma tajante Lekuona.
La creación de un industrialdea para conseguir la instalación de empresas en el municipio ha conseguido crear 50 empleos y, según datos oficiales, se ha recolocado a más de 300 antiguos trabajadores de las aduanas, que han debido realizar cursos de reciclaje profesional. ELA cree que esas cifras son insuficientes y que es necesario atravesar el nivel de los estudios para empezar a ejecutar los planes.
DISPERSION DE DATOS
Aunque el nivel de paro es hoy una de las variables económicas que mejor conoce el público, conseguir datos a nivel municipal no es una labor sencilla. La cifra de desempleo más conocida -y más fiable, para los sectores socio-laborales- es la de la Encuesta de la Población Activa (EPA), que realiza trimestralmente el Gobierno central. Lamentablemente, la EPA sólo aporta datos a nivel provincial y el escaso número de encuestas -3.200 familias vascas, es decir, unas 10.000 personas- imposibilita extrapolarlos a los municipios porque el margen de error sería muy alto.
A nivel vasco, existe una encuesta trimestral semejante a la EPA pero que se basa en un número superior de encuestas ya que se entrevista a 5.000 familias. La realiza, en las tres provincias, el Instituto Vasco de Estadística (Eustat) y se denomina encuesta de la Población en Relación con la Actividad (PRA). Las preguntas son parecidas a las de la EPA y los resultados también son similares, ya que las dos se basan en las definiciones de paro e inactividad de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Con trabajar una hora pagada al día se entra dentro de la definición internacional de actividad y para ser parado es necesario no haber desempeñado una labor remunerada en una semana, buscar activamente un empleo y estar disponible inmediatamente.
Existe otra medición fiable y que facilita datos rigurosos a nivel comarcal. Se trata del censo del mercado de trabajo que anualmente realiza la antigua Consejería de Trabajo -hoy integrada con las de Justicia y Economía-. Es este censo el que permite conocer que el nivel de paro era, a finales de 1994, del 24,7% en la conurbación donostiarra y del 52,3% entre los jóvenes que tenían entre 16 y 24 años.
El otro censo, el que se efectúa hogar por hogar cada cinco años, es teóricamente el dato más real que existe sobre el nivel de empleo. Los últimos datos de este tipo corresponden a 1991 y los niveles de paro que señala son sorprendentemente bajos porque la situación económica era más desahogada en aquellos años y porque, según explican desde el Eustat, son los propios entrevistados los que se autoclasifican y cada uno lo hace según sus propios criterios.
El único dato relativamente fiable que se puede utilizar para medir el paro a nivel municipal en Guipúzcoa es el del INEM. El Ministerio de Trabajo realiza todos los meses un recuento del número de parados que se hayan inscritos en las oficinas de empleo y el INEM confecciona mensualmente unos cuadros estadísticos con las edades, nivel académico, sexo, actividad económica y grupo profesional al que pertenecen todos los desempleados de cada municipio y provincia españoles.
Para hallar los porcentajes de los 87 municipios guipuzcoanos se han utilizado los datos elaborados el 2 de setiembre de este año. Estas cifras sí son precisas en todos los niveles pero no se ajustan siempre a la realidad porque hay muchos parados que no se inscriben. La diferencia entre la cifra de la EPA y la del INEM suele ser de unos ocho puntos, aunque no sucede así en todos los casos. Donde más paro hay, menos gente se inscribe en las oficinas de empleo porque se ve más ineficaz y también sucede lo contrario en las localidades donde hay menos gente que busque trabajo.


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