Un absentismo laboral del 20% aceleró la quiebra de las panaderías Quop
La quiebra de Gorsalva Holding arrastró a las panaderías Quop, una cadena que llegó a superar los 20 establecimientos y cuya crisis se vio agravada por un fuerte absentismo laboral, retrasos en las nóminas, problemas de suministro y una caída continuada de las ventas. En la documentación concursal de Gorsalva se señala que más del 20% de la plantilla llegó a estar de baja médica, mientras que el informe específico de Quop 6 describe además “bajas médicas continuas”, excedencias y una creciente desmotivación del personal.
Gorsalva Holding pertenece a Juan Manuel Salvador Temprano y su hijo Juan Manuel Salvador Gordo. El primero controla el 86,04% del capital y el segundo el 13,96%, además de ejercer como administrador único y director general. La empresa fue constituida en 2003 y acabó convirtiéndose en la matriz de la enseña Quop y de las distintas sociedades que explotaban sus establecimientos.
Quop llegó a tener más de 20 tiendas abiertas al mismo tiempo. El informe concursal de Quop 6 recuerda que eran negocios rentables y con volúmenes de ventas relevantes pese al reducido importe medio de cada compra. Uno de los establecimientos propios, el de Portugalete, abría de 7 de la mañana a 10 de la noche los 365 días del año.
La estrategia de Gorsalva fue franquiciar progresivamente la red para reducir los costes laborales. La propia memoria explica que se diseñó un modelo pensado para familias que trabajaran como autónomos, lo que permitía un mayor control del negocio y un ahorro en personal. Quop 6, en Portugalete, quedó como la última tienda propiedad de la franquiciadora, utilizada como establecimiento piloto para probar productos, formar personal y dar apoyo al resto de franquiciados.
Los problemas laborales venían de años atrás. A finales de 2018, una inspección de la Seguridad Social obligó a Quop 6 a cambiar el convenio que aplicaba a sus trabajadores. Según la empresa, el cambio elevó en más de un 30% el coste mensual por empleado y además obligó a abonar diferencias de cotización correspondientes a los tres años anteriores. En 2019 llegaron las primeras pérdidas.
La pandemia dio paradójicamente un respiro al negocio. Quop pudo seguir abierto por vender productos de primera necesidad como pan, leche o huevos y se benefició de que otros pequeños establecimientos de golosinas tuvieron que cerrar. Pero la propia compañía sostiene que la pandemia cambió los hábitos de consumo y acostumbró a muchos clientes a concentrar sus compras en los supermercados, lo que después provocó una pérdida progresiva de ventas en el denominado canal de impulso.
Las bajas médicas se convirtieron posteriormente en un problema creciente. La memoria de Quop 6 afirma que desde la pandemia tuvo que soportar “un gran número de bajas médicas” y llega a atribuirlo a la “facilidad en conseguirlas gracias a las citas telefónicas con el médico”. Según la empresa, este fenómeno disparó unos costes laborales que, con márgenes comerciales muy estrechos, resultaban difíciles de absorber. Se trata, en cualquier caso, de la explicación aportada por la propia concursada en su memoria.
La situación se deterioró definitivamente en 2025. Los problemas financieros de Gorsalva redujeron el stock disponible y dificultaron el suministro regular a las tiendas. Eso provocó menos ventas, retrasos en las nóminas, desmotivación, bajas continuas y excedencias. Cada movimiento de plantilla generaba además nuevos costes de formación y sustitución.
La falta de producto acabó entrando en un círculo vicioso. El informe concursal señala que la reducción del stock no solo hacía perder ventas inmediatas, sino que erosionaba la confianza de los clientes y aceleraba su marcha. A ello se añadieron el encarecimiento del cacao, la glucosa, los carburantes y el transporte y la dificultad de repercutir esos costes en precios por la fuerte competencia.
Las cuentas muestran un deterioro progresivo. Quop 6 facturó 481.135 euros en 2023, 458.892 euros en 2024 y 406.837 euros en 2025. Ese último ejercicio cerró con pérdidas de 14.712 euros, después de perder ya 16.984 euros en 2024. Los gastos de personal pasaron de 105.275 euros en 2023 a 148.293 euros en 2024 y 142.696 euros en 2025.
En los cuatro primeros meses de 2026 la facturación se redujo a 127.496 euros y las pérdidas superaron los 10.000 euros. Para entonces, la falta de tesorería había dejado a la sociedad con diez mensualidades de alquiler pendientes, más de un mes de retraso en el pago de nóminas y algunos impagos en aplazamientos tributarios y de Seguridad Social.
El caso de Quop 6 permite además reconstruir parte de la historia de la cadena. La sociedad nació en 2015 con el nombre de Quop Barakaldo para explotar una tienda en la Avenida de la Libertad. El establecimiento cerró solo ocho meses después por falta de rentabilidad. Posteriormente la sociedad pasó a explotar el Quop de Avenida Carlos VII 14, en Portugalete.
La tienda de Portugalete había sido inicialmente una franquicia gestionada por un matrimonio. Según relata la memoria, funcionaba con elevada rentabilidad hasta que los problemas personales de la pareja, que acabaron en divorcio, empezaron a afectar al negocio. Gorsalva decidió entonces comprar el establecimiento para mantener el volumen de compras que aportaba a la red y tratar de recuperar su rentabilidad.
Pero el verdadero problema acabó estando en la matriz. Gorsalva facturó 8,98 millones de euros en 2024, pero sus ingresos cayeron a 7,4 millones en 2025 y registró unas pérdidas antes de impuestos de 418.371 euros. En los primeros meses de 2026 el deterioro se aceleró.
La compañía sufrió además un fuerte recorte de financiación bancaria. Sabadell y BBVA redujeron líneas de descuento, confirming y préstamos de campaña, lo que obligó a Gorsalva a realizar fuertes desembolsos de circulante. Cuando empezaron los retrasos en los pagos, las aseguradoras de crédito endurecieron las condiciones de los proveedores y muchas compras tuvieron que hacerse al contado, reduciendo todavía más el stock disponible.
La situación financiera terminó siendo insostenible. La administración concursal de Gorsalva cifra sus activos en apenas 267.257 euros frente a un pasivo exigible de 3,84 millones. En Quop 6 la situación era todavía más extrema: solo quedaban 1.200 euros de activo, todo ello dinero en Kutxabank, frente a 127.035 euros de pasivo reconocido.
La caída afecta a todo el entramado societario de Quop. Además de Quop 6, Gorsalva participaba en Quop 5, Quop Sestao, Quop Castro, Quop Bilbao, Quop Basauri, Quop 3, Quop 7 y Quop 4, además de Unicom. Es decir, nueve sociedades con la marca Quop han quedado vinculadas al proceso concursal de la matriz.
La historia de Quop resume así varios de los problemas que han golpeado al pequeño comercio alimentario en los últimos años: costes laborales crecientes, absentismo, estrechamiento de márgenes, cambio de hábitos de consumo, dependencia del crédito y pérdida de poder frente al supermercado. En este caso, todos ellos confluyeron al mismo tiempo y terminaron haciendo inviable una red que había llegado a superar los veinte establecimientos.
