EIT Food recibe 300.000 euros públicos al año en Euskadi, pero no acredita cuánto empleo o inversión genera
La aceleradora EIT Food lleva desde 2018 instalada en Euskadi, donde recibe financiación del Gobierno Vasco y de la Diputación de Bizkaia para fomentar el emprendimiento agroalimentario. La organización reconoce que las instituciones vascas le han aportado una media de 300.000 euros anuales durante los últimos siete años, pero no ha facilitado datos que permitan conocer cuánto empleo, inversión empresarial o facturación han generado sus programas específicamente en Euskadi.
La información adquiere especial relevancia tras el análisis de las memorias justificativas de 2022, 2023 y 2024, obtenidas por Gananzia mediante una solicitud de transparencia a la Diputación de Bizkaia. Los documentos acreditan la realización de actividades y la participación de empresas vascas, pero revelan que los indicadores utilizados para justificar las subvenciones se concentran principalmente en eventos, participantes, contactos y apariciones en medios de comunicación, sin cuantificar los resultados económicos posteriores.
EIT Food está instalada en Euskadi desde 2018 y forma parte de una iniciativa europea de innovación alimentaria. Su actividad en el sur de Europa se desarrolla a través de EIT Food South, con oficinas en Madrid y Bilbao, donde tiene incluso una sociedad independiente. Según la organización, actualmente cuenta con 34 profesionales entre ambas sedes: 18 en Bilbao y 16 en Madrid.
La Diputación de Bizkaia suscribió con EIT Food Basque un convenio de 495.000 euros para el periodo 2022-2024, repartidos en tres anualidades de 165.000 euros. La financiación estaba destinada a programas como Seedbed Incubator, EIT Food Accelerator Network (FAN) y Empowering Women in Agrifood (EWA).
El Gobierno Vasco también financia directamente a EIT Food Basque. Sus presupuestos de 2024 consignaban 165.000 euros para la sociedad y los de 2026 incluyen otros 150.000 euros para proyectos de innovación. No parece una aportación excepcional: el plan estratégico de subvenciones 2026-2028 prevé entregar 150.000 euros anuales a EIT Food Basque durante los tres ejercicios.
En su respuesta a Gananzia, EIT Food ha señalado que la aportación conjunta de las instituciones vascas ha sido de una media de 300.000 euros anuales. Según sus explicaciones, esos recursos, sumados a los aportados por el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT), han permitido desarrollar programas con una inversión media de 1,5 millones de euros al año durante los últimos siete ejercicios.
La extrapolación de ambas medias supone aproximadamente 2,1 millones de euros de financiación institucional vasca y 10,5 millones destinados a programas durante ese periodo. Son cantidades calculadas a partir de la información facilitada por la organización, no cifras contrastadas mediante una relación completa de pagos y gastos. Tampoco puede concluirse que los 10,5 millones se hayan invertido materialmente en Euskadi, puesto que buena parte de los programas tienen carácter internacional.
EIT Food suele presentar cifras mucho más elevadas cuando hace balance de su actividad. Entre 2018 y 2025 asegura haber apoyado a más de 700 startups y movilizado 83,1 millones de euros de inversión. Sin embargo, ha confirmado a Gananzia que esas cantidades corresponden al conjunto de EIT Food South y sus socios, no a Euskadi. La entidad explica que sus programas son internacionales y se desarrollan en colaboración con organizaciones de diferentes países, por lo que no realiza una atribución territorial específica de las startups apoyadas ni de la inversión movilizada.
Las memorias presentadas a la Diputación introducen un matiz importante: EIT Food sí identifica algunos resultados correspondientes a Euskadi cuando justifica sus subvenciones, aunque se trata de indicadores de actividad y participación, no de impacto económico. En 2022, por ejemplo, declaró la participación de las startups Isauki, Innomy y Aotech en Seedbed y FAN. También contabilizó mentores y expertos vascos que colaboraron con los programas, encuentros empresariales y actuaciones relacionadas con la agricultura regenerativa.
En 2023 y 2024, los indicadores recogen cinco participaciones de startups o pymes vascas en programas de emprendimiento en cada ejercicio. Entre las compañías identificadas figuran Lako Foods, Madari Zumos, Gundo App, Jakion, Delikatetxe, Laneko, Artzai Gazta y Lukan Gourmet. Algunas aparecen en más de un año, por lo que no sería correcto sumar las participaciones como si correspondieran a empresas diferentes.
La memoria de 2024 presenta una pequeña discrepancia: declara cinco empresas participantes, pero en las observaciones del indicador únicamente identifica a cuatro, Gundo App, Laneko, Artzai Gazta y Lukan Gourmet. También aparecen objetivos incumplidos. En 2022, EIT Food declaró haber formado a 15 agricultores frente a los 20 previstos y haber seleccionado a tres para recibir apoyo en agricultura regenerativa frente a un objetivo de seis.
Los documentos permiten, por tanto, conocer algunas de las actuaciones desarrolladas con financiación pública, pero no ofrecen una evaluación de su efecto posterior sobre la actividad empresarial. No recogen una medición comparable de los puestos de trabajo creados por las startups beneficiarias, su evolución comercial, la inversión privada captada específicamente en Euskadi o su supervivencia después de participar en los programas.
Uno de los aspectos más llamativos de las memorias es la repetición de determinados indicadores. EIT Food declara exactamente 127 menciones en medios de comunicación en cada uno de los ejercicios 2022, 2023 y 2024, frente a un objetivo anual de tres. También repite 15 emprendedores potenciales contactados durante los tres años y 114 emprendedores vascos beneficiados por actividades de promoción en 2023 y 2024.
La coincidencia no demuestra que las cifras sean incorrectas, pero los documentos tampoco aclaran si corresponden a mediciones independientes de cada ejercicio o si se han reutilizado datos anteriores. La repercusión mediática merece especial atención porque la comunicación y la publicidad ocupan un espacio destacado en las memorias justificativas. Y Gananzia puede acreditar que EIT Food intentó contratar durante varios años contenidos remunerados para promocionar sus programas de emprendimiento en medios vascos.
En 2022 y 2023, la agencia de publicidad Aracnofobia contactó con Gananzia en representación de EIT Food para solicitar información sobre las tarifas del periódico. La propuesta contemplaba publicar contenidos sobre Seedbed que animasen a los investigadores y emprendedores a inscribirse, así como utilizar las redes sociales del medio y contratar espacios publicitarios.
En 2024 se produjo un nuevo contacto, esta vez con una propuesta más concreta. La agencia solicitó tarifas para una pieza de contenido patrocinado redactada por Gananzia que incluyese una entrevista con el responsable de Seedbed y ejemplos de startups españolas presentadas como casos de éxito.
La finalidad, según el correo recibido, era desarrollar una campaña específica para difundir el programa en el País Vasco y destacar el impulso que se le quería dar en el territorio. La agencia ofrecía facilitar materiales audiovisuales, mientras que la redacción del contenido correspondería al propio periódico.
Gananzia rechazó estas propuestas de publicación remunerada. Los correos acreditan que EIT Food promovía campañas publicitarias dirigidas a obtener presencia en medios vascos, aunque no permiten saber si otros medios aceptaron encargos similares ni si alguna de las 127 menciones anuales contabilizadas en sus memorias correspondía a publicaciones pagadas.
La distinción es importante. La contratación de publicidad o contenidos patrocinados constituye una actividad comercial legítima, siempre que se identifiquen como tales. Sin embargo, la presencia conseguida mediante campañas remuneradas no equivale a la repercusión periodística espontánea de una iniciativa, por lo que ambos conceptos deberían diferenciarse al evaluar sus resultados de comunicación.
Más allá de la promoción, las memorias también recogen colaboraciones empresariales y tecnológicas concretas. EIT Food describe contactos de startups con organizaciones como Eroski, Mondragón, Neiker y John Deere, así como proyectos relacionados con la ganadería y la agricultura regenerativa.
Entre ellos figura Larresne, una iniciativa para desarrollar y validar herramientas digitales de seguimiento del pastoreo con la participación de entidades vinculadas al sector primario vasco. Son actuaciones que permiten constatar actividad y colaboración tecnológica, aunque la documentación no cuantifica el negocio o el empleo que hayan podido generar.
Uno de los programas más directamente orientados a producir resultados económicos en Euskadi es Bilbao Campus Experience, puesto en marcha en 2024 para atraer startups extranjeras a Bizkaia. La primera edición reunió a doce empresas de nueve países durante tres semanas, con actividades de formación, mentoría y contactos con potenciales clientes e inversores. La memoria de ese ejercicio destaca la satisfacción de los participantes y su intención de establecerse en Euskadi, aunque no ofrece una evaluación económica de las implantaciones posteriores.
Gananzia ha podido comprobar que varias participantes acabaron constituyendo sociedades en Bizkaia, entre ellas las vinculadas a Atfield, Bluana, Nanobubbles, PreservaShield (o PreservaCoat) y Genky. Algunas se registraron con capitales sociales de apenas 100 euros y otras con 3.000 euros, utilizando domicilios vinculados a espacios públicos de apoyo al emprendimiento.
La constitución de esas sociedades es un resultado verificable de la estrategia de atracción empresarial. Pero registrar una compañía no significa necesariamente que se haya realizado una inversión productiva relevante o creado empleo en el territorio. Genky, por ejemplo, ha explicado que se instaló en BIC Bizkaia Ezkerraldea en julio de 2025 y que contaba con cuatro trabajadores distribuidos entre España, Japón y Argentina.
En otros casos, la información pública disponible es insuficiente para determinar el grado de actividad real. PreservaShield también muestra presencia efectiva en Barakaldo, aunque públicamente solo se identifica un trabajador y su supuesta web está inactiva.
La segunda edición ofrece por ahora resultados más modestos. En noviembre de 2025 participaron diez startups de nueve países: MiFood, Veles Sense, Happeaz, Food4You, Foodscales, Apiculture 4.0 (Colmenio), Freyia Labs, MycoVibes, Enthela y Tetis Biotech. De ellas, Gananzia solo ha localizado hasta ahora una sociedad constituida en Bizkaia, Colmenio Tech, vinculada a la antigua BeeSage o Apiculture 4.0. EIT Food señala que la turca Tetis Biotech se encuentra «en proceso» de implantación, pero por ahora únicamente consta su sociedad en Turquía.
El programa contempla incentivos económicos para facilitar estos asentamientos. En su convocatoria de 2026 ofrece hasta 3.000 euros para gastos de viaje y alojamiento y la posibilidad de acceder a financiación de hasta 25.000 euros mediante un instrumento SAFE, condicionado a la creación de una empresa en Euskadi. Este último mecanismo permite convertir la financiación en participación accionarial en determinadas condiciones y no debe confundirse con una subvención directa.
Las memorias incluyen también propuestas de apoyo económico para facilitar la implantación de startups, entre ellas una inversión inicial de 50.000 euros condicionada a la creación de una compañía en Euskadi en determinados proyectos relacionados con Test Farms y Neiker. La documentación acredita la existencia de la propuesta, pero no que se haya ejecutado el desembolso.
La eficacia de los programas de emprendimiento adquiere especial relevancia a la vista de la evolución de algunas startups alimentarias vascas que han acabado cerrando. En Euskadi han cerrado recientemente Innomy, Isauki y Neorev. Las dos primeras trataban de desarrollar alimentos alternativos a la carne y el pescado y chocaron, como otras muchas compañías europeas del sector, con las dificultades para convertir una tecnología viable en laboratorio en un producto industrializable y comercialmente competitivo.
El fundador de Isauki relató a este medio que su experiencia con la aceleradora no respondió a las necesidades comerciales del proyecto: «Nosotros estuvimos en un programa de aceleración de EIT y nos dieron mucha teoría. Pero nadie nos ayudó a buscar clientes. Cuando por fin hablamos con Eroski nos dimos cuenta de que nuestro negocio no era viable. Teníamos que haber empezado por ahí».
EIT Food respeta esa valoración, pero precisa que Isauki participó en un programa de incubación temprana, orientado al desarrollo de la propuesta de valor, el modelo de negocio y la maduración del proyecto, «más que a actividades comerciales específicas o captación directa de clientes».
La organización añade que los resultados de una startup dependen de numerosos factores, entre ellos su grado de desarrollo, el mercado y las decisiones de sus promotores. El fracaso de una empresa participante no demuestra por sí solo la ineficacia del programa, del mismo modo que la supervivencia de otra tampoco permite atribuir automáticamente su éxito a la ayuda recibida.
EIT Food sostiene que Bilbao se ha convertido en uno de los principales puntos de actividad emprendedora de su red y que atrae cada año a decenas de startups y emprendedores internacionales. Las memorias presentadas a la Diputación permiten comprobar que parte de esa actividad se desarrolla efectivamente en Euskadi y que algunas empresas extranjeras han constituido sociedades en Bizkaia.
Sin embargo, después de varios años de financiación institucional, sigue sin conocerse cuánto valor económico permanece en Euskadi una vez concluyen los programas. La Diputación dispone de memorias que documentan actuaciones, participantes y resultados de comunicación. Pero los documentos examinados no permiten determinar cuántos empleos se han creado gracias a las ayudas, cuánta inversión privada adicional se ha materializado o qué volumen de negocio han generado las empresas apoyadas.
La diferencia es fundamental: justificar que una actividad se ha celebrado y que ha alcanzado determinados indicadores de participación no equivale a demostrar que el dinero público destinado a financiarla haya producido un retorno económico proporcional.
