Multiverse reconoce que debe crecer muy rápido para evitar que se la coma otra empresa

Román Orús, cofundador de Multiverse Computing, ha reconocido que la compañía donostiarra necesita mantener un crecimiento acelerado para evitar que otras empresas se adelanten en el mercado de la inteligencia artificial. Esta carrera tecnológica explica que la firma cierre prácticamente una ronda de financiación cada año, una estrategia que también responde a las expectativas de sus inversores, para quienes una eventual salida a Bolsa constituye una de las posibles vías de recuperación de su inversión.

En una entrevista concedida a Radio Euskadi, Orús ha admitido que cotizar en los mercados sería «uno de los finales naturales» de Multiverse, aunque no ha concretado ningún calendario. No se trata de una posibilidad nueva, puesto que la compañía ya la había planteado anteriormente. Su valoración, según las últimas referencias difundidas, ronda los 2.000 millones de dólares, aunque esta cifra no debe confundirse con el dinero efectivamente captado en sus sucesivas rondas.

Orús también ha ratificado que la sede central permanecerá en San Sebastián, pese a la expansión internacional de la empresa. «De aquí no nos movemos. No sé cuántos papeles hemos tenido que firmar (con las instituciones) para decir que no nos podemos mover de Donostia», ha asegurado. Su socio Enrique Lizaso ya había defendido públicamente en septiembre la continuidad de la sede donostiarra.

La trayectoria de Multiverse resulta especialmente singular porque su principal actividad comercial actual no coincide exactamente con el proyecto que dio origen a la empresa hace siete años. Fundada para desarrollar aplicaciones de computación cuántica, la compañía descubrió posteriormente que las herramientas matemáticas utilizadas en ese ámbito también permitían reducir considerablemente el tamaño y las necesidades de procesamiento de los modelos convencionales de inteligencia artificial.

Esta evolución, que ahora se conoce como «pivotar«, ha llevado a Multiverse a especializarse en la compresión de modelos de IA, una tecnología que comercializa a través de CompactifAI y que pretende facilitar su utilización con menores costes de computación y consumo energético. Orús ha comparado el procedimiento con la compresión de un archivo PDF y ha recordado que alguien llegó a definir su tecnología como una especie de «Ozempic para la inteligencia artificial».

El cofundador ha destacado que la reducción del tamaño de los modelos permite trasladar determinadas aplicaciones desde los grandes centros de datos hasta dispositivos como teléfonos móviles o relojes. No obstante, el grado de compresión, el ahorro energético y la pérdida de precisión dependen de cada modelo y de las condiciones de utilización.

La compañía trabaja con fabricantes de equipos informáticos interesados en incorporar su software de compresión. Entre ellos figura HP, aunque Orús ha señalado que no es el único proveedor de hardware con el que mantienen relaciones. Esta actividad abre a Multiverse un mercado diferente del de sus proyectos originales de computación cuántica.

La empresa tampoco ha abandonado este último ámbito. Orús ha explicado que utilizará el ordenador cuántico IBM Quantum System Two instalado en San Sebastián para probar programas destinados a aplicaciones industriales, entre ellas la fabricación avanzada y la logística, además de desarrollar investigaciones propias.

La coexistencia de ambas actividades muestra cómo Multiverse ha adaptado su negocio a las oportunidades comerciales que han ido apareciendo. El propio Orús ha reconocido que parte del crecimiento de la empresa se explica precisamente por no haberse quedado estancada en su planteamiento inicial.

En cuanto al futuro de la inteligencia artificial, el científico, que forma parte del Panel Científico Internacional de la ONU sobre esta tecnología, ha anticipado una rápida expansión de la robótica, incluidos los robots domésticos. También considera que la transformación del mercado laboral será mucho más veloz que la experimentada durante anteriores revoluciones industriales.

Sin embargo, no prevé necesariamente una destrucción neta de empleo. A su juicio, algunas profesiones desaparecerán o se transformarán, mientras surgirán otras que actualmente ni siquiera se contemplan. Se trata, en cualquier caso, de una previsión y no de una consecuencia demostrada.

Orús ha advertido asimismo de los riesgos asociados a la ciberseguridad, los contenidos falsificados mediante inteligencia artificial y la competencia geoestratégica entre Estados Unidos y China. «Yo no creo que se vaya a acabar el mundo, ni mucho menos, pero sí que creo que hay que tener respeto a lo que está sucediendo», ha señalado.

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