¿Qué hace un artista querellándose contra varios militantes del PNV en relación a la compra de una empresa guipuzcoana que fabrica vajillas? Podría ser un episodio más del enfado del donostiarra Andrés Nagel con las instituciones (también tiene un conflicto con el Ayuntamiento de Amorebieta), pero el juzgado ha visto indicios de delito y ha admitido la demanda.

Esto es en síntesis lo que alega Nagel:
- Que durante tres años Porcelanas Bidasoa le plagió tres diseños de vajillas sin consentimiento alguno. Entonces él decidió demandar a la empresa y, durante la investigación de su caso, se topó con lo que el califica como posible “red de influencias” o “Filesa vasca”.
- Que quienes compraron Porcelanas Bidasoa cuando estaba en crisis, el peneuvista Baltasar Marín, ex director general de la Ertzaintza y de EITB, y Manuel Fraga (nada que ver con el presidente del PP) a través de la sociedad Kaminker, eran en realidad una especie de testaferros que lo hacían para reflotarla y obtener así dinero (vía subvenciones y recalificaciones de terrenos) para financiar a partidos políticos (no especifica cuáles).

Las acusaciones de Nagel son muy duras y, de ser ciertas, resultarían difíciles de probar. Es cierto que con el reflotamiento de empresas ha habido muchos tejemanejes, pero la mayor parte de las veces se ha tratado de fórmulas empleadas para tratar de salvar a la compañía y especialmente a sus empleados. Es decir, que había buena voluntad, aunque se utilizaran triquiñuelas jurídicas. Recuerdo ahora los casos de Cilindros Bolueta (Sidenor) y de Alfa.

Porcelanas Bidasoa pasó una mala época en los ochenta que se saldó con despidos e incluso con una bomba en el coche de uno de los máximos responsables de la compañía. El Banco Urquijo, principal soporte financiero de la empresa, terminó saliendo de su capital. Con inyecciones de dinero para incorporar tecnología y marketing, se consiguió reorientar la producción y fabricar con menores costes y mayor calidad.

Pero los problemas no acabaron ahí. Porcelanas Bidasoa siguió acumulando deudas y entró en suspensión de pagos en 2003. Es entonces la Hacienda de Gipuzkoa la que fuerza un cambio en el accionariado para tratar de sacar adelante la empresa. Y es cierto que tras esta venta, la compañía consiguió que se recalificaran sus terrenos en Irún y, con el dinero que obtuvo por la mudanza, podía en teoría financiar una nueva fábrica y eliminar sus principales deudas. Sin embargo, el desplome de los precios inmobiliarios también ha pasado factura.

Lo curioso es que fueron los anteriores dueños los que encargaron los diseños de tres vajillas a Nagel, a los que acusó de haberlos utilizado sin pagarle. El juzgado le dio la razón parcialmente sólo para uno de los diseños, ya que entendió que los otros no eran suficientemente originales. Como parece que los compradores de Porcelanas Bidasoa tampoco le hicieron mucho caso, también se ha querellado contra ellos. Así que también hay razones para pensar que puede tratarse de una simple pataleta.

(Actualización 11.12.09) Ya es definitivo el cierre de Porcelanas Bidasoa. La empresa nació en 1934 de la mano de Salvador Echeandia, José María Berasategui y los hermanos Pablo y Gabino Ochoteco. Estos últimos eran propietarios de un almacén al por mayor de loza y porcelana. En un principio, sólo fabricaba tazas y platillos de hotel, pero a partir de 1948 empieza a producir vajillas y piezas de arte en porcelana con los que podía competir con las principales compañías del mundo. Para entonces la empresa ya estaba en manos de Lepsa (Luso Española de Porcelanas), un holding controlado por los bancos Urquijo e Hispano Americano e industriales del sector. En los setenta llegó a tener 500 empleados.

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