Zasca del consejero Pérez al rector de la EHU: por qué boicotear a Israel y no a EE.UU.

El consejero de Ciencia, Universidades e Innovación del Gobierno vasco, Juan Ignacio Pérez Iglesias, ha cuestionado la coherencia de la decisión de la EHU de romper su colaboración con CAF por sus negocios en Israel. El también exrector de la universidad pública vasca ha planteado una pregunta incómoda a su actual responsable, Joxerramon Bengoetxea: ¿por qué se penalizan las relaciones con Israel mientras se mantienen acuerdos académicos con Estados Unidos, cuyo apoyo resulta fundamental para la actuación israelí en Palestina?


Las declaraciones de Pérez Iglesias, realizadas este jueves en el Parlamento vasco y difundidas por el propio Gobierno vasco, suponen una crítica directa a los criterios éticos aplicados por el rectorado. El consejero considera que la decisión de no renovar el convenio con CAF abre «un camino muy peligroso» por las contradicciones que puede generar.

«¿Por qué Israel y no Rusia? ¿Por qué no Estados Unidos? Sin el concurso de Estados Unidos, lo que hace Israel sería imposible», ha manifestado Pérez Iglesias, que ha recordado la reciente creación de un campus transoceánico entre la EHU y centros universitarios estadounidenses, en referencia al acuerdo firmado en 2025 por el propio Joxerramon Bengoetxea con la Boise State University.. «¿Tenemos que suprimir las relaciones académicas también con Estados Unidos?», ha preguntado.

La referencia tiene especial relevancia porque la EHU está impulsando su expansión internacional mediante acuerdos académicos en Boise, capital de Idaho, uno de los estados estadounidenses de mayor tradición republicana. El contraste señalado por el consejero se produce entre la decisión de excluir a una empresa vasca por su actividad en Israel y la voluntad de mantener relaciones universitarias con instituciones de Estados Unidos, principal aliado internacional del Gobierno israelí.

Pérez Iglesias ha extendido su razonamiento al tejido empresarial vasco. Según ha asegurado, son cientos las compañías de Euskadi que mantienen relaciones comerciales con Israel, algunas de ellas vinculadas incluso al sector militar. Por eso ha preguntado por qué se actúa específicamente contra CAF y no contra otras empresas que también operan en ese mercado.

El consejero ha añadido un argumento jurídico: no existe ninguna resolución que prohíba a CAF mantener relaciones comerciales con Israel. No obstante, la ausencia de una prohibición legal no impide por sí misma que una universidad establezca criterios éticos adicionales para seleccionar a sus colaboradores.

La controversia surgió después de que la EHU anunciara que no renovará el convenio de colaboración con CAF, que expira el próximo 31 de diciembre tras cinco años de vigencia. La decisión supondrá el cierre del aula CAF de la Escuela de Ingeniería de Bilbao, creada en 2022 para desarrollar proyectos de investigación e innovación relacionados con el transporte ferroviario.

La universidad justifica su posición en su código ético y en su rechazo a colaborar con actividades vinculadas a la actuación de Israel en los territorios palestinos. CAF participa en el proyecto del tranvía de Jerusalén, cuya expansión por territorios ocupados ha provocado críticas y campañas internacionales contra la empresa guipuzcoana.

Bengoetxea ha defendido que los valores de la universidad deben prevalecer sobre sus intereses económicos y académicos. También ha explicado que el rectorado llevaba aproximadamente año y medio intentando reunirse con CAF para abordar esta cuestión sin obtener respuesta.

La ruptura tiene, además, una dimensión empresarial. El Gobierno vasco posee aproximadamente el 3% del capital de CAF, por lo que la controversia afecta a una compañía en la que participa directamente el Ejecutivo. Pérez Iglesias ha revelado también que CAF había abandonado el patronato de Euskampus debido a su incomodidad con la posición de la universidad.

El consejero ha reconocido la autonomía de la EHU para adoptar esta decisión y ha evitado presentarla como un conflicto institucional. Sin embargo, ha considerado conveniente que el rectorado reconsidere su postura y ha anunciado que trasladará personalmente su preocupación a Bengoetxea.

El nuevo desencuentro se suma a las discrepancias que ambos han mantenido durante los últimos meses sobre la financiación universitaria y otras decisiones del rectorado. Pese a ello, Pérez Iglesias asegura que mantiene una relación «magnífica» con los responsables de la universidad pública vasca.

La cuestión de fondo que plantea el consejero va más allá del contrato ferroviario de CAF: hasta dónde deben extenderse los vetos éticos de una universidad y qué criterios permiten aplicarlos de manera coherente a unas empresas y países, pero no a otros. La EHU sostiene que su decisión responde a unos compromisos específicos respecto a Palestina, mientras que Pérez Iglesias advierte de las consecuencias de extender esos criterios a todas sus relaciones académicas y empresariales.

¿Y qué decir de la empresa? Como no puede ser de otra manera, por prudencia, las compañías privadas tienen que quedarse calladitas ante este tipo de acciones políticas. Pero seguro que más de uno ha pensado que hay una respuesta bien efectiva: no contratar en CAF a partir de ahora a nadie que se haya graduado por la EHU. Si nos ponemos a boicotear…

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