Salto Systems: el unicornio vasco que los fondos «de arraigo» no están viendo (o no están queriendo ver)
En el debate recurrente sobre cómo preservar el arraigo empresarial en Euskadi pocas veces aparece un caso tan claro —y a la vez tan incómodo— como el del unicornio Salto Systems. Porque, mientras se multiplican los discursos sobre la necesidad de proteger compañías estratégicas, una de las más evidentes candidatas está hoy en el radar… pero de inversores internacionales.
Fundada en 2000 en Gipuzkoa, Salto Systems nació con una ambición muy concreta: desarrollar sistemas de control de accesos inteligentes, inalámbricos y conectados. Desde entonces, ha evolucionado hasta convertirse en una referencia internacional en cerraduras electrónicas y soluciones digitales de acceso, con presencia en decenas de países y millones de puntos de acceso instalados.
Estamos, por tanto, ante una empresa que reúne todos los atributos que el capital institucional suele buscar:
- Liderazgo global en un nicho tecnológico (control de accesos digitales)
- Alta intensidad en I+D (centenares de ingenieros)
- Modelo escalable e internacional
- Crecimiento sostenido y rentable
- Origen y arraigo vasco. Nació con el dinero de los fundadores de Tesa y con sus ingenieros
Es decir, exactamente el tipo de activo que suele aparecer en los manuales como “estratégico”. El contexto actual lo hace aún más relevante. Una parte significativa del accionariado —fondos que entraron en 2020— está explorando su salida tras el fuerte crecimiento de la compañía.
Esto ha abierto un proceso competitivo para dar entrada a nuevos inversores financieros. Y ahí es donde emerge la paradoja. Entre los interesados figuran nombres como: Corporación Financiera Alba, EQT, KKR, CVC Capital Partners o los herederos de los fundadores de Aldi (familia Albrecht). Todos ellos actores globales del capital privado, con amplia experiencia en operaciones de gran tamaño y en la toma de participaciones en compañías líderes.
La valoración de la compañía supera ya los 1.000 millones de euros, sin deuda, y con capacidad incluso para estructurar operaciones de apalancamiento si fuera necesario. Es, en definitiva, un activo “prime”. Y sin embargo, ningún fondo vasco consta que esté tratando de posicionarse en la operación. Ni en solitario ni en consorcio. Ni siquiera como socio minoritario.
Y esto resulta difícil de explicar si se tiene en cuenta que:
- Euskadi cuenta con un ecosistema financiero sofisticado
- Existen vehículos público-privados con vocación de arraigo
- El discurso institucional insiste en la necesidad de “proteger empresas tractoras”
Sin embargo, cuando aparece una oportunidad real —no teórica— de entrar en el capital de una empresa tecnológica global, el protagonismo vuelve a desplazarse fuera. La explicación más habitual apunta a la escala: operaciones de este tamaño requieren tickets elevados, estructuras complejas y capacidad de competir en procesos internacionales muy exigentes.
Pero reducirlo solo a eso puede ser una simplificación interesada. Porque el capital privado, por definición, también es una cuestión de prioridades estratégicas. Y aquí la pregunta incómoda es otra: ¿Está el capital vasco preparado —y dispuesto— a jugar en la liga de sus mejores empresas?
Salto Systems no es una startup incipiente ni una operación de riesgo. Es una compañía consolidada, rentable, tecnológica y global. Justo el tipo de activo que permitiría: capturar valor a largo plazo, mantener centros de decisión en el territorio, reforzar un ecosistema industrial avanzado y demostrar que el arraigo es algo más que un discurso.

Y qué habría qué hacer? Entrar como accionista minoriatio para simplemente tener un «espía» en el board que vigile si se toma alguna decisión anti arraigo?