Por qué creo que el emprendimiento social es un oxímoron

business of goodSe habla mucho en los últimos tiempos de emprendimiento social, en el sentido de crear empresas que impulsan un cambio social y cuyos beneficios no son solo económicos. El problema es que, en la mayor parte de las startups, es precisamente esto lo que sucede: sus emprendedores quieren cambiar el mundo (a mejor) y reparten los resultados con sus trabajadores. Creo que todo el emprendimiento es hoy en día social.


Luego están los que crean empresas para poder ganarse la vida con ellas, pero ¿no es eso tan social como otras actividades? Sobre todo si gracias a ello crean empleo, algo tan fundamental hoy en día para la sociedad que se ha convertido en prioritario de muchas acciones de gobierno.

¿Es Mark Zuckergerg un emprendedor social? Al margen de que su actividad se desarrolle en las redes sociales, de lo que no cabe ninguna duda es de que su intención no era forrarse sino crear un proyecto con impacto mundial. ¡Y vaya si lo ha conseguido! ¿Sería más social si buscara paliar el hambre en el mundo? Lo cierto es que, en cierta medida, Facebook tiene algo de eso y, de hecho, trabaja para lograr conectividad universal.

Creo que todo el emprendimiento es hoy en día social. Beneficia a la sociedad directamente, a través de la creación de empleo, e indirectamente, porque casi todas las startups buscan cubrir nuevos nichos de mercado basados en la supresión de monopolios o en la optimización de ámbitos poco digitalizados.

La calificación de empresa social es, a mi juicio, una mera etiqueta marketiniana. Más o menos como la falacia esa de la responsabilidad social corporativa, a la que se apuntan muchas grandes compañías que basan su negocio en corromper a políticos para que legislen a su favor o en ahorrar impuestos operando desde paraísos fiscales. Seguro que tienes unos cuantos nombres en la cabeza.

El secreto está, una vez más, en los millenials, que aplauden la autenticidad y que ya no tienen el dinero como objetivo único de sus vidas. Ante la insuficiente acción gubernamental, cada vez hay más emprendedores que se marcan entre sus metas que sus empresas sean rentables, evidentemente, pero también poner su granito de arena para mejorar el mundo.

Ahí está Internet.org (Facebook), pero también Toms (el que compra sus zapatos hace una donación para una acción social), Warby Parker (lo mismo pero con gafas) o d.light (energía solar para países subdesarrollados), proyectos señalados por Jason Haber como paradigmas de ese nuevo emprendimiento.

En nuestro ámbito más cercano podríamos poner nombres como Goiener, una cooperativa de energías renovables. Haber ha escrito un libro entero para defender esta misma tesis: que los millenials no tienen el dinero como principal objetivo de sus vidas y que valoran mucho los beneficios «para la sociedad» que aporta la empresa en la que van a trabajar, o la que van a crear.

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