No emprendas en Bizkaia
Si eres emprendedor y estás pensando en poner en marcha un proyecto innovador en Bizkaia, quizá la recomendación más honesta sea esta: no lo hagas. Al menos, no si tu empresa pertenece a eso que solemos llamar “la nueva economía”. Si puedes elegir, mira hacia Gipuzkoa o hacia otros territorios donde el emprendimiento no sea solo un eslogan, sino una prioridad real respaldada con recursos, estrategia y convicción.
Bizkaia presume de apoyo al emprendimiento, pero cuando uno rasca en los números, el discurso se desmorona. El mejor ejemplo es BBK, la gran fundación vizcaína, teóricamente uno de los principales motores financieros del territorio. Su cartera de inversión dibuja con bastante fidelidad dónde está su corazón —y desde luego no está en las startups.
A BBK le gustan las empresas de la vieja economía. Le gustan mucho. Tiene 389 millones de euros invertidos en deuda pública y privada. Otros 200 millones descansan tranquilamente en ETF norteamericanas, ni siquiera en fondos de Kutxabank, no vaya a ser que las comisiones resten rentabilidad como les ocurre a sus clientes.
A eso se suman 43 millones en acciones de Gestamp (componentes de coches), 36 millones en CAF, 34 millones en Aparca10 (aparcamientos, por supuesto), 31 millones en Vidrala (botellas de vidrio), 28 millones en Iberdrola, 15 en Red Eléctrica y 13 en Arteche. Un portfolio sólido, conservador y perfectamente respetable… si no fuera porque estamos hablando de una institución que dice apostar por el futuro económico de Bizkaia.
¿Y las startups? Para ellas, en 2024, apenas ha quedado algo de calderilla: 175.000 euros repartidos en pequeñas aportaciones a Oreka, Isauki, Basq Sneakers, Ikerkude (Auziker), Bromalgae, Fisify, Lur, Profesiolan y Mundo Pua. Cantidades casi simbólicas, más cercanas al gesto que a una apuesta estratégica. Con eso no se construye un ecosistema; con eso, como mucho, se adornan las cuentas anuales.
No es un caso aislado. La gran apuesta de la Diputación Foral de Bizkaia por el emprendimiento es, conviene recordarlo, una torre, el BAT. Es decir, oficinas. Ladrillo, metros cuadrados y alquileres. Una visión muy propia de un territorio que parece seguir pensando que innovar consiste en inaugurar edificios, no en asumir riesgos, acompañar proyectos y entender que el retorno del emprendimiento no siempre es inmediato ni garantizado.
El contraste con Gipuzkoa es tan evidente que resulta incómodo. La Kutxa guipuzcoana ha decidido —al menos en sus planes y en buena parte de la realidad— orientar sus inversiones hacia startups, especialmente en ámbitos estratégicos como las biociencias o la computación cuántica. Y lo ha hecho con nombres y apellidos, y con importes que ya no son simbólicos.
Kutxa estaba presente hace un año en el capital de Vivebiotech (1,3 millones), Aingura, Polimerbio, Irisbond (1,5 millones), Oncomatryx (2,7 millones), Multiverse (1,5 millones), Graphene Synthetic Feedstock (GSF Upcycling) o Cimico (1,1 millones). Sí, también tiene 24 millones invertidos en CAF, 37 millones en Inzu (habrán aumentado en 2025 con la integración completa del grupo) y 22 en Macarbox, porque nadie renuncia del todo a la industria tradicional. Pero la diferencia es clara: hay una intención explícita y contundente de apostar por startups como palanca de futuro.
En Bizkaia, en cambio, el mensaje implícito para el emprendedor es otro: “si creces, bien; si no, ya te apañarás”. Y eso en un contexto en el que los recursos son escasos y donde BBK, Kutxabank y el propio Gobierno Vasco parecen concentrar sus esfuerzos casi exclusivamente en el arraigo de grandes empresas. Compañías que vienen muy bien para dar titulares, fotos institucionales y discursos solemnes sobre competitividad.
Mientras tanto, el tejido real de Euskadi —ese entramado de empresas medianas y pequeñas que sostienen el empleo y la innovación silenciosa— queda en un segundo plano. Y luego nos sorprendemos cuando se van. Hace apenas cuatro años se marchó la ingeniería Sisteplant. Lookiero, uno de los pocos casos de startup digital con proyección internacional nacida en Bizkaia, se está expandiendo… en Burgos. No es casualidad, es consecuencia.
Por eso, si eres emprendedor y tienes margen para decidir, la recomendación es clara: no emprendas en Bizkaia esperando apoyo estructural, financiación paciente o una visión a largo plazo. Busca territorios donde el riesgo no sea una palabra maldita y donde las instituciones entiendan que el futuro no se construye solo protegiendo lo grande y lo conocido, sino apostando de verdad por lo pequeño, lo nuevo y lo incierto.
Bizkaia aún está a tiempo de cambiar. Pero, hoy por hoy, emprender aquí es hacerlo cuesta arriba y casi en solitario. Y un ecosistema que empuja a sus emprendedores a mirar fuera es un ecosistema que, tarde o temprano, acaba perdiendo mucho más que dinero.

Nota: Consta que BBK invirtió en su momento en las siguientes startups pero no incluye estas inversiones en sus cuentas anuales, probablemente porque están completamente dotadas (dadas por perdidas): Oncomatryx, Fractalmed (consta quebrada) y BeGas Motor.
