Mis conclusiones sobre el «caso Davalor»

Me he tragado las más de 20 horas de comparecencias en la comisión de investigación del «caso Davalor» en el Parlamento de Navarra, lo que ahora me permite tener una visión bastante amplia de lo ocurrido. Sin valorar el producto ofrecido por esta empresa, creo que las ayudas públicas sobraban. Veamos:

Primero un breve contexto:
Davalor es una empresa que diseñó y trató de comercializar un sofisticado y costosísimo aparato de diagnóstico oftalmológico. El emprendedor, Juan José Marcos, consiguió inicialmente dinero vía crowdfunding con el fin de desarrollar la máquina con su software y empezar a probarlo.

El proyecto se retrasó sustancialmente y, por si fuera poco, las primeras experiencias comerciales fueron un desastre. Marcos trató entonces de recaudar más dinero y visitó a varios fondos de inversión, dos de los cuales, Alta Life Sciences y el público Sodena, estuvieron estudiando seriamente invertir. Pero finalmente no lo hicieron.

Cambia entonces el gobierno en Navarra y lo que era un no se convirtió en un sí. Sodena, un fondo público, concedió entonces sendos préstamos participativos por un importe total de dos millones de euros, que no permitieron salvar a Davalor y fueron utilizados fundamentalmente para pagar deudas. Hoy la empresa está en fase de liquidación.

Y estas son mis conclusiones sobre este caso:

  • La «disrupción tecnológica» se ha convertido en una excusa para que la Administración pague todo tipo de fiestas. Hay que tener mucho cuidado, porque no todo vale, por muy prometedor que nos parezca. Davalor era disruptivo, pero ha quedado claro que a ningún fondo privado le parecía tan atractivo como para poner ahí su dinero. En este sentido, he echado de menos una pregunta en todas las comparecencias: «¿Habría invertido Vd. su propio dinero en el proyecto?».
  • Dudo muchísimo que los responsables del Gobierno de Navarra tuvieran segundas intenciones a la hora de apoyar a Marcos. Les vendió el proyecto, con cierta complicidad de los centros tecnológicos, y decidieron apoyarlo. Simplemente, se han equivocado. A mi juicio, ha quedado más claro que el agua, una vez más, que los políticos deben alejarse lo más posible de decisiones empresariales.
  • Manu Ayerdi, máximo responsable de esta errónea decisión, ha quedado «tocado», si bien es cierto que en su comparecencia mostró integridad y dominio de la materia. Su error fue precisamente involucrarse personalmente en este caso, hasta el punto de moverlo en apenas dos semanas.
  • Peor me ha parecido la intervención de la directora del área en el Gobierno, Yolanda Blanco. Su interpretación, absolutamente equivocada, es que había que ayudar a esta empresa a toda costa. Una frase delata su incapacidad: «Yo cuando vi este proyecto lo tenía clarísimo». Me permito afirmar rotundamente que las personas que decidieron dar un préstamo a Davalor no estaban capacitadas para tomar una decisión de ese tipo. Blanco demostró saber de inversiones de capital riesgo tanto como yo de badmington. Podría ver un partido, pero no tengo capacidad para seleccionar a un buen jugador. Los técnicos no políticos de Sodena, que en su momento desaconsejaron dar dinero a Davalor si no captaba 11 millones de euros de fondos, tenían razón.
  • En este caso no ha ganado dinero nadie. Ni siquiera los centros tecnológicos (Tekniker, Vicomtech y la UPC catalana) y el intermediario, que mantienen grandes deudas que seguramente nunca recuperarán. En concreto, el intermediario, Javier Baztarrika, facturó a Davalor 190.000 euros por realizar gestiones para obtener ayudas públicas. Pero le deben 144.000 y casi todo lo demás (43.000 euros) lo invirtió en comprar acciones de la compañía. «Es habitual que el promotor te venda su proyecto», reconoció en su comparecencia. Este vídeo recoge su intervención:
  • Esa capacidad de venta de sus ideas de Marcos es lo que más me cautiva. Consiguió captar dinero de muchos inversores particulares, como si de un vendedor de crecepelos se tratara. Sospecho que su discurso «técnico» estaba muy trabajado y que adulteró el valor de las patentes. También pudo aguantar muchos meses (incluso años) con múltiples deudas hacia proveedores que él compara con financiadores. Durante su comparecencia, el parlamentario socialista Guzmán Garmendia le apretó con habilidad y al menos en dos ocasiones le llevó a deslizar falsedades. Por no hablar de esa gran mentira que es la valoración de Davalor, que situaba en 310 millones de euros cuando ya estaba quebrada.
  • Pero también ha quedado claro que Marcos es un tipo muy complicado y peligroso. No todos los proveedores le apoyaban y uno de ellos, ahora quebrado, le demandó por impago. También se ha sabido que despidió a la optometrista, una parte fundamental del diseño del producto, al poco de comenzar con la empresa. Y lo peor es que, durante su comparecencia, se mostró muy irascible y extremadamente soberbio por momentos. Aunque parezca mentira, esta frase de auténtico «iluminado» es suya: «Ningún inversor en este mundo invertiría sin mí (…) Yo creo que es inviable el proyecto sin mí». Véase también en este sentido lo que ocurre cuando le preguntan por su perfil de Linkedin:
  • Ya hemos hablado de su sueldo de 150.000 euros, que él matizó asegurando que ahora está en bancarrota porque realizó múltiples préstamos a la compañía. Trató de venderse más como una víctima, que ha estado trabajando varios años sin vacaciones, que como un emprendedor que no ha sabido dar con la tecla adecuada. No aclaró por qué había creado dos sociedades, una con las patentes (Davalor Salud) y otra con el aparato (Davalor Consultoría). Su capacidad de gestión ha quedado, en cualquier caso, en entredicho.
  • El inversor letón que quiere quedarse ahora con Davalor una vez quebrada y, por tanto, a precio de saldo, da más miedo que otra cosa. El responsable de Panorama Holding, Román Zeglov, se mostró en su comparecencia como lo que es: un abogado de un gran bufete que lo mismo hace un roto que un descosido. ¿Qué sentido tiene que una empresa que compra bienes inmuebles en Estonia se lance de repente a meter dinero en una startup tecnológica de Navarra que ya ha quebrado? Huele muy mal.
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