Llegan a Euskadi las primeras piezas del acelerador de protones que tratará el cáncer en Donostia

Las primeras piezas del acelerador de protones que Osakidetza instalará en el Hospital Donostia ya están en Euskadi. El puerto de Bilbao recibió este sábado los dos componentes principales del equipo financiado por la Fundación Amancio Ortega, cuya colocación comenzará el martes. La futura unidad, que prevé tratar a su primer paciente a comienzos de 2028, incorporará a la sanidad pública vasca una tecnología que en España hoy solo está disponible en dos centros privados de Madrid.

Según ha adelantado El Diario Vasco, han llegado al Puerto de Bilbao el ciclotrón y el gantry, que serán trasladados mediante transportes especiales hasta el edificio que se construye entre el Hospital Donostia y Onkologikoa. La operación de colocación se desarrollará en dos jornadas, el martes 10 y el jueves 12 de noviembre. El ciclotrón acelera los protones que se utilizarán en el tratamiento; el gantry es la estructura giratoria que permite dirigir el haz hacia el tumor desde diferentes ángulos.

España cuenta actualmente con solo dos aceleradores de protonterapia en funcionamiento, ambos de gestión privada, como confirmó en octubre el Consejo de Seguridad Nuclear. Pertenecen al Centro de Protonterapia Quirónsalud, situado en Pozuelo de Alarcón, y al Cancer Center Clínica Universidad de Navarra, cuya unidad también está en Madrid. El primero comenzó a tratar pacientes en diciembre de 2019 y el segundo en abril de 2020.

La principal ventaja de esta tecnología reside en cómo distribuye la radiación. La radioterapia convencional utiliza fotones, que depositan energía durante su recorrido por el cuerpo, también después de atravesar el tumor. Los protones permiten ajustar la profundidad a la que liberan la mayor parte de su energía y reducir mucho la dosis que continúa más allá de la lesión. Esa concentración, conocida como pico de Bragg, facilita proteger los órganos situados detrás del tumor.

El resultado es una menor irradiación de tejidos sanos, que puede traducirse en menos toxicidad y secuelas. La diferencia cobra especial importancia cuando se trata de un cerebro en desarrollo, de preservar estructuras relacionadas con el crecimiento o de evitar radiación innecesaria en pacientes con una larga esperanza de vida. También puede reducir el riesgo de segundos tumores asociados a la radiación, aunque no eliminarlo.

La mejora consiste sobre todo en tratar el tumor preservando mejor el tejido sano. No supone una superioridad automática frente a todas las alternativas para cualquier cáncer: el beneficio depende de la localización de la lesión, la edad del paciente, los tratamientos anteriores y la distribución de dosis que pueda conseguirse. Entre sus indicaciones figuran determinados tumores infantiles, lesiones de la base del cráneo, tumores oculares y algunos casos en los que es necesario volver a irradiar una zona ya tratada.

La incorporación a Osakidetza tiene una dimensión económica que va más allá de la donación. El Departamento de Salud cifra en 61,38 millones de euros la inversión pública en la unidad. Según la información difundida por el Gobierno Vasco en julio, el edificio tendrá 8.287 metros cuadrados distribuidos en cuatro niveles, con una sala de tratamiento y espacio reservado para una segunda instalación futura. Esa reserva permite ampliar la capacidad, aunque no implica que se haya aprobado adquirir una segunda máquina.

El suministro corresponde a la empresa belga IBA, Ion Beam Applications, que en diciembre de 2022 anunció un contrato con el Ministerio de Sanidad por 217 millones de euros, sin impuestos, para diez sistemas destinados a nueve emplazamientos españoles. La compañía precisó entonces que el mantenimiento plurianual no estaba incluido y se negociaría posteriormente. La Fundación Amancio Ortega comprometió 280 millones para el programa de adquisición.

La llegada de los componentes no implica una puesta en marcha inmediata. El calendario presentado por Osakidetza sitúa el final del conjunto de las obras en agosto de 2027. La instalación debe completarse con la calibración de los haces, las comprobaciones dosimétricas, las pruebas de seguridad y la preparación de los profesionales. El CSN informó favorablemente en julio sobre la autorización de funcionamiento, pero condicionó el inicio de la operación a completar el montaje y superar la inspección preceptiva.

La unidad donostiarra formará parte de las primeras incorporaciones de esta tecnología a la red pública. El calendario aprobado por el Ministerio de Sanidad sitúa la entrada en servicio de Santiago de Compostela y Fuenlabrada en el primer trimestre de 2027, seguida de Donostia y del Hospital La Fe de Valencia en el primer trimestre de 2028. La previsión estatal es alcanzar once equipos públicos entre finales de 2028 y comienzos de 2029.

El acceso se organizará mediante un sistema común de priorización clínica y derivaciones entre comunidades, con un registro para seguir los tratamientos y evaluar los resultados. Durante las primeras fases se distribuirá la demanda para evitar la saturación de las unidades y podría ser necesario mantener derivaciones a los centros privados. La apertura de Donostia ampliará así una capacidad asistencial que hasta ahora permanece concentrada en Madrid.

Obras de la Unidad de Protonterapia, en julio de 2026. Foto: Irekia / Gobierno Vasco.

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