Las fundaciones de ricos que sostienen la economía y la beneficencia vascas

Al margen de las fundaciones ligadas a las cajas vascas, hay unas cuantas promovidas por grandes patrimonios, generalmente sin descendencia y con gran fervor reliogoso, desde hace más de un siglo. Poca gente sabe, por ejemplo, que una entidad de este tipo, Víctor Tapia, figura entre los principales accionistas de Iberdrola. Pero veamos los casos más significativos.

Víctor Tapia. Dolores Sainz, la viuda del fundador del jabón Chimbo dejó al morir en 1950 un total de 38,6 millones de pesetas, que serían 14 millones de euros a día de hoy, a una fundación con su nombre. La mayor parte estaban en forma de acciones de las actuales Iberdrola y BBVA, ya que Tapia había sido presidente del Banco de Vicaya, que también era uno de los principales dueños de la eléctrica. Este patrimonio, que se ha revalorizado sustancialmente, tiene como misión el apoyo a entidades que velan por los más necesitados de Bizkaia y su albacea es Ricardo Alvarez Isasi, ex director de la Escuela de Ingenieros de Bilbao y ex consejero de Iberdrola. Su importancia es tal que se convirtió en uno de los principales apoyos de José Ignacio Sánchez Galán en su batalla contra Florentino Pérez y logró mantener las posiciones de BBVA en Iberdrola hasta la llegada de Francisco González.

Vicente de Mendieta Lambarri. Este oriundo de Delika, un barrio de Amurrio, vivió en la más absoluta austeridad, lo que le permitió multiplicar las acciones de Hidroeléctrica Española que había heredado de su padre, que había sido un empleado de esta compañía, y de su tío, Faustino Mendieta Sojo, párroco de Amurrio. Hay que tener en cuenta que fueron empresarios de la zona, los Oriol y Urquijo, los que financiaron la constitución de la empresa por parte de Juan de Urrutia, un empresario de Amurrio. A su muerte, en 1968, tenía 26 millones de pesetas de entonces en acciones de Hidroeléctrica Española (actual Iberdrola) y Campsa (actual Repsol), que es el legado que dejó a la fundación que lleva su nombre y que administra también Ricardo Alvarez Isasi. Este patrimonio no puede venderse “bajo ningún concepto” y sus dividendos se utilizan para sufragar los gastos de varias instituciones benéficas vizcaínas y becas de estudios a jóvenes de Amurrio y a estudiantes de la Escuela de Ingenieros de Bilbao, además de 4 premios de 500.000 pesetas cada año.

José Arana Elorza. Este personaje oriundo de Eskoriatza tuvo la gran fortuna de ganar el gordo de la Lotería de Navidad a mediados del siglo XIX, dinero que invirtió en un negocio de ultramarinos en Madrid al que pronto añadió una sucursal en Donostia, un banco, un despacho de venta de billetes de espectáculos e incluso la gestión del Teatro Real y el frontón Beti Jai de Madrid y de la Plaza de Toros de San Sebastián. Es especialmente conocido por haber promovido la Semana Grande de San Sebastián, terminó acuñado por él mismo en 1876, cuando la Bella Easo se estaba convirtiendo en destino turístico de la jet set de la época. A su muerte en 1908 legó una importante cantidad de dinero a su pueblo natal a través de un patronato que lleva su nombre y que financió, entre otras cosas, un asilo para mayores sin medios.

Alfonso Libano. La fundación que lleva su nombre fue constituida en 1936 por los empresarios que habían creado la fábrica de Firestone en Basauri para dar cobertura benéfico-social y laboral a los trabajadores de la empresa. Alfonso Libano, también ligado a Norbega-Coca Cola, fue uno de los promotores de esta empresa y su máximo accionista. Tras la compra del 100% del capital de la planta por parte de la multinacional Bridgestone, la fundación tuvo que cambiar sus objetivos, que extendió a la promoción del sector industrial en Bizkaia.

Guillermo Barandiaran y Vitoria Gondra. Este matrimonio bilbaino acumulaba una impresionante librería y un patrimonio en acciones que, a su muerte en 2010, pasaron a formar parte, respectivamente, de la Biblioteca de la Universidad de Deusto y de una fundación que lleva sus dos apellidos, Gondra Barandiaran. La lectora era ella y el inversor él, que llegó a ser consejero del Banco de Bilbao, banco que había cofundado el abuelo de Victoria Gondra, y socio de las empresas Nitratos de Castilla, Postes Nervión, Elecnor, Deimos Space o Tubos Reunidos. La fundación dedica sus dividendos a la Residencia Conde Aresti, a la Cruz Roja y a Nuevo Futuro.

Rafaela de Ybarra. Esta beata era hija de uno de los fundadores del Banco de Bilbao y Altos Hornos de Vizcaya, Gabriel María de Ybarra, y estaba casada con el hombre de confianza de los Ybarra para todo el negocio del hierro y el acero, el catalán José de Vilallonga. En vida ya dedicó gran parte de su tiempo a obras sociales y especialmente al Instituto Religioso de los Angeles Custodios. A su muerte, dejó un legado que incluía su propia casa, el palacio La Cava, junto a la Universidad de Deusto.

Pedro de Icaza y Aguirre. Su fundación se llama “Vizcaína Aguirre” y se corresponde con el legado que le dejaron a su muerte en 1907 sus tíos Pedro y Domingo de Aguirre Basagoiti, oriundos de Berango pero que habían emigrado a México, donde llegaron a tener más tierras que la superficie de toda Bizkaia, además de fábricas de azúcar, tejidos, alcohol y electricidad. Un tercio de sus bienes, hasta un total de 7,2 millones de pesetas de la época, acabaron en manos de su sobrino Pedro de Icaza y Aguirre con el objetivo de que los invirtiera en obras de utilidad pública y beneficencia en Bizkaia. Su principal obra social fue la Universidad Comercial de Deusto, fundada en 1916 y gestionada desde el principio por los jesuitas, pero también creó y mantiene el hospital infantil San Juan de Dios de Santurtzi. Además, Icaza, junto con José Orbegozo Gorostegui y Valentín Gorbeña, actuaron como business angels del inventor Leonardo Torres Quevedo, financiándole proyectos como el transbordador sobre las cataratas del Niágara que todavía sigue activo.

José Matía Calvo. Este hombre de negocios, natural de Llodio pero residente durante muchos años en Pasaia, hizo dinero con el transporte marítimo en el siglo XIX, hasta el punto de llegar a disponer de una amplia flota de fragatas con base en Cádiz. Las malas lenguas dicen que hizo gran parte de su fortuna con la trata de esclavos y el comercio de opio. Sea como fuere, a su fallecimiento en 1871, soltero y sin hijos, legó gran parte de sus bienes para “recoger y hallar segura subsistencia durante los días de su vida y ser asistidos en sus enfermedades, a los ancianos o impedidos absolutamente para el trabajo”. En la práctica, con ese dinero se crearon dos asilos, uno en Cádiz y otro en San Sebastián. Este último es hoy un hospital geriátrico con 400 camas regido por una fundación que lleva su nombre.

Antonio Aranzabal. El hijo del fundador de Bombas Itur y Manufacturas Aranzabal había nacido en Zarautz en 1930 y dedicó gran parte de su vida a la expansión de estas empresas. En vida financió la construcción del colegio La Salle de Zarautz, creó una fundación para ayudar a viudas con el nombre de su padre y otra con su propio nombre para ayudar a emprendedores. Entre otras actividades, todos los años entrega un premio.

Enrique de Aresti Torres. El ex presidente de la Diputación de Bizkaia fue, una vez regresado de México, donde hizo fortuna, promotor de diversas empresas entre las que destacan Papelera del Cadagua, Resinera Española, Ferrocarril de la Robla y la promotora del barrio de Neguri, además de ser consejero del Banco de Bilbao. En 1903 creó la Fundación Vizcaína de la Caridad para prestar servicios sociales a personas mayores y dependientes. Su principal obra es la Residencia Conde de Aresti. Entre sus descendientes figuran la ex senadora Pilar Aresti o Javier Aresti, que figuraron entre los principales accionistas del BBVA.

Antonio Menchaca. Este ex militar y gerente entre otras cosas de la naviera familiar, dedicó una gran parte de su vida a la literatura y la prensa (fue consejero de El País y de El Mundo del País Vasco) y a actividades culturales, como la presidencia de la sociedad El Sitio o del Nuevo Ateneo de Bilbao. En 1974 creó una fundación en honor de su padre que tiene como misión la realización de actividades sociales. Su padre es también conocido por haber donado los terrenos sobre los que se construyó el Colegio Gaztelueta, perteneciente al Opus Dei, por haber entregado a Auxilio Social el balneario de Orduña, donde se atendía a niños pre-tuberculosos y por haber comprado una instalación de rayos X para el Sanatorio de Gorliz. Otra obra de caridad suya fueron las viviendas de Uretamendi, que alojaron a muchas personas que vivían en chabolas.

José Luis de Oriol Urigüen y Catalina de Urquijo. Este matrimonio de origen alavés había heredado el principal paquete de acciones de Hidroeléctrica Española (Hidrola, actual Iberdrola), empresa que además él presidió durante muchos años. Financió múltiples obras de caridad, negocios como Talgo o periódicos como El Pensamiento Alavés, de ideología carlista. La fundación universitaria que lleva sus apellidos se puso en marcha en Vitoria en 1952, con un millón de pesetas de entonces y 441.000 acciones de Hidrola, para conceder becas doctorales a alumnos de humanidades para promover “la mayor gloria de dios y el servicio de España”. Creó otra fundación para apoyar a niños del barrio madrileño del Plantío con 100.000 pesetas en acciones de Hidrola e Iberduero. Se ha escrito que el hecho de que Franco no nacionalizara ni Hidrola ni Iberduero está relacionado con su colaboración financiera y militar con el alzamiento del general.

Andresa Landa Axpe. Esta mujer de Otxandio tenía un importante patrimonio en acciones del Banco de Vizcaya, Iberduero, Altos Hornos de Vizcaya y Telefónica. A su muerte en 1963, se constituyó una fundación con su nombre que financió las escuelas de su pueblo además de contribuir a la asistencia de niños deficientes, preparar para el hogar a “jóvenes casaderas y recién casadas” y salvaguardar el patrimonio cultural e histórico artístico del municipio y su zona de influencia.

Filomena Trocóniz Santacoloma. Esta maestra de Portugalete acumuló, gracias a su vida sencilla y austera, un capital invertido en bolsa que, a su muerte en 1986, se pone a disposición de la las necesidades educativas de los jóvenes de su pueblo y de rehabilitación del casco antiguo. La fundación que lleva su nombre está regida por un patronato formado por el alcalde y el párroco de Portugalete, que deciden a qué fines de destinan los fondos cada año.

Fundación Uribarren Abaroa. El indiano José Ignacio Aguirrebengoa funda en el siglo XIX en Burdeos la banca Aguirrebengoa fils & Uribarren con su yerno, José Javier Uribarren, oriundo de Lekeitio. Además del ingente negocio financiero, las dos familias se asociaron a los Ybarra en la siderurgia y a los Rothschild y los Pereire en los ferrocarriles. La fundación creada a su muerte, que es todavía hoy propietaria de una residencia de ancianos, un centro de día y un jardín botánico, lleva el nombre de José Javier Uribarren y el de su sobrino Pascual Abaroa Uribarren, también lekeitiano y heredero del imperio familiar. Además de lujosas mansiones, en una de las cuales llegaron a pasar temporadas la reina Isabel II y la emperatriz Zita de Austria, la familia dejó a Lekeitio un importante legado.

Juan María Uriarte Odriozola. Este inversor alavés todavía vive, lo que no le ha impedido crear en 2014 una fundación que lleva su nombre y que destina sus fondos, alrededor de 150.000 euros, a la Iglesia, la investigación y actividades benéfico-sociales. En Internet se pueden leer artículos donde se le califica de “controvertido empresario”, por su vinculación con operaciones especulativas en el centro de Vitoria y Bilbao y diversas infracciones fiscales y urbanísticas. Gran parte de su patrimonio es el resultado de la herencia de su padre, Juan Uriarte Celaya, propietario de la firma Construcciones Uriarte, que estuvo detrás de gran parte de las obras públicas de la actual capital de Euskadi e incluso de la basílica de Arantzazu. También ha creado un fabricante de tuberías, Terrain.

Pieter-Abraham Monsma de Korte. Este empresario holandés es propietario de una naviera, Marítima del Atlántico, y una transitaria de productos alimentarios, Martico, que facturan más de 100 millones anuales. Tras el fallecimiento de su hija Susana con solo 43 años, decidió crear una fundación en su nombre con un patrimonio de 600.000 euros y cuyos fines son la defensa de los derechos humanos, la protección de la infancia y la juventud, la asistencia a la tercera edad y personas sin recursos, la cooperación y educación para el desarrollo, la defensa y protección del medioambiente y la investigación científica.

María Isabel Gonzalvo. Esta viuda sin hijos había heredado un importante patrimonio de su marido, un empresario del sector naval. En 2001 creó una fundación en Getxo que lleva su nombre y que beca cada año a cinco vizcaínos para que puedan estudiar en la universidad.

José María Imaz Goicoechea. La viuda del que fuera vicepresidente de Unipapel, María Angeles Amonarriz, creó a su muerte en 1990 una fundación que lleva su nombre y que tiene como fines la atención de congregaciones religiosas, el estímulo de la práctica del atletismo en Gipuzkoa y becas de estudios para los hijos de los trabajadores de su empresa. La sede de esta fundación está en Donostia.

Juan Celaya Letamendi. El fundador de Cegasa o Tuboplast, ya fallecido, creó en 1994 una fundación que lleva su nombre y que destina sus fondos al apoyo de la cultura vasca, hasta el punto de que se le considera uno de los grandes mecenas de Euskadi. Además, la primera expedición vasca al Everest fue sufragada por Cegasa. Sus herederos depositaron recientemente 45 obras de arte en el Museo de Bellas Artes de Vitoria valoradas en 2,5 millones.

Rosario y José Antonio Olaran Arandia. Estos dos hermanos dejaron tras su fallecimiento en 2017 una herencia que sirvió para constituir la Fundación Jayroa Hermanos con fines sociales y de difusión de la fe católica. En ese patrimonio destaca la sicav Oriola de Inversiones que tenía 2,5 millones de euros en acciones y bonos.

José Luis de Barrueta Larrinaga. Este médico y teniente requeté durante la guerra civil se dedicó en vida a administrar la fortuna familiar. La fundación que lleva su nombre dispone de un patrimonio de 11 millones de euros dedicados exclusivamente a la lucha contra el Sida en Africa.

José Antonio Garay Ibargaray. El principal heredero de la fortuna de una familia muy asentada en Gordexola, constituyó ahí mismo en 1994 una fundación con su nombre cuyos fines son la promoción del deporte en Bizkaia y la mejora de bienes patrimoniales y especialmente la Torre de Oxirando. Garay fue uno de los principales accionistas de Recoletos y consejero de la bodega Cvne, su padre había creado la galletera Loste y Campofrío en Burgos y la fábrica de industrias cárnicas Garsa en Gordexola. Otro ascendiente suyo es el ex diputado Antonio Garay Vitoria.

Cándido Iturriaga y María Dañobeitia. Este matrimonio de Getxo constituyó en 1965 una fundación con su nombre a la que aportaron 450.000 pesetas y varios terrenos y caseríos. Su fin principal es la formación y promoción de agricultores y ganaderos.

Carmen Gandarias Corral. La hija de Alejandro Gandarias Durañona, uno de los fundadores de Altos Hornos de Vizcaya y accionista significativo del Banco de Bilbao y de las Minas del Rif y de Somorrostro, creó en 1988 en Bilbao una fundación que lleva su nombre y cuyos fines principales son la educación cristiana de niños huérfanos y la ayuda a instituciones benéficas y religiosas. Entre sus obras figura Gandarias Etxea, un edificio que gestionan los Escolapios y Cáritas Bizkaia para acoger proyectos de promoción juvenil e innovación social. Esta fundación es conocida por el fabuloso resultado que han tenido sus inversiones en bolsa, tras obtener una rentabilidad del 500% en los últimos 24 años.

Pedro José de Irastorza Escala. Este economista e ingeniero donostiarra fue accionista y directivo de múltiples empresas, como el Puerto de Pasajes, Lambretta Locomociones, La Papelera Española, Alfa, Cementos Rezola o el Banco de San Sebastián. También fue el vicepresidente de la Cámara de Gipuzkoa. A su muerte en 1974 se crea una fundación que lleva su nombre y que apoya actividades musicales y religiosas.

Micaela Elizaran y Sarobe. La conocida como “viuda de Elizarán” enviudó muy joven y perdió también dos hijas al poco de nacer en San Sebastián, dos circunstancias que le marcaron enormemente. Dedicó gran parte de su fortuna a financiar la escolarización e instrucción católica de niños donostiarras sin recursos económicos en dos colegios, uno masculino y otro femenino, el que lleva precisamente su apellido, Elizarán, y Los Angeles. Todavía hoy es la Fundación Viuda de Elizarán la que gobierna estos centros escolares, al igual que una centro para ancianos y discapacitados situado en la Parte Vieja y que gestiona la Fundación Matía.

María Simona María Marsan Supervielle. No hay apenas datos de esta donostiarra que creó a su muerte, en 2007, una fundación para administrar un patrimonio de 8,6 millones de euros. Aparentemente, desciende de los Supervielle argentinos, de origen vasco-francés y creadores de uno de los mayores bancos de Suramérica. La fundación financia obras de caridad en países del tercer mundo y especialmente los liderados por la Iglesia y “los que menos invierten en mantener sus propias estructuras”. Entre las entidades a las que ayuda destacan la Misión del Gujerat (India) de los jesuitas y Anesvad.

Faustino Orbegozo. Este guipuzcoano compartía, junto a su hermano Saturnino, la propiedad de la empresa Esteban Orbegozo en Zumarraga, que había fundado su padre en 1944 y se convirtió en uno de los principales fabricantes de electrodomésticos con una plantilla de 3.000 trabajadores. En los ochenta la compañía empezó a renquear y terminó en manos de ArcelorMittal. Pero para entonces, los Orbegozo ya habían amasado una importante fortuna. Para gestionar su parte, Faustino, que era soltero, creó una fundación con sede en Bilbao que puso en marcha una residencia de ancianos en Zumarraga y todavía hoy patrocina a artistas vascos.

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