La sustitución de Etxanobe en la Diputación de Bizkaia revela una guerra interna dentro del PNV

La decisión del PNV de sustituir a Elixabete Etxanobe por Ibone Bengoetxea como candidata a diputada general de Bizkaia ha puesto de manifiesto las profundas diferencias que existen dentro del partido nacionalista. El relevo, anunciado cuando la actual responsable foral apenas ha completado un mandato, ha dejado además en una posición comprometida al presidente del PNV, Aitor Esteban, que defendía públicamente la continuidad de Etxanobe apenas unas horas antes de que la ejecutiva vizcaína decidiera prescindir de ella.


Lo más sorprendente es que Esteban desconocía lo que estaba a punto de ocurrir. El jueves, durante una entrevista en ETB, se mostró partidario de que Etxanobe repitiera como candidata. Sin embargo, a las cuatro de la tarde se reunió el Bizkai buru batzar (BBB), presidido por Iñigo Ansola, para proponer a Bengoetxea. El propio Ansola ha reconocido en Radio Euskadi que no informó al máximo dirigente del partido hasta poco antes de comenzar la reunión. Es decir, Esteban había defendido públicamente una candidatura que la dirección territorial estaba a punto de descartar.

Ansola ha reivindicado sus atribuciones para adoptar la decisión y ha asegurado que responde a una reflexión profunda sobre las necesidades electorales del partido. Según su explicación, Bengoetxea constituye una candidatura «más ilusionante» para afrontar las elecciones de mayo de 2027, en las que el PNV tendrá que hacer frente al crecimiento de EH Bildu en Bizkaia.

Sin embargo, el presidente del BBB no ha identificado ningún fracaso concreto de Etxanobe que justifique su sustitución. Al contrario, ha elogiado su gestión y ha asegurado que también habría sido una buena candidata. La explicación resulta contradictoria: si el trabajo de la actual diputada general ha sido satisfactorio, ¿por qué sustituirla después de una sola legislatura?

La respuesta podría encontrarse en las luchas internas del PNV, que no desaparecieron con la llegada de Esteban a la presidencia del partido en 2025. Aquel proceso supuso el final de la larga etapa de Andoni Ortuzar al frente del Euzkadi Buru Batzar, pero no necesariamente de su influencia sobre la organización, especialmente en Bizkaia.

El blog político Landa Larrazabal, que sigue habitualmente los movimientos internos del nacionalismo vasco, atribuye directamente la operación al entorno de Ortuzar. Según su interpretación, Etxanobe habría sido víctima de un enfrentamiento entre dos bloques: el formado por Aitor Esteban e Itxaso Atutxa y el integrado por Andoni Ortuzar y Josu Aurrekoetxea.

Esta interpretación tiene algunos elementos que merecen atención. Etxanobe llegó a la Diputación con el respaldo de Itxaso Atutxa, anterior presidenta del BBB, y, según Landa, expresó abiertamente su apoyo a Esteban durante la disputa interna por el liderazgo del partido. Su sustitución por Bengoetxea podría interpretarse, por tanto, como una victoria del entorno de Ortuzar sobre los dirigentes que respaldaron a su sucesor.

El blog va más allá y sostiene que Ansola habría actuado siguiendo instrucciones del expresidente del PNV, que buscaría recuperar influencia sobre la principal institución de Bizkaia. Se trata de una interpretación política que no ha sido acreditada de forma independiente, pero que adquiere relevancia a la vista de la manera en que se ha producido el relevo.

La posición de Ansola resulta particularmente llamativa. Llegó a la presidencia del BBB durante el proceso de renovación del PNV y ahora ha impulsado una decisión que contradice públicamente la posición de Esteban. La autonomía de las organizaciones territoriales forma parte de la estructura del partido, pero resulta difícil explicar que una decisión de semejante trascendencia no fuera comunicada previamente a su presidente.

Landa asegura, además, que conocía la sustitución desde el lunes y atribuye al entorno de Ortuzar la filtración que permitió a El Correo adelantar la noticia. No aporta pruebas de esa atribución, aunque el dato plantea una cuestión interesante: si la operación llevaba varios días preparándose, ¿cómo es posible que Esteban no fuera informado hasta el último momento?

La candidatura de Bengoetxea también merece un análisis. La actual vicelehendakari primera y consejera de Cultura y Política Lingüística del Gobierno Vasco tiene una larga trayectoria dentro del PNV. Afiliada desde 1991, fue teniente de alcalde de Bilbao durante la etapa de Iñaki Azkuna, presidenta de Eudel, diputada foral de Administración Pública y Relaciones Institucionales y posteriormente asumió responsabilidades en EITB.

No representa, por tanto, una renovación generacional ni la incorporación de un perfil ajeno a las estructuras tradicionales del partido. Más bien supone el regreso a la Diputación de una dirigente que ya ocupó uno de sus principales cargos y que ha ido desempeñando distintas responsabilidades institucionales durante las últimas décadas.

Su elección tiene además consecuencias para el Gobierno de Imanol Pradales, que deberá afrontar previsiblemente una reorganización de su Ejecutivo si Bengoetxea abandona la Vicelehendakaritza para encabezar la candidatura foral. La decisión adoptada en Bizkaia afecta así a otra institución y obliga a modificar los equilibrios de un Gobierno que apenas lleva algo más de dos años funcionando.

Hay otro detalle que apunta a que la operación podría haberse preparado con cierta antelación. Dos comentaristas de Landa Larrazabal aseguran que Bengoetxea había incrementado desde finales de septiembre su presencia en actos públicos de Barakaldo, participando en acontecimientos deportivos y sociales a los que anteriormente apenas acudía. Son testimonios anónimos que no permiten sacar conclusiones, pero constituyen una pista sobre posibles movimientos previos a la designación.

Por su parte, Etxanobe se convierte en una excepción dentro de la historia reciente de la Diputación de Bizkaia. Sus antecesores permanecieron al menos dos mandatos al frente de la institución, mientras que ella será sustituida después del primero, pese a que el PNV no ha cuestionado públicamente su gestión.

Es cierto que algunas de sus iniciativas habían provocado controversias, especialmente sus propuestas de reforma fiscal, que generaron malestar en determinados sectores del partido y entre los socialistas, socios del Gobierno foral. Sin embargo, Ansola ha negado que ese episodio haya determinado el relevo.

Incluso Landa, muy crítico con el equipo de la Diputación, reconoce que Etxanobe ha realizado un trabajo técnicamente correcto y que estaba comenzando a adquirir la experiencia política necesaria para desenvolverse mejor en el cargo. Esta valoración refuerza la idea de que su salida podría obedecer más a los equilibrios internos del PNV que a los resultados de su gestión.

La sustitución también comporta riesgos electorales. Aunque los sondeos apuntan a que el PNV podría mantener el gobierno de la Diputación, el crecimiento de EH Bildu amenaza con estrechar las diferencias entre ambas formaciones. En este contexto, prescindir de una diputada general que no ha agotado sus posibilidades políticas transmite una imagen de inestabilidad poco habitual en un partido que tradicionalmente ha hecho de la disciplina y la continuidad institucional algunas de sus principales señas de identidad.

Pero el mayor problema podría no estar en las urnas, sino dentro de la propia organización. La elección de Esteban como presidente del PNV parecía haber cerrado una etapa de tensiones internas. Sin embargo, el episodio de Bizkaia sugiere que la disputa por el liderazgo no ha terminado y que Ortuzar podría conservar una capacidad de influencia considerable, al menos si se confirma la interpretación de quienes atribuyen a su entorno la operación.

La cuestión de fondo es quién controla realmente el PNV. Esteban ostenta su máxima representación formal, pero Ansola acaba de demostrar que puede adoptar una decisión de enorme trascendencia política sin contar previamente con él. Y si, como sostiene Landa, detrás del relevo se encuentra el entorno de Ortuzar, estaríamos ante algo más que una discrepancia sobre candidaturas: una pugna por el poder entre quienes dirigen actualmente el partido y quienes lo hicieron durante los últimos años.

En cualquier caso, el episodio deja una imagen insólita: el presidente del PNV defendiendo en televisión a una diputada general que sus propios compañeros estaban a punto de sustituir. La organización nacionalista tendrá que explicar cómo encaja semejante descoordinación con la unidad interna que tradicionalmente ha exhibido. Y, sobre todo, si lo ocurrido en Bizkaia es un conflicto aislado o el primer síntoma visible de una batalla más amplia por el control del partido.

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