Ibermática y Euskaltel: Xabier Sagredo quiere rectificar pero ya es tarde

Esta misma semana se ha consumado la total desvasquización de Euskaltel (y Guuk), que pasan a depender al 100% del operador francés Orange, y la inminente de Ibermática, que salvo milagro de última hora, entrará próximamente en el perímetro de un fondo o multinacional. Solo hay un responsable de esta pérdida de arraigo: Xabier Sagredo, el presidente de BBK por decisión de Andoni Ortuzar que se empeñó en mantener su control personal de Kutxabank a costa de vender todo lo que tenía valor.


Incluida la mayor parte del 7% que llegó a tener en Iberdrola, aunque la desvasquización de esta compañía se está haciendo de una forma más lenta porque a Galán todavía le convienen los buenos tratos fiscales con la Hacienda de Bizkaia. Pero hay que recordar que Sagredo vendió las acciones de la eléctrica a unos 5 euros por título y que ahora valen tres veces más: por encima de los 17 euros.

En Ibermática le ha pasado algo parecido. Vendió la consultora a Ayesa a un precio más de tres veces inferior al que ahora ha propuesto para recuperar el control de la otrora joya informática guipuzcoana. Forzado por el lehendakari, que ha convertido al arraigo en uno de los centros neurálgicos de su gestión, y con cara de circunstancias, Sagredo ha tenido que participar en la puja que han abierto los sevillanos: BBK oferta 500 euros por algo que se vendió por 170 millones hace apenas tres años y que en 2013 apenas valía 60 millones.

Hay que tener en cuenta que Ayesa es fundamentalmente una ingeniería y que su negocio de consultoría informática deriva prácticamente en su totalidad del de Ibermática. Lo poco que ha aportado es un cliente: la Junta de Extremadura. Evidentemente, eso no vale la diferencia entre 500 y 170 millones. Y lo más probable es que ni siquiera con ese precio consiga hacerse con una puja en la que participan otros cuatro actores.

Sin olvidar tampoco que, IA mediante, la consultoría informática no tiene un futuro muy halagüeño. Por no hablar del hecho de que sea una entidad vizcaína la que tenga que hacerse con una compañía que tenía su sede en Gipuzkoa, una circunstancia que siempre genera recelos entre territorios y especialmente entre los lectores del antibilbaino Diario Vasco.

Queda claro por tanto que Sagredo erró vendiendo los activos no bancarios de Kutxabank y que su equivocación, de la que ahora aparentemente está arrepentido, ya no tiene vuelta atrás. Lo sorprendente es que el responsable de semejante tropelía siga ocupando la presidencia de BBK, embolsándose un sueldo superior a los 200.000 euros y despilfarrando dinero de la fundación bancaria para comprar premios que solo sirven para calmar su ego personal. ¿Hasta cuándo vamos a tener que aguantarle?

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