El apocalipsis de la informática

Como ha puesto de moda el suicidio colectivo de los miembros de la secta de Heaven´s Gate, hablar del fin del milenio, sea en 1999 o en el 2000, exige hacer referencia a profecías apocalípticas, enormes cometas golpeando la Tierra o grandes marejadas sociales. Si Internet era el método publicitario favorito de esta secta, algo parecido está sucediendo con un peligro más real que se cierne sobre el mundo en el año 2000 y que está generando miles y miles de páginas web en la red mundial de ordenadores.


Se trata del caos informático, y empresarial, que puede ocasionar el hecho de que, por vagueza y por cuestiones de ahorro de espacio, los ordenadores han usado históricamente sólo dos dígitos -97 en vez de 1997- para contar los años. “Es como un virus congénito a los sistemas informáticos”, explica Javier Echeverría, autor de Telépolis y uno de los grandes pensadores de la España digital, para referirse al hecho de que los ordenadores han sido diseñados con este fallo desde fábrica.

El error, también denominado “virus del fin del siglo” y que ni siquiera figuraba en la lista de Nostradamus, amenaza con provocar indigestiones a los directivos de numerosas empresas. Y es que, el uno de enero del año 2000, mientras los programadores descorchan el champán para celebrar el nuevo año, los ordenadores que ellos mismos han diseñado entenderán las doce campanadas como una orden para retroceder sus fechas hasta el año 1900.

“Si no se adoptan a tiempo las medidas oportunas, el 1 de enero del año 2000 va a producir efectos imprevisibles en todos los niveles de los sistemas informáticos”, explica Juan Carlos Malet, de la consultora informática Ibermática. Algunos catastrofistas han descrito un sábado uno de enero del año 2000 -codificado como 00.01.01 para la gran mayoría de los ordenadores- en el que los semáforos dejarán de funcionar, los cajeros automáticos no podrán autorizar operaciones, las depuradoras de agua dejarán de echar cloro y los presos recibirán una amnistía instantánea.

Todo es, en principio, ciencia ficción pero podría ser realidad si las empresas, especialmente los bancos y otras compañías de servicios, no cambian a tiempo sus sistemas informáticos para que esa cifra milagrosa -00- represente efectivamente el año 2000. Telefónica, por ejemplo, ya está modificando todas sus bases de datos para que una llamada de tres minutos entre las 23:58 del 31 de diciembre de 1999 y las 00:01 del 1 de enero del 2000 no se facture como si hubiese durado 50 millones de minutos, que es lo que resulta de contar los minutos que hay entre el 31 de diciembre de 1999 y el 1 de enero de 1900.

En el lado bancario, Caja Madrid, que teme que sus clientes se encuentren un día con sorpresas desagradables en los intereses de sus créditos y depósitos, ha calculado que necesitará invertir entre 1.500 y 2.000 millones de pesetas hasta el año 2000 para resolver el problema. De hecho, Caja Madrid ha empezado a detectar algunos errores en sus operaciones de contabilidad interna, aunque ningún caso ha llegado a afectar a sus clientes.

Una historia diferente, aunque anecdótica, es la que han padecido algunas personas nacidas en el siglo diecinueve, como el danés de 103 años que acudió recientemente al hospital y fue asignado a Pediatría por un ordenador que entendió que el buen hombre había venido al mundo en 1992 y no en 1892 -92 para la máquina-. Otros errores menores tienen como protagonistas a las tarjetas de crédito o los carnets de conducir que caducan en el próximo milenio y que los ordenadores no consiguen interpretar.

Y es que frente al panorama que describían hasta hace poco algunos idealistas para el próximo milenio, con dinero electrónico fluyendo entre modernos hogares donde los aparatos y la realidad virtual habrían sustituido totalmente al esfuerzo humano, la llegada del año 2000 puede convertirse en una pesadilla digital por culpa de un fallo de programación.

La sociedad ha llegado a tal punto de sofisticación electrónica que una gran parte de las actividades rutinarias dependen de los ordenadores y pequeños chips que controlan semáforos, ascensores, vídeos, hornos microondas, termostatos o faxes. A partir del año 2000, todos estos aparatos pueden sufrir fallos, que serán “molestos más que catastróficos”, según la consultora norteamericana Gartner Group, si no son reprogramados. Para Peter de Jagger, el gran gurú del año 2000 y el primero que popularizó este problema en 1993 con un artículo titulado “El día del juicio final”, el mejor ejemplo es el 80% de los ordenadores domésticos que están programados de tal forma que en el 2000 retrocederán a 1980.

Pese a la lógica alarma que este fallo va a provocar en los hogares, los mayores problemas se producirán en las empresas y administraciones públicas, donde existe un gran entramado de ordenadores y sistemas informáticos conectados entre sí. En el mundo de la empresa, el problema de una maquina con esta bomba de relojería se va a traducir en pesetas y, lo que es peor, se puede transmitir de una compañía a otra, como si de un rumor bursátil se tratara.

Las pérdidas económicas pueden ser impresionantes y los abogados de todo el mundo se están frotando las manos ante un panorama de litigios entre empresas por mala prestación de servicios y entre directivos incapaces de prever este fallo. La factura jurídica puede alcanzar, según algunos estudios, los 145 billones de pesetas y un buen pellizco se quedará en las manos de los picapleitos que sepan aprovechar la oportunidad, como los despachos norteamericanos que ya se han especializado en este problema.

“La alternativa a no enfocar este problema es la quiebra”, advierte un informe de Gartner Group, que ha calculado que será necesario invertir entre 43 y 87 billones de pesetas en todo el mundo para reprogramar todos los ordenadores afectados por el problema del año 2000. En España, el gasto necesario alcanza, según Coritel, la división de servicios informáticos de la consultora Andersen Consulting, los 900.000 millones de pesetas.

Esta cantidad va a recortar todos los años las inversiones en informática, con lo que las empresas afectadas van a perder competitividad. Además, los contables deben consignar estas cantidades como mantenimiento y no como inversión a largo plazo, lo que impide utilizar el recurso de la amortización para ahorrar impuestos y hacer frente al gasto en un período más largo. Los políticos británicos ya se han hecho eco de este temor empresarial y han empezado a utilizar el problema del año 2000 como recurso político para acusar al Gobierno de Mayor de falta de previsión.

La reacción del Ejecutivo británico ha sido mirar hacia Bruselas, la capital del monstruo burocrático europeo, y solicitar ayudas económicas para las compañías que necesitan renovar sus programas. Y es que, como recuerda Javier Ribas, abogado especializado en tecnologías de la información, la Unión Europea y el Gobierno español ya han anunciado ayudas para las empresas que adopten sus sistemas informáticos al euro, la moneda única que comenzará a circular en Europa a partir de 1999. “La solución puede consistir en contemplar ambos proyectos de forma conjunta, el del 2000 y el de la moneda única, y beneficiarse de estas ayudas”, explica Ribas.

Más allá de la cuestión económica, las soluciones pasan por un análisis previo de todo el software que está infectado por el “virus del fin del siglo” dentro de la empresa. Una vez conocidas las dimensiones del problema, los informáticos deben modificar todos los programas línea a línea para o bien sustituir todas las fechas y hacer años de cuatro dígitos o bien comprar nuevo software e instalarlo. Esta última solución es la que propone Bill Gates a los propietarios de programas de Microsoft para vender las nuevas versiones y, de paso, embolsarse algunos millones.

IBM, por su parte, ha diseñado varios sistemas para ayudar a sus clientes a hacer frente a este problema y ha creado en España un centro de conversión donde realiza el servicio de reparación del año 2000 para los clientes que no disponen de la infraestructura necesaria. “Para los clientes que deseen abordar los proyectos por sí mismos, IBM ha desarrollado un paquete que incluye formación, herramientas, soporte y servicio de consulta telefónica”, añade Maite González, directora de Servicios Año 2000 de IBM España.

La multinacional norteamericana recomienda también utilizar todo el año 1999 para realizar pruebas de los cambios realizados ya que, entre otras razones, el 9 de setiembre de 1999 -9.9.99- es una fecha utilizada como pozo sin fondo por los informáticos, que pensaban que la mayoría de sus programas habrían sido sustituidos para ese día.

Pero ni IBM ni todos los grandes de la informática podrán atender todas las demandas que van a recibir de todas las empresas del mundo en sólo dos años. Esta realidad está desarrollando la imaginación de muchos empresarios, que en la libre América han empezado a contratar informáticos y generar una nueva industria, la del año 2000.

Esta contratación masiva ha generado una inflación del salario de los expertos en Cobol, el lenguage informático afectado por este problema y que ya no se enseña en las universidades, y un incremento constante del coste de adaptación al 2000. “El primero que se ponga manos a la obra, dispondrá de los mejores profesionales y coste. Si espera al próximo año, es más que probable que no vea satisfecha su demanda o que sea a unos precios muy superiores a los que actualmente rigen en el mercado”, advierte Juan Carlos Malet.

El resultado de todas estas convulsiones puede ser, tal y como prevé Peter de Jagger para 1999, grandes debacles en los mercados financieros si los gobiernos no toman medidas para calmar a la población. Peter de Jagger, que estará en España esta semana para dar una de las 120 conferencias que imparte al año sobre el error del milenio, cree que los responsables de esta catástrofe no son sólo los informáticos sino también los directivos de las empresas. “Algunos directivos todavía creen que habrá una solución milagrosa de última hora o que el problema no les afectará porque habrán dejado la empresa antes del 2000”, explica.

Esta tendencia humana hacia el olvido de los problemas menos acuciantes -la popular teoría del “Dios proveerá”- ha encontrado un antídoto en algunos inversores bursátiles avispados, que están anticipando el nuevo milenio con compras masivas de acciones. El confetti son los títulos de las empresas que están desarrollando soluciones para el problema del año 2000 y los petardos son los sustos que están dando en la Bolsa, como si de una montaña rusa se tratara.

El capitalismo más voraz, el del inversor de Bolsa sin escrúpulos, está sustituyendo el papel de muchos expertos en informática a la hora de comunicar a la sociedad que faltan menos de 1.000 días para el cataclismo y la muerte de muchos ordenadores. Así, la compañía norteamericana Zitel, que ha desarrollado varias soluciones para el virus del milenio, multiplicó por 14 su valor bursátil en sólo cinco meses, hasta que a principios de año el temible inversor George Soros desmintió los rumores de que había adquirido acciones de esta empresa.

Este inusitado interés por la Bolsa y por los nuevos millonarios del 2000, ha atraído también a la prensa de Estados Unidos, donde se han creado revistas electrónicas sobre el virus del milenio e, incluso, programas de radio y televisión sobre el tema. Una vez más, Internet no ha sido más que una herramienta para comunicar al mundo que el año 2000 -bisiesto para más inri- puede hacer tambalear a toda la Sociedad de la Información.

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