¿Cuándo tendremos robots humanoides que hagan las tareas de casa?

Los primeros robots humanoides domésticos ya se pueden comprar, pero todavía están muy lejos de sustituir a una persona que limpia, ordena o cocina. El último avance de Figure AI permite a uno de sus robots hacer camas, doblar toallas y recoger habitaciones en viviendas que nunca había visto. El problema es que solo consigue terminar correctamente el trabajo en el 56% de los intentos. La cuestión empieza a dejar de ser si los robots podrán encargarse de las tareas domésticas para convertirse en cuándo serán suficientemente fiables y baratos.


Figure AI acaba de presentar Helix 2.5, el modelo de inteligencia artificial que controla sus robots humanoides. Para probarlo, llevó las máquinas a 30 viviendas del área de San Francisco en las que nunca habían estado y les encargó tres tareas: recoger salones, doblar toallas y hacer camas. Los robots no habían sido entrenados previamente en esas casas ni conocían los objetos que iban a manipular.

El resultado permite contemplar el vaso medio lleno o medio vacío. Helix 2.5 consiguió completar las tareas en el 56% de los ensayos. Figure considera un éxito que un humanoide pueda enfrentarse a entornos desconocidos sin necesidad de ser reprogramado para cada vivienda. Para quien esté pensando en comprar un electrodoméstico, que falle prácticamente una de cada dos veces sigue siendo difícilmente aceptable.

Pero el experimento contiene un dato más importante que el espectacular vídeo del robot haciendo una cama. Figure repitió las pruebas eliminando el entrenamiento previo de su modelo con Index, una gran base de datos sobre comportamiento humano. La tasa de éxito cayó del 56% al 9%.

La compañía está intentando aplicar a la robótica una receta parecida a la que ha transformado la inteligencia artificial generativa: en lugar de enseñar a una máquina cada tarea desde cero, entrenar previamente un gran modelo con enormes cantidades de información y conseguir después que generalice lo aprendido.

Eso resulta especialmente importante en una vivienda. Una fábrica puede adaptarse al robot: las piezas aparecen siempre en lugares determinados, los movimientos se repiten y las personas pueden mantenerse fuera de determinadas zonas. Una casa es probablemente uno de los peores lugares imaginables para un robot. Cambian los muebles, hay ropa tirada, alfombras, cables, puertas, escaleras, líquidos, objetos frágiles y personas o animales moviéndose imprevisiblemente.

De ahí que el reto no consista tanto en conseguir que un robot haga una cama como en lograr que haga cualquier cama que encuentre. Una persona que sabe introducir platos en un lavavajillas puede hacerlo en prácticamente cualquier cocina. Un robot tradicional necesita que alguien haya previsto buena parte de las situaciones con las que se encontrará.

Figure no es la única que intenta resolver este problema. Google DeepMind presentó este verano Gemini Robotics 2, un modelo capaz de controlar un humanoide desde los pies hasta los dedos, desplazarse por una habitación y combinar movimientos con la manipulación de objetos. También puede dividir una tarea en varios pasos y corregirse cuando algo sale mal.

Los resultados vuelven a mostrar simultáneamente cuánto ha avanzado la tecnología y cuánto le falta. En las pruebas de Google, un robot Apollo 2 consiguió recoger objetos de una mesa en el 68% de los intentos y de una estantería en el 76%, pero la tasa cayó al 46% cuando tenía que recogerlos del suelo. Acciones aparentemente sencillas para una persona, como utilizar un recogedor o cerrar una bolsa, todavía presentan dificultades importantes.

Mientras los laboratorios intentan solucionar estos problemas, una empresa noruega-estadounidense ya ha decidido llevar el experimento directamente a las casas. 1X acepta pedidos de NEO, un humanoide de unos 30 kilos diseñado específicamente para el hogar. Cuesta 20.000 dólares en propiedad o 499 dólares mensuales mediante suscripción. Las primeras unidades deben llegar a hogares estadounidenses este año y la compañía prevé expandirse a otros mercados a partir de 2027.

Que se pueda comprar no significa, sin embargo, que NEO sea ya el mayordomo robótico de la ciencia ficción. Las primeras generaciones de robots domésticos seguirán necesitando asistencia para enfrentarse a situaciones que su inteligencia artificial no sepa resolver. Y eso introduce otro problema que apenas existía con una aspiradora Roomba: la privacidad. Para trabajar correctamente, un humanoide necesita cámaras y sensores capaces de observar constantemente lo que sucede dentro de una vivienda.

La industria está, de hecho, mucho más cerca de las fábricas que de nuestros salones. La Federación Internacional de Robótica (IFR) calcula que en 2025 se vendieron aproximadamente 7.000 humanoides en todo el mundo para aplicaciones industriales y profesionales, y buena parte acabaron en centros de investigación o empresas que los utilizan para desarrollar inteligencia artificial.

La cifra es minúscula comparada con la robótica convencional. La IFR acaba de publicar que durante 2025 se instalaron más de 600.000 robots industriales y que ya funcionan cinco millones en fábricas de todo el mundo. Solo China instaló 354.000 el año pasado.

La diferencia explica probablemente cómo llegará la revolución de los humanoides. Antes de entrar masivamente en las viviendas, las máquinas aprenderán a trabajar en fábricas, almacenes y otros entornos profesionales donde resulta más fácil justificar una inversión de decenas de miles de euros y controlar aquello que sucede a su alrededor.

Pero conseguir que el robot sepa hacer las tareas es solo una parte del problema. También tiene que ser suficientemente seguro como para dejarlo solo en casa. Un error de un chatbot puede producir una respuesta absurda; el error de una inteligencia artificial que controla un cuerpo capaz de mover decenas de kilos puede romper un objeto o hacer daño a una persona.

El propio NEO permite hacerse una idea de las fuerzas involucradas. Aunque pesa solo unos 30 kilos, 1X asegura que puede levantar 68 kilos, transportar 25 y manejar unos 8 kilos con cada brazo. La compañía ha intentado reducir el riesgo recubriendo el robot con material deformable, eliminando puntos accesibles donde puedan quedar atrapados los dedos y utilizando actuadores de baja inercia. Es significativo que una parte importante del diseño del primer humanoide destinado específicamente al hogar esté dedicada precisamente a conseguir que resulte difícil hacerse daño con él.

Los riesgos aumentan conforme el robot asume tareas más útiles. No es lo mismo recoger una toalla que transportar una cazuela caliente, manipular cristalería, utilizar productos de limpieza, acercarse a una cocina encendida o recoger un cuchillo. A ello se añaden situaciones imposibles de controlar como en una fábrica: un niño que se cruza repentinamente, un perro que se mete entre las piernas del robot, unas escaleras o una persona que cae delante de él.

El problema está suficientemente poco resuelto como para que las propias normas internacionales estén cambiando. La ISO 13482 vigente establece requisitos de seguridad para robots personales que trabajan en contacto con seres humanos e incluye expresamente los riesgos para animales domésticos y bienes. Pero la propia organización reconoce que, para algunos impactos y colisiones, no existen datos internacionalmente aceptados que establezcan de forma exhaustiva dónde está el límite entre una fuerza tolerable, el dolor y una lesión. La norma, publicada en 2014, está además a punto de ser sustituida por una nueva versión específicamente ampliada a los robots de servicio domésticos y profesionales.

Existe además un riesgo menos visible. Para moverse y trabajar, estos robots necesitan observar permanentemente su entorno mediante cámaras y otros sensores. NEO incorpora visión, sonido, memoria, conexión wifi, Bluetooth y 5G y puede incluso ser manejado remotamente desde cualquier lugar. Y cuando su inteligencia artificial no sabe realizar una tarea compleja, 1X contempla un «Expert Mode» en el que una persona de la compañía puede supervisar remotamente sus movimientos.

Eso convierte al robot doméstico en algo bastante distinto de una lavadora o incluso de un altavoz inteligente. Una máquina que necesita saber dónde están los objetos y las personas para poder trabajar puede potencialmente obtener una representación extraordinariamente detallada de una vivienda: quién vive allí, qué hace, qué conversaciones mantiene y qué objetos posee. Las garantías sobre qué información sale del robot, cuánto tiempo se conserva y quién puede verla serán por tanto casi tan importantes como su capacidad para doblar una camiseta.

También aparece un riesgo nuevo para la ciberseguridad. Un ordenador comprometido puede permitir robar información; un robot doméstico comprometido añade al atacante la posibilidad de actuar físicamente sobre la vivienda. Cuanto mayor sea su autonomía y capacidad de manipulación, más importante será impedir accesos remotos no autorizados y garantizar que una actualización defectuosa o una pérdida de conexión no provoquen comportamientos peligrosos.

Paradójicamente, eso puede retrasar la llegada del robot doméstico más que su propia inteligencia. Conseguir que un humanoide haga correctamente una cama el 56% de las veces ya es un avance extraordinario. Para dejarlo trabajando solo mientras nosotros salimos de casa necesitaremos una fiabilidad muchísimo más próxima al 100%.

Las previsiones son, en cualquier caso, extraordinariamente agresivas. Bank of America Global Research estima que las entregas de humanoides podrían pasar de unas 90.000 unidades este año a 1,2 millones en 2030. Conviene tratar esas cifras como lo que son, una estimación financiera sobre un mercado todavía incipiente, y no como una previsión de que dentro de cuatro años habrá 1,2 millones de robots limpiando casas.

De hecho, China, el país que está apostando con más fuerza por esta industria, empieza también a encontrarse con el exceso de expectativas. Las autoridades chinas están frenando la avalancha de salidas a bolsa de fabricantes de humanoides ante las dudas sobre sus elevadas valoraciones y sobre hasta qué punto algunos ingresos procedentes de proyectos apoyados por el Estado representan una demanda comercial real.

Hay además una cuestión que la fascinación por los humanoides suele pasar por alto: quizás el robot que termine librándonos de buena parte del trabajo doméstico ni siquiera tenga aspecto humano. La principal justificación para dotarlos de dos brazos, dos piernas y manos similares a las nuestras es que todo lo que nos rodea está diseñado para el cuerpo humano. Los pomos, interruptores, cajones, escaleras, electrodomésticos y herramientas pueden utilizarse sin modificar las viviendas.

Pero construir piernas capaces de caminar y mantener el equilibrio añade coste, consumo energético y posibilidades de avería. Para llevar la ropa hasta la lavadora, recoger objetos o introducir platos en el lavavajillas puede resultar mucho más eficiente una máquina con ruedas y brazos. Y para muchas otras actividades ya estamos haciendo justamente lo contrario: no construimos una persona artificial que pase la aspiradora, lave los platos o corte el césped, sino máquinas especializadas en cada una de esas funciones.

Ese puede ser el principal competidor del futuro mayordomo robótico. Una vivienda equipada con aspirador autónomo, cortacésped, electrodomésticos inteligentes y otros dispositivos especializados puede resultar durante mucho tiempo más barata y fiable que un humanoide capaz de hacerlo todo.

Pero los últimos avances permiten empezar a poner fechas. Entre 2026 y 2030 veremos probablemente los primeros robots domésticos capaces de realizar un conjunto limitado de tareas en viviendas reales, aunque sean caros, lentos y necesiten ocasionalmente ayuda humana. Conseguir una máquina a la que podamos decir simplemente «limpia la casa» y olvidarnos de ella exige resolver además la fiabilidad, la destreza, la seguridad y el precio.

Eso sitúa razonablemente en la primera mitad de la próxima década la ventana en la que los humanoides podrían empezar a convertirse en un producto doméstico realmente útil, aunque cualquier fecha concreta sigue siendo especulativa. Hay una comparación que permite entender dónde estamos. Los primeros Roomba aparecieron en 2002 y únicamente tenían que desplazarse por el suelo aspirando. Más de dos décadas después, seguimos desenredando ocasionalmente cables de sus cepillos o rescatándolos de lugares donde se han quedado atrapados.

Ahora pretendemos que una máquina camine por nuestra casa, abra armarios, distinga la ropa limpia de la sucia, manipule cristalería, haga una cama y sepa qué hacer cuando encuentre algo que nunca ha visto. Que un robot ya consiga hacerlo correctamente el 56% de las veces puede parecer poco. Lo sorprendente es que hace apenas unos años ni siquiera sabíamos cómo conseguir que lo intentara en una casa que no conocía.

Trabajo domésticoPersona a 15 €/hNEO comprado, amortizado en 5 añosAhorro teórico del robotTiempo para recuperar 17.000 €
4 h/semana3.120 €/año3.400 €/año–280 €/año5,4 años
8 h/semana6.240 €/año3.400 €/año2.840 €/año2,7 años
10 h/semana7.800 €/año3.400 €/año4.400 €/año2,2 años
15 h/semana11.700 €/año3.400 €/año8.300 €/año1,5 años
20 h/semana15.600 €/año3.400 €/año12.200 €/año1,1 años

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