Viajes: Big Sur y Highway 1

Conocí esta ruta, que una San Francisco y Los Angeles por la costa, en 2009 pero tuve un accidente y solo pude hacer un tramo. Desde entonces su fama se ha multiplicado de la mano de las redes sociales, hasta el punto de recibir 7 millones de visitantes al año. Es una carretera de unos 120 kilómetros cuya construcción costó 16 años por una de las costas más escarpadas del Pacífico.

Esta vez recorrí la ruta de golpe pero se me hizo de noche en el último tramo, así que tengo intención de repetir, esta vez haciendo noche a medio camino en una de las cabañas que hay cerca del Insituto Esalen. Sí, ahí los hippies hicieron las primeras pruebas con psicodélicos, pero hoy se ha reconvertido en un centro de limpieza espiritual para cibermillonarios del cercano Silicon Valley.

Curiosamente, una de las cosas más curiosas de esta ruta es que no hay conexión a Internet en gran parte del recorrido, por lo que recorrerla es una hermosa forma de aislarse momentánemente del mundo digital. Lo que sí hay es una limitada población local, en casas generalmente aisladas muchas veces situadas en lugares espectaculares en los que solo se puede construir porque en EE.UU. no hay ley de costas. El precio medio de una vivienda en esta zona es de 4 millones de dólares.

Afortunadamente, desde los ochenta se ha limitado la construcción de nuevas casas con una simpática técnica que consiste en exigir un mínimo de entre 16 y 130 hectáreas, dependiendo de la pendiente. Además, el Gobierno de California y sus agencias públicas han comprado el 60% del terreno, ofrecen intercambiar derechos de edificación si se les transfieren tierras con vistas al mar y no permiten constuir hoteles ni edificios de apartamentos.

La carretera es la Highway 1 de California y el tramo más espectacular se llama Big Sur, nombre que deriva del antiguo “el país grande del sur”. Recorre una zona semi-desértica en la que solo crecen algunas sequoias de pequeño porte (61 metros como máximo) en los valles y el arbusto chaparral, una palabra que curiosamente tiene origen vasco.

Aunque se supone que el clima es mediterráneo, por las tardes del verano, debido al contraste entre la corriente fría del Pacífico y el calor de la tierra, se suelen formar intensas nieblas al atardecer. De hecho, esta condensación es el principal surtido de los arroyos que hay en la zona, ya que las montañas atrapan el agua en sus cimas. Aquí no llueve prácticamente nunca.

El océano es el centro neurálgico de la ruta, que apenas se separa de él en un par de ocasiones. Curiosamente, no hay barcos en el mar ya que tiene una importante protección. Otra restricción relevante es que está prohibido colocar publicidad en toda la ruta, algo que contrasta con lo que es habitual en las carreteras norteamericanas.

Como consecuencia de todo lo anterior, al margen de las dificultades de conexión a Internet, estos 120 kilómetros son una isla dentro de EE.UU. en la que no hay ni supermercados ni restaurantes de comida rápida. Solo hay 3 gasolineras, dos de las cuales están al salir de Monterrey desde el norte. La otra, probablemente por vender un recurso escaso y no disponer de suministro eléctrico, tiene los precios más caros de todo EE.UU.

Al margen de la espectacular ruta, que se merece un paseo en coche con paradas esporádicas para hacer fotos, hay varios puntos que merecen darse un paseo. Probablemente, los dos más interesantes son McWay Falls, una cascada que vierte su agua directamente sobre el océano, y Tanbark, una especie de puerto en el que se embarcaban productos extraídos de los árboles de uso en la industria textil californiana.

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