¡Qué fuerte!

Abandonar una torre emblemática e irse a un edificio mucho más pequeño es una muestra de debilidad, aunque también de racionalidad. La decisión del BBVA de cambiar de sede en la ciudad que le da nombre, hoy confirmada y adelantada aquí hace un año y hace un par de meses en Deia, es una clara muestra del declive de Bilbao, que se quiso convertir en un centro de servicios y que poco a poco se está transformando en un simple punto turístico y residencial.

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