¿Se inventó el consejero Jauregi que había inversores para Guardian?

El cierre de la fábrica de vidrio Guardian pilló de sorpresa al consejero de industria, Mikel Jauregi, cuya reacción consistió en asegurar que estaba buscando una solución y que ya había varios inversores interesados. Un mes después dijo que eran cuatro los potenciales compradores. Hoy en la entrevista que le hacen en El Correo rebaja la cifra a dos. Nunca ha querido decir quiénes son, lo que vistas sus contradicciones, permite sospechar que todo es fruto de su imaginación.


Es difícil pensar en alguien que pueda querer comprar una fábrica que no funcionaba en manos de una gran multinacional y cuyas instalaciones, una vez paradas, serán muy costosas de arrancar. Por si fuera poco, la operación para mantener en funcionamiento la división de parabrisas, Glavista, ha terminado como el rosario de la aurora, con una condena al fondo comprador, Parter, y al propio grupo Guardian por indicios de fraude.

Lo que vienen a decir los tribunales es que, para ahorrarse las indemnizaciones por despido, vendieron la factoría a sabiendas de que se iba a terminar clausurando. El comprador entraría en concurso de acreedores y no tendría que abonar ni un duro a los trabajadores. Si ahora entra un fondo a hacer algo similar con lo que queda de Guardian, las sospechas van a ser gigantescas.

Por si fuera poco, en la entrevista Jauregi no ahorra calificativos para referirse a este tipo de sociedades de inversión. Les acusa de querer «pegar pelotazos», de llenar las empresa en las que entran «de deudas» y de dejarlas «a rastras». Luego, sin embargo, dice llevarse bien con Bain, el fondo que controla ITP, una de las compañías que mejores proyecciones tienen actualmente en Euskadi.

La entrevista no transmite, en cualquier caso, una buena imagen del actual consejero de industria, cuyo mensaje es muchas veces ininteligible. Y eso que los periodistas, probablemente animados por el fuerte desembolso publicitario que el Gobierno Vasco realiza en Vocento, apenas le hacen preguntas complicadas.

Así, en lugar de cuestionarle por lo que muchas veces parece más márketing que realidad, le inquieren por su apoyo a la firma china Hilthium y a Mirai, el fondo de José Antonio Jainaga. Capítulo aparte son las menciones al Plan Industrial, un documento que teóricamente no es público pero que ahora mismo ya ha recibido media Euskadi.

En lo que al márketing se refiere, hay que destacar otros dos sucesos acontecidos esta semana. Por una parte, su visita a Multiverse Computing, en la que el Gobierno de España acaba de invertir 60 millones de euros que han dejado un tanto descolocado al Ejecutivo Vasco. No hay declaraciones del consejero pero sí del departamento, que hizo pública una nota de prensa en la que asegura que la startup ya es un «unicornio europeo» y «consolida a Euskadi como referente europeo en software cuántico e inteligencia artificial”.

Pues bien, no es unicornio porque su valoración es de 500 millones de dólares (y no 1.000), lo que no impide que sea un éxito, prácticamente el único en medio del desierto emprendedor vasco. Y Multiverse no está en Euskadi gracias a Jauregi sino a sus antecesores que, vía BIC Gipuzkoa, han hecho un trabajo excelente de atracción de proyectos. Por otra parte, lo que hace esta startup no es software cuántico sino otra cosa, compresión de algoritmos de inteligencia artificial, lo que demuestra una vez más que el consejero Jauregi no se entera de nada y, cuando quiere vender que sabe, se equivoca.

El otro caso lo protagoniza su visita a la embajadora de Australia en Madrid, hecha pública vía Linkedin e Irekia. Es una reunión de muy poca monta que, sin embargo, quieren transformar en «un paso más en la internacionalización de Euskadi y en la construcción de alianzas estratégicas». Si esto es lo único que nos pueden vender, que dios nos pille confesados.

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