¿Qué va a pasar ahora con Tubos Reunidos? ¿Y con Gestamp?

La situación de buena parte de la industria vasca vuelve a poner sobre la mesa un problema estructural que rara vez se aborda con claridad: qué ocurre cuando una empresa industrial pierde tamaño o competitividad en un entorno global en el que las decisiones se toman a miles de kilómetros. Los casos de Tubos Reunidos y Gestamp ilustran dos escenarios distintos, pero conectados por el mismo problema de fondo.


Tubos Reunidos: entre el ERE y el concurso. El futuro de Tubos Reunidos depende de una variable clave: si es capaz o no de ejecutar un expediente de regulación de empleo (ERE) que le permita ajustar su tamaño a la realidad del negocio. Si no logra hacerlo, el escenario más probable es el concurso de acreedores. Conviene aclarar algo que a menudo se malinterpreta: entrar en concurso no significa necesariamente cerrar. La empresa seguiría funcionando, produciendo y vendiendo tubos. Pero el daño sería enorme.

Primero, el reputacional. Un concurso implica que proveedores, clientes y mercados financieros perciban a la compañía como una empresa fallida. Segundo, el interno: la fuga de talento se acelera. En procesos de este tipo suele ocurrir algo muy conocido en el mundo empresarial: quienes tienen más opciones laborales se marchan primero. Poco a poco la empresa se va vaciando de perfiles clave. Dicho con cierta crudeza —pero también con realismo—, en ese tipo de escenarios suele acabar quedándose solo quien no encuentra otro trabajo.

En ese punto, el desenlace suele repetirse: aparece un inversor interesado en quedarse con la unidad productiva a precio de saldo. Es una fórmula habitual en los concursos industriales porque permite eliminar gran parte de la deuda acumulada, incluida la institucional.

El nuevo propietario presenta entonces un plan industrial ante el juez con promesas de continuidad y mantenimiento del empleo. En la práctica, lo que suele ocurrir es otra cosa: unos meses después se ejecuta un nuevo ajuste de plantilla. No sería extraño que, en un escenario así, Tubos Reunidos terminara operando con aproximadamente la mitad de su personal actual.

Gestamp: el problema silencioso de la industria vasca. El caso de Gestamp es diferente y, en cierto modo, más preocupante porque es mucho más representativo de lo que está ocurriendo en la industria vasca. La firma de los hermanos Riberas no es una empresa en crisis en el sentido clásico. Es una compañía rentable y tecnológicamente avanzada. Sin embargo, está perdiendo contratos.

La razón es sencilla: depende de multinacionales automovilísticas que están reduciendo pedidos o reorganizando su cadena de suministro. Y esas decisiones no se toman en Euskadi, ni siquiera en España. Se toman en sedes corporativas repartidas por todo el mundo. En Stuttgart en el caso de Mercedes Vitoria, la que afecta la planta de Abadiño.

Cuando eso ocurre, las empresas proveedoras apenas tienen margen de reacción. La única salida suele ser reducir tamaño. Este es, de hecho, uno de los problemas estructurales de gran parte de la industria vasca: muchas compañías fabrican componentes o sistemas que forman parte de productos finales diseñados y comercializados por otras empresas. Es decir, dependen de decisiones estratégicas tomadas por terceros.

La advertencia que nadie quiso escuchar. Hace años, Iñaki López de Arriortua lo expresó con una claridad incómoda: Euskadi debería ser capaz de fabricar sus propios vehículos con una compañía propia. Iberduero y BBV se ofrecieron a aportar el dinero. Primero GM y después Volkswagen serían socios tecnológicos.

No se trataba de una ocurrencia. Era una reflexión estratégica. Cuando una región industrial solo fabrica piezas para productos ajenos, su destino queda inevitablemente ligado a decisiones externas. Por eso resulta tan importante apoyar a empresas que sí controlan su producto final y su estrategia industrial.

Compañías como Irizar, CAF o Talgo representan precisamente ese modelo: empresas que diseñan, desarrollan y venden sus propios productos en el mercado internacional. No dependen únicamente de los pedidos de una multinacional. Compiten directamente en el mercado global. Y esa diferencia es estratégica.

Dos casos, un mismo dilema. Tubos Reunidos representa el riesgo de las empresas industriales muy endeudadas que no logran adaptar su estructura a tiempo. Gestamp simboliza otro fenómeno más silencioso: empresas rentables que ven cómo su actividad se reduce porque dependen de decisiones tomadas por otros.

En ambos casos, el debate de fondo es el mismo: qué tipo de industria quiere tener Euskadi en el futuro. Una industria dependiente de las cadenas globales de suministro… o una industria capaz de controlar su propio destino.

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