¿Qué podría haber hecho la Consejería de Salud para evitar tener a todos los periodistas en contra?

En los últimos días he hablado con siete periodistas que están cubriendo la actualidad relacionada con el coronavirus en Euskadi y todos están indignados con el Departamento de Salud del Gobierno Vasco. Y como consecuencia de este sentimiento, han saltado a los periódicos y las radios varios presuntos escándalos relacionados con sueldos, comités que no se reúnen, profesionales ninguneados, datos poco fiables y tests que no se realizan e incluso hay quien está investigando posibles corruptelas. Esto es lo que, a mi juicio, se tendría que haber hecho de otra manera.

  • Tener todo planificado, incluidos los escenarios más negativos, cuando estalló la crisis. Se ha notado que el Departamento de Salud actuaba, en gran medida, de forma reactiva, hasta el punto de convocar una rueda de prensa solo para responder a un artículo de Fermín Apezteguía en El Correo.
  • Establecer un liderazgo bien claro. Ha habido, sin embargo, tres personas diferentes transmitiendo información: Mikel Sánchez (que llegó a ser calificado como “el Fernando Simón vasco”), el viceconsejero Iñaki Berraondo y la consejera Nekane Murga.
  • Medir las reacciones. El tono agrio de la consejera, unido a su constante movimiento de manos en las comparecencias públicas, transmite inquietud y falta de confianza. No contagia precisamente calma, que es lo más importante en situaciones de crisis.
  • Transparencia. Lo que ha ocurrido con las preguntas de los periodistas, planteadas vía whatsapp y censuradas a discreción del departamento, no tiene perdón de dios. Yo todavía estoy esperando, siete días después, que me digan cómo se calcula el ahora famoso R0. Cada periodista con el que he hablado tiene varias historias similares. Por si fuera poco, el Departamento de Salud gestiona un grupo secreto de Telegram en el que no están todos los medios.
  • Cordialidad y empatía. Todo aquel que se dedica a las relaciones públicas sabe que las relaciones personales son esenciales. Incluso en periodos en que impera lo virtual esto puede compensarse con dosis de humor o llamadas telefónicas. Nada de esto ha existido por parte del Departamento de Salud, que ha actuado como si de la Stasi se tratara.
  • Claridad. El baile de datos y de formatos de los informes ha transmitido cierto oscurantismo. Se han quejado los periodistas e incluso los analistas y matemáticos, incapaces de hacer modelos estables. Haber publicado los datos en open data independientemente del formato final habría ayudado a su difusión y a su claridad.
  • Colaboración. Ya comentamos que el férreo control que ha realizado el Departamento de Salud de todo lo que tenía que ver con el coronavirus ha impedido que se recurriera a otros estamentos, tanto privados como públicos. Solo se ha contado con los centros tecnológicos y con la UPV después de que esta falta de colaboración llegara hasta la prensa.
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