¿Qué podemos hacer frente a la “uberización” laboral de la economía?

He estado escuchando con atención el debate parlamentario sobre la precarización de los trabajadores de plataformas de transporte como Glovo, Uber Eats o Deliveroo. Los representantes políticos piden más o menos que se prohíban este tipo de “relaciones” laborales, pero a mi juicio van un tanto desencaminados al plantear soluciones desde su atril. Veamos.

Lo que llaman “uberización”, pero que sería mejor denominarlo “glovización”, dado que Uber solo emplea a trabajadores por cuenta ajena, tiene ciertas ventajas que no hay que soslayar:

  • Es muy ágil, dado que facilita la entrada y salida de trabajadores con solo descargar una app y sin intermediarios que apenas aportan valor.
  • La introducción de un sistema de valoraciones genera una cierta presión sobre el transportista que añade mucha eficacia a su trabajo.
  • La necesidad de trabajar para poder ingresar es evidentemente positiva desde un punto de vista de productividad.
  • La competencia entre los riders, cuando es sana, resulta también muy positiva para la productividad.
  • Es el consumidor el que tiene una opción más de servicio a un precio atractivo.

Pero también hay desventajas o más bien riesgos:

  • El hecho de que el rider cobre lo mismo independientemente del tiempo que le lleva su trabajo le puede llevar a acelerar sus viajes y a sufrir, por tanto, accidentes.
  • Si el rider cae enfermo, su protección es mínima: no puede seguir trabajando y por tanto dejaría de cobrar.
  • El rider no tiene apenas posibilidades de negociar con la empresa la remuneración que va a recibir: las compañías tienen la sartén por el mango, lo que podría llevarles a pagar cada día menos, a no ser que un aumento del paro reduzca el numero de posibles trabajadores.

Por todo ello, yo no creo que la solución sea la prohibición, entre otras cosas porque esto supone terminar en los tribunales, donde todavía no está claro cuál es el criterio mayoritario. Además, la primera obligación de los políticos es conseguir que en Euskadi exista pleno empleo y que, por tanto, disponer de ese tipo de trabajadores sin contrato sea sumamente dificultoso.

A mi juicio, este tema se debe abordar a través de la creación de una nueva tipología de relación laboral que afectaría a todos los trabajadores que tarde o temprano van a ser sustituidos por robots. Esta tipología tendría en cuenta los siguienes aspectos:

  • Solo afectaría a trabajadores que realizan labores sin excesivo valor añadido y fáciles de sustituir por robots a corto plazo. Es el caso de los riders, pero también de los chóferes de autobús o taxi o los camareros de un restaurante.
  • Los riders deben tener una protección mínima, incluyendo un salario mínimo, que perfectamente podría ser la mitad de lo que marca a día de hoy el SMI. Esto exige que alguien pague su seguridad social, lo que debería recaer en las empresas que se benefician de su trabajo.
  • La otra parte de su salario es bueno que sea variable y que dependa fundamentalmente de su productividad, cuya medición es extremadamente sencilla con ayuda de apps.
  • Las administraciones deberían estar obligadas a formar a estos trabajadores para que a medio plazo puedan evolucionar hacia labores en las que aporten mayor valor añadido. También habría que introducir una remuneración variable para los funcionarios que tienen esta responsabilidad en función de los resultados que consigan.

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