Primer exit de la torre del emprendimiento: Andoni Ortuzar

Se supone que la torre del emprendimiento, lo que hoy en día se llama Bilbao Accelerator Tower (BAT), se hizo para que en Bizkaia hubiera más startups y crecieran hasta convertirse en unicornios (con una valoración superior a los 1.000 millones de dólares). Tres años después de su inauguración, el balance es profundamente negativo: ni uno solo de los emprendedores que alberga ha conseguido vender su compañía («exit»). El único exit es curiosamente el de Andoni Ortuzar, el político al que PwC, el gestor del BAT, ha premiado con un puesto remunerado con 720.000 euros anuales por, entre otras cosas, haber conseguido la gestión del edificio, un contrato que nunca debió haber ganado.


Esta licitación fue muy polémica. La Diputación de Bizkaia trató de atraer a grandes operadores internacionales que ya gestionan instalaciones de este tipo pero no tuvo suerte. Hasta el punto de que el concurso fue declarado desierto por el desinterés de todas las entidades con las que contactó. Bilbao no les resultaba un lugar atractivo, especialmente si tenían que correr todo el riesgo de que el edificio se quedara después vacío.

Es decir, la Diputación les obligaba a pagar un canon anual, como si de una heladería callejera se tratara, y en esas condiciones, no les resultaba un proyecto de interés. Hay que tener en cuenta que los dos polos de atracción de startups en España son Barcelona y Madrid y, aunque en mucha menor medida, les siguen Valencia y Málaga. Bilbao sería más bien un tercera división, superado incluso por Gipuzkoa, donde recientemente se ha producido un exit relevante (Viralgen) y ya hay un aspirante serio a unicornio, Multiverse Computing.

Para evitar que la licitación terminara siendo fallida, la Diputación de Bizkaia se ocupó de hablar con su empresa de confianza, PwC, que en Euskadi lidera un hombre de la casa, Asier Atutxa, ex miembro del Bizkai Buru Batzar. A éste sí le pusieron la alfombra roja: canon más bajo, alquiler directo de varios espacios para Beaz, Lantik y otras sociedades públicas, subvenciones a startups para que paguen su renta, organización de eventos en el BAT abonados por la institución foral y, básicamente, todo lo que hiciera falta para que el plato fuera sabroso.

PwC tenía que pagar el canon pero gran parte de los helados los subvencionaría la Diputación para que nadie dudara a la hora de establecerse en la torre. En el BAT hay startups que pagan su renta religiosamente a precios oficiales esperando que estar ahí les genere negocio y otras que abonan cuotas testimoniales para que no se vayan o incluso para que abandonen otras oficinas de Bilbao.

Así que PwC aceptó el reto. Con tan mala suerte que hubo otra empresa anglo-austríaca, Impact Hub, que decidió presentarse. Como no podía ser de otra manera, PwC se impuso. Indiganada, Impact Hub recurrió pero retiró finalmente su recurso tras pactar una subcontratación de servicios de aceleración por un importe de 250.000 euros anuales que pagarían a medias PwC y Diputación.

Todos contentos. Este recurso no es, por cierto, visible porque el Tribunal Administrativo Foral de Recursos Contractuales, a diferencia de lo que ocurre con el que depende del Gobierno Vasco, el OARC, no publica los casos que atiende. Y el fondo del asunto era muy relevante: ¿Podía una consultora-auditora como PwC ganar un concurso público para gestionar un centro de emprendimiento en el que se requiere experiencia internacional en la materia?

PwC se llevó finalmente el contrato y, a raíz de él, ha accedido a otras licitaciones de este tipo en otras ciudades de España. Es lo que dio a entender la propia consultora en la nota de prensa en la que daba a conocer que el bilbaíno Gonzalo Sánchez había sido reelegido como presidente de la compañía en España. El contrato de la torre de emprendimiento se convirtió en un excelente negocio para PwC, cuyos socios premiaron a su presidente por la hazaña.

El negocio no solo estriba en los 20,6 millones de euros que la consultora cobra de la sociedad pública Beaz por la gestión del BAT sino también por los que van a venir. En 2023 la Diputación, con el visto bueno del bufete de abogados en el que trabaja la hermana del director de emprendimiento de la institución foral, acordó delegar en PwC la adecuación de nuevas plantas en la torre del emprendimiento pese a que no estaban incluidas en el contrato inicial.

Dado que Sánchez le debe el puesto y que el negocio para la consultora ha sido sustancial, no es de extrañar que el primer premio se lo lleve Andoni Ortuzar, la persona que más mandaba en el PNV y por tanto en Euskadi cuando se adjudicó la gestión del BAT. Su sueldo, 720.000 euros anuales, apenas supone entre un 3 y un 4% del importe total del contrato, sin contar sus ampliaciones.

Otro afortunado en la rifa es Eriz Sainz, el consultor que PwC puso para gestionar el BAT y que hace dos meses fue ascendido a socio de la consultora. Curiosamente, pese a que uno de los objetivos de este proyecto era atraer emprendedores internacionales y conseguir «una Bizkaia más conectada al mundo», no consta que este informático hable inglés con fluidez.

Y lo que menos importa es si todo este esfuerzo ha servido para atraer emprendedores a Bilbao o para lanzar a los locales hacia el mundo. A día de hoy no hay una sola startup del BAT que se haya convertido en unicornio o, cuando menos, en pottokornio (del vasco pottoka). Ni siquiera que se acerquen. Es una evidencia más de que muchos políticos trabajan en mayor medida para sí mismos y para sus amiguetes que para el bien común.

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