Osakidetza: el dolor de muelas del Gobierno Vasco

Si algo ha demostrado la dimisión de Jon Darpón es que Osakidetza se ha ido convirtiendo en un auténtico dolor de muelas para el Gobierno Vasco. Y es que no se trata del primer consejero de Salud que tiene problemas, pues sus dos predecesores, Rafael Bengoa y Gabriel María Inclán, también fueron muy contestados. A Darpón le han echado porque se han alineado los astros de la oposición pero cualquiera de los anteriores reunía tantas o más razones para caer. Veamos qué ocurre.

  • El primer problema es que el presupuesto que gestiona el Departamento de Salud es colosal y no para de crecer. Sus gastos ascienden a casi 4.000 millones de euros al año, un tercio del total que maneja el Gobierno Vasco. Es la partida más costosa con diferencia. Y no para de crecer porque la sociedad vasca envejece a marchas forzadas y cada vez demanda más salud.
  • El segundo problema es que el Departamento hereda unas prácticas mafiosas que están saltando por los aires a medida que la transparencia se extiende por la Administración. Hay que recordar que uno de los hombres de confianza de Inclán, José Carlos Margüello, está condenado por prevaricación por contratar servicios a una empresa con la que estaba vinculado, Medical Dom. O que Julián Pérez Gil, a quien Rafael Gengoa puso como gerente de Osakidetza, dimitió de un puesto similar en Cantabria tras detectarse diversas irregularidades en adjudicaciones públicas. Pese a que recurrió más a multinacionales que a firmas locales, Rafael Bengoa también fue muy contestado por presuntas corruptelas, especialmente en Osatek. Sin olvidar que Koldo Ochandiano, uno de los principales imputados del caso de Miguel, fue responsable de Contrataciones de un hospital de Osakidetza.
  • El tercer problema es que el Departamento de Salud funciona como un mundo aparte dentro de la Administración. Tiene sus propios servidores, su propia tecnología o sus propias normativas de uso del email. Esta independencia ha facilitado que el control de la información se mantenga en pocas manos, evitando así una mayor supeditación a las políticas de contratación pública y de ofertas de empleo marcadas desde Lehendakaritza.
  • El cuarto problema tiene que ver con el corporativismo que padece un departamento en el que mandan los médicos y no los economistas o los juristas, como sucede en el resto de la Administración. No en vano, los tres consejeros mencionados son todos licenciados en Medicina. Muchos hospitales están controlados por profesionales que un día operan y al siguiente deciden a qué compañero van a enchufar. Este sistema endémico tan peculiar ha saltado por los aires de la mano de unos afectados que, a diferencia de lo que ocurría hasta ahora, han encontrado un altavoz en Internet para denunciar los enchufes.

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