Navacel, otra nota de esperanza

Es muy positivo que, en medio de esta gigantesca crisis, haya gente que invierte dinero y crea empleo. Somos muchos los que lo hacemos en empresas de tecnología pero no tanto en sectores más maduros. Por eso me ha parecido muy esperanzador el caso de Navacel, una firma naval que ha puesto en marcha una gigantesca factoría junto a la ría de Bilbao, en Erandio.


Navacel se dedica a la calderería, que es como se conoce a la construcción de grandes equipos de metal, normalmente para barcos o energía. Esta firma vizcaína, cuya web está incluso en chino, tiene naves en Alegría-Dulantzi y en Trapagaran, pero las más importantes son las de 16.000 metros cuadrados que inauguró hace un año en Erandio, junto a la ría.

Allí tiene capacidad para fabricar equipos de hasta 600 toneladas, que se introducen directamente en barcos para su transporte hasta el destino final. Es el caso de las ocho anclas de succión, de 9,5 metros de ancho y hasta 22 de largo, encargadas desde Israel para fijar al fondo marino un buque regasificador. En ese mismo ámbito, está negociando la fabricación de gigantescos equipos que se destinarán a medir la potencia de las corrientes submarinas con el fin último de aprovechar esa energía y para cuantificar la fuerza de los vientos en alta mar.

Navacel está muy bien posicionada en este campo, hasta el punto de que ha conformado una alianza con una cuarentena de empresas vascas, la BEOG (Basque Eolic Offshore Group). Es por cierto, un caso de éxito de un clúster, en la medida en que ha sido Adimde la que ha puesto sobre la mesa la conveniencia de crear este grupo. Ahí están también Vicinay, Ingeteam, CNN, Murueta, THG Hooks, Navalia y Sener.

Navacel da empleo a 160 personas y este pedido le ha permitido generar un par de decenas de puestos más. Y eso hoy en día es muy meritorio, por lo que convendría dar un aplauso público a su máximo accionista, Emilio Celorio. Poner en marcha esta planta supuso invertir la friolera de 26 millones de euros en unos tiempos en que lo más fácil parece ser quedarse en casa a verlas venir. ¡Que su ejemplo se multiplique!

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