Mi primera experiencia con Airbnb

AirbnblogoHe pasado dos días en Munich por razones profesionales y decidí probar Airbnb para alojarme. Lo he usado puntualmente para alquilar mi casa cuando no estoy en ella, pero era la primera vez que empleaba el servicio para mí. Y le he encontrado demasiados fallos para viajes de negocios.


Los expongo:
– Buscar y elegir una casa es relativamente sencillo, aunque exige tiempo un trabajo de concentración importante. Las fotos no siempre se corresponden con lo que luego te dan, hasta el punto de que hay casas en las que te colocan otra habitación distinta a la que vas a ocupar, y hay que leer bien los comentarios. Exige su tiempo, aunque hay que reconocer que, si vas a reservar un hotel en Booking u otra web similar, ocurre otrotanto. Si quieres ir a lo fácil, lo ideal es siempre escoger hoteles de cadenas tipo NH o High Tech que te garantizan siempre una calidad mínima.

– Una vez has escogido casa, empieza la aventura. Hay que proporcionar los datos de la tarjeta de crédito e incluso una copia de tu DNI, cosa que comprendo por evidentes razones de seguridad. Después todo queda en manos del anfitrión (host), que tiene 24 horas para aceptar o rechazar tu propuesta. Esto no me lo esperaba. Creía que la reserva era automática y esta parte no me ha gustado nada, puesto que exige hacer las cosas con mucho tiempo de antelación.

– Cuando el anfitrión ya te ha aceptado, tienes que ponerte de acuerdo con él para que te espere en algún sitio y a una hora concreta. Esta parte también me ha parecido poco atractiva si se compara con un hotel normal, que generalmente está abierto las 24 horas.

– La siguiente aventura es la llegada. Al margen de lo que puede costar localizar una casa situada en una calle secundaria, algo que hoy en día es relativamente sencillo gracias a los smartphones, el auténtico problema para mí fue la llegada. Solo disponía del nombre (no de los apellidos) y de la dirección (calle y número). Al llegar al portal, fui incapaz de saber en qué timbre tenía que llamar, puesto que se trataba de una casa de pisos. Llamé por teléfono al anfitrión (Airbnb te proporciona esta información) pero no cogió. Lo volví a intentar, también sin éxito. Así hasta que, pasados 25 minutos congelado en la calle, el buen hombre se dignó responder. “Lo siento, tenía el teléfono en silencio”, me respondió. Lamentable, pero muy posible. Con Airbnb no sabes lo que te puedes esperar.

– La casa en sí no estaba mal y relativamente limpia, aunque la escasa privacidad que proporciona ocupar una habitación en una vivienda habitada no me ha gustado. En el lado bueno, había wi-fi de calidad y una cocina que podía utilizar para cocinar. Es cierto que esto no te lo ofrece ningún hotel. Si repito, escogeré un apartamento para mí, sin otros habitantes.

Para vacaciones la opción de Airbnb me parece más atractiva, porque un anfitrión puede hacer un gran trabajo a la hora de guiarte y asesorarte para visitar una ciudad o una región. Me consta que hay muchos que lo hacen de maravilla, mucho mejor que en la recepción de cualquier hotel, donde lo que te encuentras habitualmente es gente que sabe sonreír y no mucho más. El no ir con prisas también ayuda.

¿Has probado Airbnb? ¿Qué opinas?

Nota: Durante mi espera, desesperado y helado, envié un tweet lamentando mi situación. Personal de Airbnb me localizó y me envió un email y me llamó por teléfono apenas media hora después (era domingo) para intentar ayudarme. Les dije que ya se había solucionado el problema y me remitieron un email pidiendo excusas y ofreciéndomo un bono descuento para mi próxima reserva. Hay que reconocer que operativamente, como compañía, son muy buenos.

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