Mi primer uso de Blablacar y la demanda de Confebus (Alsa)

blablacarHace un mes utilicé Blablacar por primera vez como conductor. Tenía que hacer un viaje Bilbao-Pamplona y no me apetecía ir solo (me aburre conducir), así que invité a otras personas a acompañarme previo pago de 9 euros por cabeza. Cuento mi historia ahora que, en pleno agosto, la patronal de compañías de autobús Confebus, liderada por Alsa, acaba de demandar a Blablacar para conseguir su prohibición en España. Como repetidamente ocurre en este país, las viejas guardias (por no utilizar otra palabra) piden ayuda a los poderes para seguir manejando a su antojo sus respectivos monopolios. Y normalmente suelen tener éxito.


En lo que a mi viaje a Pamplona respecta, decir que todo salió perfecto. Me embolsé 36 euros (9×4 personas) directamente y otros más por llevar a uno de los pasajeros a un sitio alejado, me entretuve mucho con la conversación y aprendí cómo funciona (de bien) Blablacar. Prohibir un instrumento sostenible y que aumenta la competencia en el sector del transporte me parece tan ridículo que me he indignado al leer que Confebus había demandado a esta startup francesa.

Pero en el fondo no me extraña. Las compañías de autobús, como ya relaté anteriormente, operan como monopolios en la mayor parte de las líneas españolas, para beneficio propio y para perjuicio de los pasajeros. El caso de los billetes Bilbao-Madrid, que cuestan por kilómetro el doble que los que unen la capital del Estado con Granada por el simple hecho de que los segundos compiten con el AVE, lo dice todo.

Confebus argumenta que hay conductores que se ganan un sueldito haciendo viajes con Blablacar. Es posible pero, de ser cierto, lo que deberían hacer las compañías de autobús es tomar buena nota y plantearse si los precios de sus billetes están justificados y si no tienen que introducir otras mejoras compensatorias que hagan más satisfactorio el trayecto en autocar. Un viaje Bilbao-Pamplona, por ejemplo, cuesta 15 euros con La Unión y 9 es lo que Blablacar recomienda a sus conductores en función de los kilómetros que separan una y otra ciudad.

El autobús siempre va lleno, con lo que la compañía se está embolsando más de 800 euros por recorrido. El chófer puede cobrar 15 euros por hora de trabajo y el diésel del autocar podría salir a razón de 50 euros por viaje, los impuestos son 80 euros (10%), con lo que hay un margen bruto de 600 euros. Hay que amortizar los vehículos, sí, pero es evidente que los precios de los billetes son muy altos para un viaje incómodo (asientos muy pequeños) en el que el wi-fi casi nunca funciona.

La Unión, que está participada por Alsa, tuvo un ebitda positivo de 1,2 millones de euros en 2013 con un margen superior al 15%. Sin apenas riesgo, el negocio es aparentemente redondo. Como viajero, me siento engañado, y espero que o bien la Administración liberalice sus líneas lo antes posible para que otras compañías puedan competir o bien que haya más y más conductores utilizando Blablacar para presionar para que las tarifas se acerquen a los 9 euros, que es un precio mucho más cercano a la realidad.

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