Los robots que vienen: van a quitarnos el trabajo y quizás el mando

Si algo me sorprendió en la edición 2015 de DLD, probablemente el mejor evento tecnológico de Europa, es que un ponente afirmara que en cinco años los robots podrán hacer cualquier tarea humana de tipo mecánico. Dicho de otra manera: la unión de big data (procesamiento de millones de datos en tiempo real) y mecánica generarán máquinas inteligentes capaces de sustituirnos en todo menos en aquello que requiera creatividad y trato personal.


Oficialmente se prevé que para 2025, dentro de diez años, un tercio de los trabajos hayan sido sustituidos por software, robots y máquinas inteligentes. Y el fenómeno está llegando incluso a la cuna de la mano de obra barata, China, donde una fábrica de electrónica tiene previsto reemplazar por robots al 90% de su plantilla, formada por 1.800 personas. Los 200 trabajadores restantes se dedicarán tan solo a supervisar a las máquinas.

Este futuro próximo de robots inteligentes plantea muchos retos de tipo ético pero también social, como por ejemplo cómo ofrecer trabajo a la gente que va a perderlo ante la competencia de humanoides que no cobran sueldo ni requieren vacaciones. Hasta hace pocos años la mayor parte de los economistas creían que esto no ocurriría, dado que históricamente unos empleos han ido siendo sustituidos por otros de nueva creación. Pero hoy existe un consenso en que ya no va a ser así.

Evidentemente, no va a quedar más remedio que empezar a pensar en que los gobiernos tendrán que proveer medios a una parte creciente de la población que no podrá acceder al mercado de trabajo. Incluso Bill Gates admite que será preciso crear salarios sociales allí donde no existen, como gran parte de España o EE.UU., porque dejará de haber taxistas, secretarios, cajeros de supermercado o enfermeras.

Más complicado va a ser proporcionar alternativas de subsistencia a funcionarios, médicos o abogados. Son oficios considerados de malor valor añadido pero que pronto podrán ser sustituidos por robots que emplean la inteligencia artificial para encontrar la mejor solución para cada caso. Véase en este sentido lo que está haciendo IBM con Watson.

Pensemos que jueces y políticos también podrán ser reemplazados por máquinas capaces de pensar más rápido y de tener en cuenta todos los factores en tiempo real. Que un robot nos opere ya es una realidad a día de hoy, por no hablar de los pilotos automáticos. Pero tenemos que empezar a ser conscientes de que una máquina también puede dar el mejor diagnóstico para una enfermedad o para un problema que implica a la opinión pública.

Evidentemente, se está gestando una auténtica revolución cuyo primer reto va a ser el de encontrar un acomodo a los profesionales humanos que hasta ahora desarrollaban estas funciones. Pero no es lo único que tenemos que resolver. Dejar decisiones de tal calibre en manos de máquinas que llegarán a ser más inteligentes que las personas plantea no pocos recelos de tipo ético y hasta militar.

Gurús como Bill Gates, Stephen Hawking o Elon Musk han advertido ya sobre la necesidad de pensar en la posibilidad de que estos robots se rebelen un día contra nosotros. Uno de los que más miedo ha metido es el profesor de Oxford Nick Bostrom, que incluso ha escrito un libro al respecto, Superintelligence.

A su juicio, debemos prever la posibilidad de que las máquinas creadas con inteligencia artificial, que hoy en día ya superan al ser humano, lleguen incluso a controlarnos y a replicarse ellas mismas. Algo así como lo que la ciencia ficción ya reflejó en películas como Terminator.

No hay que olvidar, en este sentido, que un software fue recientemente “arrestado” en Suiza por haber realizado compras de éxtasis en un mercado ilegal en Internet. Al parecer, el programa visitaba webs de manera aleatoria y adquiría productos de todo tipo exclusivamente a efectos estadísticos. La policía le pilló y actuó como si fuera un ser humano.

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