Las contradicciones que la crisis de Tubos Reunidos plantea para los sindicatos
La crisis que atraviesa Tubos Reunidos, el grupo industrial alavés especializado en la fabricación de tubos de acero sin soldadura, pone de manifiesto una serie de contradicciones en la actuación de los sindicatos. En un contexto de pérdidas millonarias y una deuda abrumadora, las movilizaciones como las huelgas no solo no resuelven los problemas de fondo, sino que podrían acelerarlos hacia un desenlace peor: el concurso de acreedores y el posible cierre. Analicemos la situación con detalle, basándonos en los datos financieros recientes y las opciones reales que tiene la empresa.
Una situación financiera insostenible
Tubos Reunidos cerró el ejercicio 2025 con unas pérdidas netas de 71,3 millones de euros, un duro contraste con los beneficios de 28,6 millones que registró en 2024. Estas cifras, aún preliminares y pendientes de auditoría, no incluyen el deterioro de activos derivado de la caída de actividad en mercados clave, lo que podría empeorar el balance final.
Además, la deuda financiera neta se ha incrementado hasta los 263,2 millones de euros, un aumento del 12,33% respecto al año anterior. Esta deuda, que vence en gran parte en 2028, representa más de cinco veces la capitalización bursátil actual de la compañía, que ronda los 44 millones de euros.
Estos números no son fruto de un mal año aislado. Tubos Reunidos arrastra problemas estructurales desde hace más de una década, lo que explica el acumulado de su endeudamiento. A pesar de haber reducido la deuda bruta en 160 millones desde julio de 2021 –gracias a un rescate público de 112,8 millones de la SEPI y otras medidas–, la compañía sigue lastrada por un modelo de negocio que no genera suficiente rentabilidad para cubrir sus obligaciones.
La cifra de negocio en 2025 alcanzó los 365,7 millones de euros, un 13% más que en 2024 y un 45% menos que en 2023. Lo peor es que sus márgenes son estrechos debido a la presión en precios, el impacto del tipo de cambio del dólar y costes fijos elevados que no se absorben con el volumen actual de pedidos.
Los desequilibrios estructurales de la empresa
Más allá de las cifras agregadas, Tubos Reunidos sufre desequilibrios profundos que van más allá de factores coyunturales como los aranceles impuestos por la administración Trump. Aunque estos gravámenes del 50% a las importaciones de acero han impactado duramente en el mercado estadounidense –históricamente el principal destino de sus exportaciones–, la compañía ha enfrentado desafíos crónicos.
El sector del acero global presenta una elevada sobrecapacidad estructural, con desequilibrios significativos entre producción y consumo que generan una competencia feroz y precios a la baja. Otros problemas incluyen la dependencia excesiva de mercados volátiles, como el oil & gas, y la ineficiencia en la cadena de suministro.
La empresa ha intentado diversificar hacia destinos como Canadá, Alemania, India y Oriente Medio, pero nuevos aranceles en Canadá y la inestabilidad geopolítica han limitado estos esfuerzos. Además, el cierre de su planta en EE.UU. en 2025 ya fue una medida de contención de costes, pero no ha resuelto el exceso de capacidad en sus instalaciones españolas, como la acería de Amurrio.
Las dos opciones reales: reestructurar o cerrar
En una situación como esta, con pérdidas recurrentes y una deuda que asfixia la liquidez, una empresa solo tiene dos opciones:
- Reestructurarse para reducir tamaño y buscar rentabilidad. Esto implica postergar pagos de deuda mediante acuerdos con acreedores y optimizar operaciones. Tubos Reunidos está apostando por esta opción con un plan de viabilidad que incluye más de 300 despidos –concretamente 301, de los cuales 87 son eventuales y 214 fijos– y la externalización de departamentos no estratégicos, como logística y la elaboración de palanquilla y lingote. También se prevé la interrupción paulatina de la actividad en la acería de Amurrio. Estas medidas buscan reducir costes y diversificar comercialmente, pero requieren un acuerdo laboral y financiero rápido para evitar el colapso.
- Cerrar mediante concurso de acreedores. En este escenario, la empresa entraría en liquidación, permitiendo que un inversor adquiera la unidad productiva libre de deudas y la relance. Sin embargo, esto supondría también perder empleo y tendría un impacto devastador en la reputación corporativa cara a los clientes.
Las contradicciones sindicales: ¿huelga o salvación?
Aquí radica la principal contradicción para los sindicatos. Los trabajadores han iniciado huelgas en respuesta al ERE, exigiendo la retirada del plan de despidos y mejores condiciones. Sin embargo, en un contexto de fragilidad financiera, una huelga prolongada no hará sino aumentar las pérdidas operativas –ya en 22,8 millones negativos en 2025– y acelerar los plazos de pago de la deuda, precipitando el concurso de acreedores.
El futuro de Tubos Reunidos no está en peligro por despedir a algunos empleados, sino porque el negocio subyacente no funciona de manera sostenible. Las movilizaciones, aunque legítimas para defender derechos laborales, podrían empujar a la empresa hacia la segunda opción: el cierre.
Los sindicatos se enfrentan a un dilema ético y estratégico. Por un lado, deben proteger a la plantilla actual; por otro, reconocer que sin ajustes drásticos, no habrá empresa para nadie. Históricamente, en casos similares como el de otras siderúrgicas europeas, las huelgas han acelerado quiebras en lugar de evitarlas. En Tubos Reunidos, con una plantilla de unos 1.300 empleados, el ERE afecta al 23%, pero podría ser el precio para salvar el 77% restante.
Conclusión: hacia un acuerdo necesario
La crisis de Tubos Reunidos no es solo un problema de aranceles coyunturales, sino de desequilibrios estructurales acumulados durante años. Los sindicatos harían bien en priorizar un acuerdo que minimice el impacto social –quizá mediante salidas no traumáticas, recolocaciones o planes de formación– en lugar de confrontaciones que agraven la situación.
De lo contrario, el riesgo es que la empresa, con 130 años de historia, termine en manos de un «valiente» inversor post-concurso, pero con muchos menos puestos de trabajo preservados y con los clientes buscando otro proveedor menos problemático. El tiempo apremia: un pacto en las próximas semanas podría ser la diferencia entre supervivencia y desaparición.
