Las claves del fracaso de iRobot: de pionero de la robótica doméstica a víctima de la competencia global y la geopolítica

Durante más de dos décadas, iRobot fue sinónimo de robótica doméstica. La roomba no solo inauguró una categoría de producto, sino que logró algo excepcional en tecnología de consumo: convertirse en un icono cultural, un verbo y un objeto reconocible incluso para quienes nunca habían comprado uno. Sin embargo, en diciembre de 2025 la compañía fundada en 1990 por tres roboticistas del MIT se declaró en quiebra. ¿Cómo puede fracasar una empresa que creó el mercado, vendió más de 50 millones de robots y llegó a facturar 1.560 millones de dólares en su mejor año?


La respuesta está en una combinación de decisiones estratégicas, cambios estructurales en el mercado y factores regulatorios que terminaron asfixiando a un pionero que no supo —o no pudo— adaptarse a tiempo.

  1. El éxito inicial sembró una peligrosa dependencia

El gran acierto de iRobot fue también, con el tiempo, su principal debilidad. El lanzamiento del Roomba en 2002 permitió a la empresa dar el salto definitivo del ámbito militar e industrial al consumo masivo. A partir de ahí, la compañía concentró gran parte de su estrategia y de sus ingresos en una única categoría: los robots aspiradores.

Aunque iRobot lanzó decenas de modelos y fue añadiendo mejoras incrementales —mapeo inteligente, conectividad, integración con asistentes de voz—, el núcleo del negocio apenas se diversificó. Mientras otras empresas tecnológicas usaban su “producto estrella” como trampolín hacia ecosistemas más amplios, iRobot quedó anclada a un hardware cada vez más comoditizado.

  1. De líder tecnológico a víctima de la comoditización

Durante años, iRobot mantuvo una ventaja tecnológica clara. Pero la robótica doméstica, especialmente la limpieza del hogar, dejó de ser un campo dominado por patentes difíciles de replicar. Fabricantes chinos como Roborock, Dreame o Ecovacs empezaron a inundar el mercado con productos más baratos, con prestaciones similares —o incluso superiores— y ciclos de innovación mucho más rápidos. En España la valenciana Cecotec es la que más apostó por esta gama.

iRobot, con una estructura de costes más alta y una marca posicionada en la gama media-alta, tuvo dificultades para competir en precio sin erosionar márgenes. El resultado fue una pérdida progresiva de cuota de mercado justo cuando la demanda empezaba a enfriarse tras el pico de la pandemia.

  1. La dependencia de la cadena de suministro china

Paradójicamente, la empresa que simbolizaba la innovación robótica estadounidense terminó dependiendo de su proveedor y financiador chino. Las disrupciones de la cadena de suministro global a partir de 2020 golpearon con fuerza a iRobot, elevando costes y reduciendo disponibilidad de producto en un momento crítico.

Esa dependencia se hizo aún más evidente en el tramo final: Shenzhen Picea Robotics, su principal fabricante y acreedor, acabará tomando el control de la compañía tras la reestructuración. Es un desenlace que ilustra la pérdida de autonomía estratégica de una firma que nació en el ecosistema universitario del MIT y acabó en manos de su socio industrial.

  1. El espejismo de Amazon como salida estratégica

El anuncio en 2022 de la compra de iRobot por Amazon por 1.700 millones de dólares fue interpretado como un final feliz. Para iRobot, significaba acceso a escala global, músculo financiero y una integración natural con el hogar conectado y Alexa. Para Amazon, reforzar su posición en el smart home con un producto icónico y millones de hogares ya conquistados.

Sin embargo, la operación encalló en Europa. Los reguladores comunitarios temían que Amazon utilizara su dominio del marketplace para perjudicar a competidores de iRobot o limitar la competencia en robots aspiradores. En enero de 2024, ambas compañías cancelaron la operación ante la “ausencia de un camino viable” para lograr la aprobación.

El impacto fue devastador: desplome bursátil, salida del CEO histórico Colin Angle y un recorte del 31% de la plantilla. iRobot había apostado todo a esa operación y no tenía un plan B creíble.

  1. Una empresa demasiado grande para pivotar, demasiado pequeña para resistir

Tras el fracaso del acuerdo con Amazon, iRobot quedó atrapada en tierra de nadie. Ya no era una startup ágil capaz de reinventarse, pero tampoco un gigante con recursos suficientes para aguantar una guerra de precios prolongada. El préstamo de 200 millones de dólares de Carlyle en 2023 solo sirvió para ganar tiempo.

Los ingresos llevaban cayendo desde 2021 y en 2025 la propia compañía reconoció “dudas sustanciales” sobre su capacidad para seguir operando. Los intentos de encontrar un comprador alternativo fracasaron, y la bancarrota se convirtió en la única salida.

  1. Un fracaso que va más allá de iRobot

El caso de iRobot es también una advertencia más amplia. Muestra las dificultades de escalar empresas de hardware avanzado en un mercado global dominado por fabricantes de bajo coste, la fragilidad de depender de una única categoría de producto y el peso creciente de la regulación como factor estratégico.

Para sus fundadores, el desenlace es “una tragedia para la innovación estadounidense”. Para el mercado, es el recordatorio de que crear una categoría no garantiza dominarla para siempre. iRobot enseñó a los robots a moverse por nuestros salones; lo que no logró fue encontrar la forma de moverse con la misma agilidad en un mundo cada vez más competitivo, regulado y globalizado.

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