La nueva queja vasca: ahora nos faltan enchufes
Los diversos gobiernos vascos han ido construyendo relatos en torno a supuestas discriminaciones de Madrid hacia Euskadi. A veces tenían razón, como ocurrió en los años noventa con el tren de alta velocidad, y otras veces no. Este último es el caso de las líneas de alta tensión que llegan a Euskadi, que de la noche a la mañana se han convertido en prioritarias, pese a que el principal culpable de que no tengamos suficiente electricidad está o ha estado en Lakua.
El problema es cierto que existe. Me consta que Mercedes necesita, si sus planes de ampliar la fábrica de Vitoria se mantienen, un sustancial incremento de la capacidad de sus enchufes. También hay un par de proyectos de nueva creación, alguno de la economía circular especialmente interesante, que se van a quedar paralizados si no se les asigna la potencia eléctrica necesaria.
Asimismo, hay que mencionar las grandes baterías que unos cuantos operadores quieren colocar en varios puntos de Euskadi para acumular electricidad en horarios de bajo coste para venderla cuando suben los precios. El último ejemplo lo aportaba el CEO de Vidrala, Raúl Gómez, durante una reciente visita institucional a sus instalaciones de Llodio, cuyos hornos son especialmente exigentes a la hora de quemar gas natural: «El acceso a la energía competitiva que nos falta hoy, representa el freno del mañana».
Se refiere a la necesidad, conocida por otra parte desde hace décadas, de tener o bien yacimientos propios de hidrocarburos, algo descartado por decreto, o de generación eléctrica. Suprimido Lemoiz, agotado el pozo de gas de La Gaviota, cerradas las térmicas de Santurtzi y Pasajes, santificados nuestros montes para que no se llenen de molinos de Gamesa y restringuidas las placas fotovoltaicas a los tejados de Arasur al sur de Alava, la opción del kilowatio producido localmente ha dejado de ser viable.
Así que, si no queremos que nuestras fábricas (el 53% del consumo) y casas se apaguen, solo queda una opción: traer la electricidad que generan en otros puntos relativamente cercanos y especialmente la eólica de Aragón, la solar andaluza y, curiosa contradicción, la nuclear de Francia. Y ésta última es la única que avanza, dado que Redeia está construyendo un cable submarino que nos va a conectar directamente con Burdeos, el Gatika-Cubnezais.
Las otras redes no están exentas de problemas. En La Rioja, donde los vascos hemos dejado de caer simpáticos desde que les quitamos parte del negocio del vino, no quieren saber nada de que nuevos cables de alta tensión crucen su territorio. Y eso que Antxon Alonso, el «giputxi» que trabajaba para Santos Cerdán, ex secretario de organización del PSOE, estuvo reunido con diversos políticos en nombre de Forestalia.
Esta empresa, uno de los grandes promotores de las renovables aragonesas, lleva años tratando de recabar los apoyos políticos necesarios para poder unir eléctricamente los molinos de La Muela con los centros de consumo de Valencia y Euskadi. Son las conocidas autopistas eléctricas, que suelen alcanzar los 440 kv, la mitad que la línea Gatika-Cubnezais.
Actualmente Euskadi está unido eléctricamente al resto de la Península a través de tres líneas de 440 kv que cruzan la provincia de Burgos. Son herencia de las que traían la luz desde los saltos del Duero y Garoña, central nuclear ya paralizada. Evidentemente, son insuficientes.

Así lo reconoce el Gobierno Vasco: «El proceso de electrificación de la red de alta potencia se ha quedado claramente rezagado con respecto a cualquiera de nuestros competidores vecinos». ¿Y por qué no han invertido más los grandes operadores como Iberdrola? Hay varias razones:
- Porque no les han dejado los políticos. El propio Iñigo Ansola, ex director general del EVE del Gobierno Vasco reconocía hace unos días, con cierta inocencia, haber estado reunido con directivos de Forestalia, incluido Antxon Alonso, que querían plantearle su apoyo a las líneas eléctricas hacia Alava y Gipuzkoa. «Lo estudiamos y no vimos que fuera interesante para Euskadi», asegura haberles contestado hace seis años. ¡Gran paradoja!
- Porque el gestor de la mayor parte de estas líneas es actualmente Redeia, una sociedad semi-pública que tiene escasos incentivos para hacer apuestas a futuro.
- Porque los operadores privados creen que sus inversiones no están bien remuneradas. El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, aportó algunos datos hace unos días: actualmente reciben el 5,58% anual de lo invertido y cree que debería ser el 7,5%. Esto es no tanto una especie de interés por lo gastado como una compensación por los costes de mantenimiento que les generan. Dado que hay carencias, quizás haya que pensar en pagar más, a los operadores y a los territorios afectados, porque para que esas líneas de alta tensión lleguen a Euskadi hay que «manchar» los montes de nuestros vecinos.
