La larga lista de multinacionales que han invertido en Euskadi en los últimos 50 años
El consejero de Industria del Gobierno Vasco, Mikel Jauregi, no da una. Hoy asegura en una entrevista en El Correo que las inversiones extranjeras son «la asignatura pendiente que nos queda» y que en 50 años «no hemos sabido atraer una inversión de una empresa referente a nivel mundial». Y se queda tan ancho.

Hagamos un repaso de todas las que no se han limitado a comprar, como hicieron Siemens con Gamesa, ArcelorMittal con la Acería Compacta de Bizkaia, Assa Abloy con Tesa, Randstad con Laborman, Indra con Azertia, Unilever con Agra, Pepsico con Kas, Nabisco con Artiach, SNA con Acesa, GKN con Ayra Durex, Nestlé con Miko, Hoover con Otsein, Bolton con Garavilla, Bayer con Viralgen o Daimler Benz con Industrias del Motor (actual Mercedes Vitoria):
- Rolls Royce. Detrás de su inversión, junto con la de Sener, está ITP.
- Philips. Montó una fábrica de móviles en Zamudio junto con Telefónica, Indelec, finalmente absorbida por Ericsson y hoy cerrada.
- Daewoo. Montó una fábrica de lavadoras en Vitoria-Gasteiz, hoy cerrada.
- DHL. La firma logística alemana está detrás del hub de carga de Foronda.
- BP. Participó en la puesta en marcha de Bahía de Bizkaia.
- ESB. Esta eléctrica irlandesa promovió la central de ciclo combinado de Boroa.
- Saunier Duval. Esta firma, hoy integrada en Vaillant, abrió en los noventa una fábrica de aparatos de aire acondicionado en Vitoria-Gasteiz.
- Radisson. La cadena norteamericana de hoteles abrió un establecimiento de lujo en Bilbao en 2022. Otras empresas de turismo que han entrado en Euskadi en los últimos años son Accor (Mercure, Ibis, Formule 1), Leonardo (Nyx), Nobu y Marriott.
Jauregi echa la culpa a ETA de la carencia de inversiones extranjeras, pero hay muchas más razones combinadas. Uno de los principales obstáculos es el tamaño del mercado. Euskadi, con poco más de dos millones de habitantes, no ofrece por sí mismo una escala suficiente para ciertos proyectos internacionales que buscan grandes volúmenes de consumo o rápida expansión.
A ello se suma una barrera menos tangible pero igualmente relevante: la cultura empresarial. El tejido productivo vasco ha estado históricamente muy arraigado en empresas familiares y grupos industriales con una fuerte identidad local. Este modelo ha sido clave para su éxito, pero también ha generado cierta resistencia —explícita o implícita— a la entrada de capital extranjero.
Otro factor determinante es el idioma y la percepción cultural. Aunque pueda parecer secundario, el uso del euskera y una identidad cultural muy marcada pueden generar cierta distancia en inversores internacionales que buscan entornos más homogéneos o fácilmente comprensibles. No se trata de una barrera real en términos operativos, pero sí influye en la percepción inicial, que es clave en la toma de decisiones.
Por otro lado, Euskadi compite en desventaja en el terreno de la visibilidad global. Carece de grandes hubs financieros, sedes corporativas de multinacionales o eventos internacionales de referencia que actúen como imán para el capital extranjero. La atracción de inversión no depende solo de las condiciones objetivas, sino también de la capacidad de proyectar una imagen atractiva y reconocible a escala global.
Incrementar la inversión extranjera exige una estrategia más proactiva: simplificación administrativa, mayor coordinación institucional, apertura cultural y, sobre todo, una narrativa clara que posicione a Euskadi como un destino competitivo en sectores clave como la industria avanzada, la energía o la tecnología.
