Gnúbila, la empresa de cloud comprada por Indra y que promovió un hijo de Felipe González

Felipe González
Felipe González (Photo credit: Wikipedia)

Estos días se habla mucho de los pelotazos del ex presidente Felipe González: los 126.000 euros que se va a embolsar por seguir perteneciendo al consejo de administración de Gas Natural y los 300.000 que ha ganado con la compra por parte de Indra de la firma Gnúbila, promovida por su hijo Pablo González Romero. ¿Qué hacía esta empresa para que Indra haya pagado 1,5 millones de euros (que pueden llegar a ser 7) por ella?


Es difícil saberlo. Esto del cloud es una palabra que incluye muchas cosas en la medida en que todas se ejecuten en la nube, en Internet, en lugar de en el ordenador. Oficialmente, Gnúbila ha desarrollado una tecnología que incluye todos los elementos necesarios para pasar del PC a la nube, de forma relativamente sencilla, un software concreto. Esto incluye un servidor de aplicaciones, base de datos y los sistemas necesarios para que todo funcione, así como algunas aplicaciones básicas. Es lo que formalmente se denomina PaaS (Plataforma como Servicio).

Por decirlo de forma sencilla: Gnúbila permite que una empresa que hacía programas de forma tradicional pueda hacerlos para cloud en un abrir y cerrar de ojos. El software, por su parte, puede estar hecho con diversos lenguajes: .NET, Java, PHP, Ruby, Perl y Python. Y a través de sus alianzas con Amazon, Telefónica, IBM y Microsoft (Azure), puede ofrecer un producto completo, hosting incluido.

Entrada-sede-Indra-Alcobendas-mEn principio sí parece una tecnología potente y necesaria, aunque compite con monstruos como IBM, SAP, Google y, sobre todo, Salesforce, además de la catalana Abiquo. En este sentido, es lógico que en 2011 a Indra le interesara acercarse a Gnúbila, una startup que había sido creada en 2000 en Sagunto de la mano de Alfonso Ríos Alonso, hasta entonces investigador del CERN, el laboratorio suizo en el que se pusieron los cimientos de la World Wide Web en el siglo pasado.

Ríos se dedicó en una primera fase a hacer webs para terceros, una labor que evidentemente no implica ningún desarrollo tecnológico. En una segunda fase, con financiación de Caja Rural de Toledo, desarrolló la tecnología cloud de la mano de once informáticos. Aquí todo se lía un poco porque aparecen en acción otras compañías dedicadas aparentemente a la misma actividad, como la manchega Maat-G, la extremeña Kaktoo o Nozzle, y otros personajes, como Javier Monzón (presidente de Indra), el ex político Santiago Jiménez Barrull (ex director general de Telefónica TSAI), el ex político Joaquín Moya-Angeler (ex presidente de la Corporación Tecnológica de Andalucía y ex presidente de IBM España) y el propio Pablo González Romero.

Además, también aparecen los suculentos fondos públicos de I+D, fundamentalmente europeos, para financiar proyectos de una y otra empresa en el área de la e-salud infantil. Para controlar este entramado entra en acción una nueva sociedad, Oyauri Investments, en la que participan todos los anteriores y que es en la que ha tomado el control Indra, en 2011 solo parcialmente como socio tecnológico y ahora de forma completa.

Ahora se ha sabido que el propio Felipe González se hizo con un 10% de este holding tras desembolsar 376 euros. Evidentemente, tanto político en una empresa tecnológica no tiene muy buena pinta, así que me inclino por la teoría de la conspiración: buscaron una startup interesante y actuaron como conseguidores para venderla a un buen postor.

Esto no deja en buen lugar, una vez más, al emprendimiento en España. Si para triunfar hay que pasar por La Moncloa o por las sedes de los partidos, en lugar de demostrar en el mercado que se dispone de un buen producto con capacidad de ser vendido, estamos en la senda equivocada. El mensaje que se lanza a la sociedad no es bueno: búscate enchufes, que lo demás da igual. Y así no vamos a arreglar los problemas estructurales de un país en el que lo menos valioso parece seguir siendo el trabajo duro y la innovación.

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