Fallece Felipe Rebollo, fundador de H2Site

Hoy se ha conocido el fallecimiento del ingeniero Felipe Rebollo (Barakaldo, 1962), que en 2018 fundó la startup H2Site, una de las cinco que mayor valoración tienen actualmente en Euskadi. Lo ha comunicado su hijo utilizando su perfil de Linkedin, que rápidamente se ha llenado de numerosos testimonios de personas que conocían a este auténtico conector de profesionales de todo tipo.


Fue esa vocación por ayudar a los demás de forma altruista la que le llevó a colaborar con Secot para asesorar a emprendedores en sus primeros pasos. Empezó echando una mano a dos chicas que querían poner en marcha una agencia de comunicación y terminó implicándose al 100% en un proyecto que le llegó desde Tecnalia.

El centro tecnológico había conseguido, de la mano de una universidad holandesa, una patente para producir hidrógeno in-situ y necesitaba que alguien lo impulsara. A Rebollo le sedujo la idea de crear una startup desde cero y se lanzó. Así nació Hydrogen Onsite, SL, más conocida como H2Site, una empresa gestada en 2018 con un pequeño equipo de Tecnalia.

Su objetivo era elaborar un primer prototipo para poner a prueba la viabilidad del proyecto, un hito que él prácticamente consiguió. ¿Por qué lo apartó Tecnalia? Probablemente porque, una vez resuelto el reto más industrial, lo que H2Site necesitaba era un perfil más comercial, puesto que la captación de inversores se había convertido en prioridad.

Rebollo ha seguido desde entonces colaborando con emprendedores en proyectos industriales y tecnológicos, que son los que más conoce. Le había conocido en 2006 de la mano de una iniciativa del Bilbao Metrópoli 30 de José Antonio Garrido y hablaba con él con frecuencia. Unas veces él me ayudaba a entender algunas tecnologías y otras yo le guiaba en el mundo de la comunicación, que siempre le atrajo, consciente de que es la forma más rápida de conectar ideas y proyectos.

Rebollo era, al mismo tiempo, generoso y humilde, dos cualidades escasas que le convertían en una persona querida por mucha gente. Y como buen ingeniero, tan organizado que, en vísperas de su muerte, había previsto hasta el último detalle para que todo el mundo supiera de primera mano que nos había dejado. A su hijo solo me queda decirle que sí, ha dejado huella.

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