El significado de la salida de Jon Ander de las Fuentes de Euskaltel
La salida de Jon Ander de las Fuentes de Euskaltel no es un movimiento más dentro del ya agitado tablero corporativo de las telecomunicaciones. Es, en realidad, un síntoma bastante elocuente de cómo ha cambiado —y sigue cambiando— la naturaleza de lo que fue uno de los grandes símbolos empresariales de Euskadi.
De las Fuentes conoce bien Euskaltel. Ha ido y venido en dos ocasiones, en un reflejo casi perfecto de las distintas etapas que ha atravesado el operador. Su primera salida se produjo tras la irrupción de los fondos que tomaron el control de Euskaltel con el objetivo de ordenar la compañía y, en última instancia, facilitar su venta a MásMóvil, posteriormente integrada en MásOrange.
Aquella operación marcó un antes y un después: Euskaltel dejaba de ser, en lo sustancial, un proyecto de raíz institucional vasca para convertirse en una pieza más dentro de la lógica de consolidación del sector. Su regreso se produjo en una fase distinta, cuando José Poza, el fundador de Ibercom (posteriormente MásMóvil) aún conservaba una influencia determinante en la compañía.
Era un momento de transición, en el que todavía se intentaba preservar cierta identidad propia dentro de un proceso que ya apuntaba hacia la integración total. Esa integración se consumó definitivamente con la absorción por parte de Orange. Y es en ese nuevo escenario donde la figura de De las Fuentes adquiere un significado particularmente revelador.
Bajo la dirección de Meinrad Spenger, el directivo vasco pasó a desempeñar un papel más institucional que ejecutivo: una suerte de embajador local encargado de mantener las relaciones con las autoridades y de sostener, al menos en apariencia, el vínculo emocional de Euskaltel con su territorio de origen.
Pero ese rol tenía límites muy claros. No había poder real ni capacidad de decisión. Mientras tanto, la estructura operativa de la compañía se iba desplazando progresivamente fuera de Euskadi. Departamentos enteros, con la excepción del área comercial, fueron trasladándose a Madrid, en una dinámica que reducía el peso efectivo del histórico operador vasco a una marca con valor simbólico.
En ese contexto, la posición de De las Fuentes corría el riesgo de convertirse en puramente decorativa. Una figura útil desde el punto de vista reputacional, pero cada vez más alejada de los centros donde se toman las decisiones. Una situación difícil de sostener para alguien con trayectoria ejecutiva.
Su salida, por tanto, no sorprende tanto por el hecho en sí como por lo que refleja: la culminación de un proceso en el que Euskaltel ha dejado de ser un actor autónomo para integrarse completamente en una estructura corporativa de alcance mucho mayor, donde las sensibilidades locales cuentan, pero no determinan.
El destino elegido tampoco es menor. Su incorporación a Kutxabank, bajo la presidencia de Antón Arriola, implica un cambio de registro hacia el sector financiero y, además, bajo una condición significativa: dedicación exclusiva. Un requisito que contrasta con la flexibilidad que había mantenido hasta ahora, compatibilizando su rol en Euskaltel con encargos puntuales vinculados a José Poza y al entorno de Stellum.
Este último aspecto añade otra capa de lectura. Ni siquiera la posibilidad de mantener esa doble vertiente —corporativa e inversora— parece haber sido suficiente incentivo para permanecer en un puesto cada vez más vacío de contenido ejecutivo.
Resulta, en todo caso, llamativo que la estrategia futura de Kutxabank vaya a recaer en un perfil financiero en una organización donde este tipo de perfiles ya abundan. La elección apunta a una apuesta continuista en lo técnico, aunque abre interrogantes sobre el grado de renovación real en la visión estratégica de la entidad.
En definitiva, la marcha de Jon Ander de las Fuentes no es solo una cuestión de nombres propios. Es el reflejo de una transformación más profunda: la de Euskaltel como proyecto, la del papel de sus antiguos gestores y, en última instancia, la de la propia capacidad de decisión empresarial en el ámbito local frente a las grandes dinámicas de concentración del capital.
