El auge de los data centers: ¿una infraestructura imparable o una burbuja por colapsar?

En los últimos años, la expansión de los data centers —las gigantescas infraestructuras que almacenan y procesan datos para servicios digitales y aplicaciones avanzadas, especialmente inteligencia artificial (IA)— se ha disparado a nivel global. No se trata sólo de una tendencia pasajera: según informes de consultoras sectoriales, España podría sumar más de 600 MW de capacidad IT hasta 2027, consolidando a Madrid y Aragón como hubs clave del sur de Europa.


En el conjunto de Europa y América, la inversión proyectada en este sector alcanza cifras de decenas de miles de millones de euros, impulsada por la demanda de IA, cloud computing y digitalización masiva. Pero este auge, aunque prometedor, viene acompañado de retos técnicos, económicos, sociales y ambientales que están reconfigurando el debate sobre el futuro de la infraestructura digital.

Una infraestructura en expansión… con límites visibles:

  • Demanda energética y sostenibilidad. Los data centers consumen enormes cantidades de electricidad para operar y enfriar miles de servidores las 24 horas del día. Proyecciones recientes apuntan a que la demanda energética de estas instalaciones podría triplicarse en la próxima década en regiones como Estados Unidos, debido a IA y otras cargas informáticas. A nivel global, estimaciones señalan incrementos de varios decenios en consumo, presionando redes eléctricas ya tensas y empujando al sector hacia soluciones como energías renovables, baterías y sistemas de refrigeración más eficientes. En lugares como Chile, comunidades locales han alertado del uso intensivo de agua en estos centros, comparable al consumo diario de ciudades de hasta 50 000 habitantes.
  • Retos de infraestructura y logística. La ejecución de estos proyectos no es trivial. A corto plazo, la capacidad de la red eléctrica, disponibilidad de agua, suministro de piezas clave y talento especializado son barreras reales para que proyectos prometidos se materialicen completamente. Además, la logística de materiales (como sistemas de alimentación ininterrumpida o refrigeración líquida avanzada) sigue teniendo plazos de entrega de hasta 12–24 meses, afectando la velocidad de despliegue.
  • Economía: ¿una oportunidad o una apuesta riesgosa? El sector se está beneficiando de capitales gigantescos inyectados por los grandes actores tecnológicos. Meta, Google, Microsoft, Amazon y otros han comprometido inversiones enormes en infraestructura para IA y servicios en la nube. Sin embargo, voces prominentes dentro de la industria advierten que el modelo económico podría no ser sostenible. Por ejemplo, el CEO de IBM ha señalado que construir y operar centros de datos a escala de gigavatios hoy costaría decenas de miles de millones de dólares por unidad, y que el retorno de la inversión, con la tecnología y los costos actuales, “simplemente no cuadra”. Este tipo de análisis recuerda a algunos observadores a la burbuja de telecomunicaciones de los años 2000, aunque otros analistas señalan que las diferencias fundamentales pueden hacer que esta vez el resultado no sea el mismo (la demanda de IA y servicios cloud sí tiene modelos de monetización reales). Por otro lado, inversores expertos advierten que demasiados proyectos se están construyendo sobre una lógica de “build it and they will come”, sin clientes firmes asegurados, lo que podría derivar en una crisis de financiación hacia 2027–2028 si no se moderan las expectativas.
  • Contrapuntos sociales y políticos. La rápida proliferación de estos centros ha generado rechazos ciudadanos y políticos: En Estados Unidos, más de 230 grupos ambientales han exigido una moratoria nacional en la construcción de nuevos data centers, citando impactos en tasas eléctricas, consumo de agua y emisiones. El senador Bernie Sanders ha propuesto una pausa legislativa mencionando preocupaciones económicas y medioambientales vinculadas a la construcción masiva de estas infraestructuras. Organizaciones de justicia ambiental subrayan que comunidades vulnerables, a menudo con menores recursos, soportan impactos negativos desproporcionados relacionados con aumento de tarifas y contaminación local. Localmente, residentes han bloqueado o ralentizado proyectos valorados en decenas de miles de millones de dólares, señalando que muchos centros se instalan cerca de barrios o tierras agrícolas con poco beneficio neto para la comunidad.

¿Qué ocurrirá en los próximos años?

  • Un ajuste en la expansión. El boom actual podría dar paso a un periodo de consolidación y racionalización, donde sólo los proyectos con respaldo de clientes sólidos y modelos energéticos sostenibles prosperen.
  • Más regulación y debates públicos. Las presiones políticas y ambientales podrían traducirse en marcos regulatorios más estrictos, tanto para consumo energético como para uso de suelo y protección comunitaria. La moratoria que piden grupos y políticos podría materializarse, en parte o por sectores, especialmente alrededor de redes eléctricas ya saturadas.
  • Innovación tecnológica orientada a la eficiencia. Para que el crecimiento sea viable, el sector deberá invertir en tecnologías de refrigeración avanzadas, automatización energética, sistemas de IA que optimicen uso de hardware y metodologías que reduzcan el consumo per cápita de cómputo. Esto podría redefinir la propia arquitectura de los centros de datos.
  • Reconfiguración geográfica del sector. Áreas con acceso fiable a energías limpias, infraestructuras robustas y apoyo comunitario podrían tomar más protagonismo, mientras que zonas con redes débiles o resistencia local verán una desaceleración de proyectos nuevos.
Etiquetas:

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *