Cuando el software falla: Bridgestone y varios gobiernos, muy molestos con IBM

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Dicen que contratar a IBM (u otras consultoras de postín) supone pagar un sobreprecio para garantizarse que no habrá problemas en un proyecto. Esto puede que ya no sea cierto. A IBM se le han enfrentado recientemente tres clientes porque los proyectos que le encargaron no se desarrollaron correctamente. Es el caso de Bridgestone y de los gobiernos de Pennsylvania (EE.UU.) y Queensland (Australia).


Bridgestone ha llevado el caso ante los tribunales al entender que un sistema defectuoso elaborado por IBM le ha generado daños por valor de 600 millones de dólares. Al parecer, el software borró y duplicó pedidos de los clientes e impidió que las ruedas pudieran ser entregadas a tiempo y que los centros logísticos se pudieran gestionar correctamente. IBM alega que había advertido al cliente de que el despliegue del sistema era prematuro.

El Gobierno de Pennsylvania no le ha demandado pero sí ha cancelado un contrato que ya llevaba tres años de retraso y que superaba en 60 millones de dólares lo previsto en un primer momento. Al parecer, esto último ocurre con cierta frecuencia, tanto por la aparición de costes no previstos inicialmente como por la generación de nuevas necesidades a lo largo de la ejecución de un proyecto informático.

Algo parecido ha ocurrido en Queensland, cuyo gobierno canceló un contrato tras detectar que el coste original (6 millones de dólares australianos) se había duplicado y no funcionaba. Lo curioso es que la reacción oficial ha sido en este caso la de prohibir a IBM presentarse a otros concursos públicos. Tras una investigación, la conclusión fue que algunos ejecutivos de la multinacional informática habían actuado de manera poco ética, lo que da a entender que pudo haber corrupción en la adjudicación.

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