Consejos para que haya más startups

Leí el otro día con mucha atención un decálogo de Jesús Encinar, uno de los emprendedores que más admiro, para que en España haya más startups. Con algunos de ellos estoy de acuerdo, con otros no tanto y creo que hay que introducir algunos matices importantes. ¡No todo vale para conseguir que haya más startups!


Estos son mis matices:

– Algunas administraciones han mostrado históricamente una disposición total a ayudar a la creación de startups. Lo digo después de haber creado dos empresas en Bizkaia, cuya Diputación foral es sumamente receptiva con las necesidades de los emprendedores. No solo en cuanto a ayudas sino también con menores tipos impositivos y mayores exenciones. Así ocurre, por ejemplo, con el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, que suponía pagar el 1% del capital de una sociedad tanto al crearla como al ampliarla y que fue suprimido por el Gobierno central en diciembre de 2010.

– En algunas administraciones existen estímulos fiscales para los business angels. Es el caso de Madrid, donde las inversiones en empresas radicadas en Madrid tienen una deducción especial en el IRPF. Sean nuestras o de otros, por cierto, lo cual es muy positivo. Supongo que es cuestión de tiempo que esto llegue a Euskadi.

– Los emprendedores sí tenemos formalmente responsabilidad limitada. ¿Es cierto que cerrar una empresa con deudas nos puede pasar factura después? Solo si habíamos puesto garantías personales (lógico) o si hemos hecho algunas cosas mal mientras éramos administradores de la sociedad. En cualquier caso, lo correcto sería cerrar una empresa antes de dejar de pagar a Hacienda o a la Seguridad Social. Esto de impagar a las administraciones es un deporte nacional que no se produce en otros países.

– Las subvenciones no son necesarias pero sí que ayudan. En cualquier caso, estoy completamente de acuerdo con Encinar en que hay que desviar el dinero público para que llegue a las startups de otra forma. Fundamentalmente, a través de fondos de capital-riesgo, que son mucho más eficientes a la hora de administrar esos fondos y que permiten llegar mucho más lejos. Me gustan mucho, en este sentido, las ayudas de CDTI (Ministerio de Ciencia), en la medida en que complementan otras inversiones particulares. El sistema consiste en prestar un euro al que pone otro. Y eso es mucho más práctico que tener que rellenar cien papeles para obtener una subvención a fondo perdido que después hay que justificar con otros cien documentos.

– Los centros tecnológicos a veces pueden funcionar. La startup en la que estoy más involucrado en este momento está trabajando con Vicomtech, un centro de San Sebastián que nos está aportando un know-how que en España no podríamos haber conseguido sin haber invertido centenares de miles de euros (que no tenemos). También he tenido experiencias negativas, eso sí.

– Las principales limitaciones que tenemos en España tienen que ver con la cultura y con la educación, dos aspectos muy relacionados entre sí. Por una parte, evitar el miedo al fracaso, que atenaza a todo el mundo. Por otra parte, transmitir confianza en uno mismo a los más jóvenes, lo que probablemente pasa por sacarlos de casa con 18 años. Y finalmente, mejorar radicalmente el sistema educativo para que sea menos memorístico y más práctico. Son cambios que no se hacen en dos días y que requieren un consenso político muy amplio. Es preferible una sociedad en la que todo el mundo quiera ser emprendedor a una en la que el destino favorito es el funcionariado.

– El cambio cultural tiene mucho que ver con la importación de capital humano extranjero y para esto en España deberíamos tenerlo muy fácil, pues somos un destino muy atractivo. He oído a muchos emprendedores, como Encinar, contar lo difícil que es muchas veces traer a un experto extranjero. Por cierto, en Bizkaia existe una oficina pública que facilita este tipo de tramitaciones.

– Las stock options, por mucho que las favorezcamos fiscalmente, no tienen sentido en España mientras los trabajadores no las valoren. Lamentablemente, no hay muchos casos de éxito que permitan a un empleado ser consciente de que puede ganar mucho más dinero como opcionista de una empresa que como simple asalariado.

– ¿Hacen falta muchos trámites en España? Al margen de que las medidas del Gobierno central de diciembre de 2010 van en línea de simplificar el proceso de creación de una empresa, creo que ya antes no era excesivamente complejo. Yo creé Alianzo con mi socio en apenas 15 días. Pero estábamos operando desde tiempo antes. Solo constituimos cuando necesitamos facturar. Por lo tanto, no es cierto que los trámites ahuyenten a los proyectos. Otra cosa es que quieras abrir al público un local en tu ciudad, en cuyo caso efectivamente sí que existen un montón de licencias que no son precisamente ágiles. Pero para una startup que funciona en la habitación de tu casa no hace falta gran cosa.

– ¿Es muy caro ser autónomo? Los 250 euros mensuales pueden parecer mucho o poco. El problema de fondo es que todo el mundo cree que la sanidad y las pensiones son gratuitas y no es así. Se financian de lo que todos pagamos por Seguridad Social cada mes. Viéndolo así, 250 euros no es tanto dinero. Por cierto, un problema que siempre he tenido como emprendedor es explicar a mis trabajadores que su coste real es muy superior (casi el 40% más) al que figura en su nómina. Ningún empleado valora lo que la empresa paga por él en términos de Seguridad Social. Y esto da mucho que pensar.

– Estoy completamente de acuerdo con Encinar en que las startups deberían tener despido libre. Aunque esto ha mejorado sustancialmente en los últimos años, creo que el sistema laboral actual, basado en convenios sectoriales y provinciales aplicables a todas las compañías, es demencial para las startups. No se puede comparar a un banco con una empresa de tecnología recién creada y… tenemos las mismas condiciones laborales. Yo me lo pienso 30.000 veces antes de contratar a alguien. Y en caso de duda, no lo hago. Es peor que un matrimonio.

– Miguel Angel Díez y Eneko Knörr no se van a EE.UU. porque allí vayan a tener mayores facilidades para contratar o para gestionar sus sociedades, sino porque el mercado es mucho más grande. Son 350 millones de personas contra los 40 de España. Europa no existe como mercado único. No lo olvidemos.

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