Asier Albizu (Biolan): “En noviembre lanzamos nuestro test de coronavirus y todo el mundo nos lo quiere comprar”

Asier Albizu (Eibar, 1968) es ingeniero agrónomo y, tras entregar unos años de su vida al servicio público, decidió emprender en el sector que mejor conocía: el primario. Su empresa, Biolan, nació en 2006 y hoy factura más de 3 millones de euros al año vendiendo microbiosensores para productos alimentarios, a los que próximamente se añadirá un test rápido de coronavirus que “todo el mundo quiere comprar”.

Esto es lo más interesante que nos contó en la entrevista que le hicimos:

  • Biolan nace en 2006 para solucionar un problema que hasta entonces tenían los enólogos: durante la recepción de la uva, no tenían ninguna herramienta sencilla para medir su calidad. Con la ayuda de un microbiosensor se puede medir rápidamente el nivel de ácido glucónico, que es uno de los parámetros que marcan si la uva es buena. “Había otras tecnologías, pero ésta era la más veloz de todas. Lo pusimos en un powerpoint y creamos la empresa para empezar a fabricarlo y venderlo”, explicó.
  • Albizu había conocido la necesidad durante una fiesta de la vendimia en la que los propios enólogos le reconocieron que la solución podría pasar por el ácido glucónico. Años después conoció a un catedrático de química analítica de la Universidad Complutense que había desarrollado una tecnología capaz de medirlo rápidamente. “Me había quedado con la copla y vi que esa posibilidad podía casar con lo que necesitaban los bodegueros. Así que decidimos aplicar la electroquímica para medir el ácido glucónico. Es una ciencia antigua pero que hemos industrializado para que se pueda vender”, explicó.
  • La suma de Albizu y de la Universidad Complutense permitió poner en marcha Biolan en 2006. Se sumaron al proyecto el CSIC de Barcelona y el centro tecnológico Neiker. Posteriormente entrarían inversores particulares como Norberto Mugarza o Mikel Urizarbarrena y fondos como Orza, Talia (Garavilla) o Kereon. “El capital resultó fundamental para poder desarrollar el producto y que funcionara con la calidad necesaria. Pero también ha hecho falta un poco de suerte”, reconoció.
  • Ese golpe de fortuna llegó en 2014, precisamente cuando Biolan estaba a punto de cerrar. El equipo no funcionaba y la tecnología daba muchos fallos, lo que sumado a la crisis había reducido las ventas sustancialmente. Pero entonces se juntaron los astros: los microbiosensores empezaron a funcionar bien y la empresa encontró un nuevo tipo de cliente: las empresas que tratan con pescado y necesitan medir los niveles de histamina. “El precio del atún se regula en función de este parámetro y hemos podido aplicarlo también a la sardina o la anchoa. Nos expandimos rápidamente por todo el mundo y en 2016 conseguimos el ebitda positivo”, explicó.
  • Biolan tiene hoy unos 60 trabajadores, el 78% mujeres, y cuenta con siete delegaciones en varias zonas del mundo. Sus beneficios se han multiplicado pero se siguen reinvirtiendo en la mejora de la calidad y en nuevos productos. De ahí han nacido una nueva unidad de producción y una centrada en la conectividad de datos que permitirá próximamente enviar automáticamente los datos de los biosensores para su posterior análisis. Además, su división Biolan Health está aplicando la tecnología de la empresa a la producción de tiras serológicas que permitirán detectar la inmunidad a la covid-19. “Estamos validándolas ahora para empezar a fabricarlas el 30 de noviembre. Nuestra ventaja es que, cuando surgió la pandemia, teníamos ya otras cosas en marcha en el ámbito de la salud. Costarán entre 10 y 15 euros, no darán falsos positivos y la respuesta estará lista en cinco minutos. No vamos a tener problemas para venderlas. El mundo del diagnóstico es infinito, así que seguiremos innovando en esta línea”, explicó.

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