¿Algún día solo podremos comprar suscripciones?

Hubo un día no muy lejano en el que todos aquellos que vivían en las ciudades del norte estaban suscritos a la entrega de la leche recién ordeñada a diario a un precio más o menos fijo. Después llegaron la luz, el agua, el teléfono, el gas o el transporte público, que se cobran mensualmente. Y esto va a más. Cada día hay más productos y servicios que se venden como suscripción, con pagos periódicos. ¿Llegará un día en que todo se comercialice de esta manera?

Lo cierto es que el de las suscripciones es uno de los modelos de negocio más seguros que puede haber, en cuanto genera facturaciones recurrentes a costes previsibles. Además, facilita mucho el trabajo de los financieros. El coste de captación se diluye a lo largo del tiempo y tiende a igualarse al ARPU (ingreso medio por usuario). De ahí que en las empresas que operan con este modelo el marketing se convierte habitualmente en un gasto amortizable capaz de maquillar cualquier cuenta.

Para el consumidor tipo, que generalmente no se quiere complicar mucho la vida haciendo cálculos, también es genial en cuanto le facilita la vida. Con una planificación inicial le resulta sencillo llegar a final de mes sin agobios. Puede dedicar su tiempo a disfrutar y no tanto a gestionar, una actividad que siempre genera más pereza.

Estos son algunos de los productos que cada día se van a vender más en formato suscripción:

  • El uso del coche. ¿Qué sentido tiene comprar un vehículo y mantenerlo para después usarlo solo puntualmente? El coche se usará como suscripción y podrá pagarse por hacer uso de servicios adicionales.
  • El cine. ¿Qué decir de Netflix y las otras plataformas que permiten ver películas a cambio de una módica suscripción mensual? Se supone que en España nadie pagaría nunca para ver contenidos en Internet, una afirmación que ha quedado completamente en entredicho.
  • Pasta de dientes, crema de afeitar, productos de belleza y un largo etcétera de artículos que necesitamos con cierta frecuencia y que el día menos pensado ya no necesitaremos comprar en el supermercado porque nos llegará a casa sin darnos cuenta.
  • El envío de compras en general. Ahí está Amazon Prime, que ha conseguido que muchos paguen periódicamente para poder hacer ilimitados pedidos.
  • Ropa. Ahí está el modelo de Lookiero, que remite de forma periódica una caja con prendas teóricamente seleccionados por un personal shopper humano o de inteligencia artificial. Pero esto ya lo había inventado Birchbox con sus cajas de belleza de envío periódico.
  • Relaciones personales más o menos íntimas. ¿Qué decir de Tinder y sus métodos de selección de pareja? O de parejas, porque hay quien la usa para poder probar diversos platos.
  • El café con curasán de las mañanas. La cadena norteamericana Pret A Manger ha lanzado en el Reino Unido una suscripción al café matinal por unas 20 libras mensuales. Algo parecido quiere intentar Taco Bell con los tacos en Arizona. Y alguna lo quiere probar incluso con la cerveza.
  • Comida para cocinar en casa. Esta fue una de las grandes tendencias en Silicon Valley hace apenas cinco años de la mano de startups como Blue Apron, que envían a domicilio los ingredientes para preparar un plato. Ha venido para quedarse.

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