En marketing se habla mucho de lo bueno que es para una marca conseguir que su nombre se convierta en el genérico del producto. Es el caso de Kleenex, de Dodotis, de Cola-Cao, de Albal, de post-it o de aspirina. Y también de una empresa vasca, Sancheski, que estos días ha anunciado su intención de volver al mercado.
Creo que el sancheski marcó a toda mi generación. Se trata de una tabla de skate, también conocida como monopatín, que hizo las delicias de los más jóvenes a principios de los años ochenta, en paralelo con el naranjito del Mundial de 1982 o el cubo de Rubik. Casi todos los niños tenían uno, aunque por aquel entonces no había pistas preparadas para patinar.
“En esta época de skaters, patinadores en línea, expertos en deportes extremos urbanos, les voy a recordar que los pioneros fuimos los treintañeros que a principios de los años 70 y 80 poblábamos las calles y plantamos la primera semilla de lo que hoy es el popular Skating. Pero los ahora skates o tablas, antes eran llamadas monopatines y el Sancheski era el rey absoluto”, cuenta un bloguero.
“El Sancheski podía llegar a ser como el mar, nunca podías saber lo que te podría deparar. Cuando creías tenerlo dominado, te asestaba la puñalada en forma de castañazo. Entonces eso de las protecciones era una quimera. Las huellas de la batalla entre tú y el Sancheski a menudo se veían lacradas en tus codos, rodillas y tobillos. Su forma puntiaguda lograba golpear sin remisión tus tobillos si a alguien se le escapaba el diablo naranja y te encontrabas cerca”, añade.
Pese a aquel éxito, el producto languideció y durante muchos años solo era objeto de coleccionista. Sancheski dejó entonces de fabricar y se dedicó entonces a comercializar prendas deportivas, un negocio con el que es más fácil competir con los chinos. Hasta ahora. La empresa irunesa que lo fabricaba ha vuelto a las andadas, con diversos modelos de colores chillones más o menos cercanos a eso que llaman “la moda urbana”.
Sancheski vende ahora sus monopatines como un producto de polietileno y aluminio (el antiguo creo recordar que era de madera y acero) que facilita los giros en pistas y calles. Si no me equivoco, será la tercera vez que esta empresa se reinvente. Ya lo hice en los setenta y en los noventa, cuando pasó a vender prendas deportivas, pues su fundación original data de 1931. Sancheski era, por cierto, la suma del apellido de los fundadores (Sánchez) y ski.
Eso sí. Que nadie se espere ahora una comercialización masiva. Los nuevos skates de Sancheski solo estarán disponibles a través de Internet y en algunas tiendas especializadas de Barcelona, Madrid y Euskadi. Digamos que es un producto para los skaters que quieren estar a la última y que quieren una tabla adicional, ya que por su tamaño la pueden llevar fácilmente en la mochila. El precio: 99 euros.
Confío en que hagan bien eso que tan mal se nos da a los vascos: el marketing. En su día utilizaron una técnica de marketing viral realmente infalible: crear un equipo de patinadores, el Sancheski Team. Gracias a las demostraciones que hacían de pueblo a pueblo, trasladándose todos en una furgoneta decorada, los niños empezaron a animarse a montarse en estas tablas, hasta entonces absolutamente desconocidas en Euskadi e incluso en Europa.
Ahora tengo más dudas. Por una parte, porque su página de Facebook apenas está actualizada. Por otra parte, porque su blog se actualiza muy poco. Si no se espabilan, les van a ganar otros vascos que también están intentando posicionarse en el mismo campo y que no tienen tanta historia pero sí más conocimiento de las nuevas redes sociales: Scooter Xtreme, que comercializa patinetes de paseo y scooters freestyle.
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"Sancheski, una empresa vasca que dio nombre a un producto"
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