Hace poco tiempo Federico Lipperheide Wicke cumplía 80 años en un hotel de Getxo. Se trata del sobrino de José Lipperheide Henke, el empresario secuestrado en Neguri a principios de los ochenta, y heredero de una familia que llegó a controlar todo el sector químico vasco. Sin embargo, Federico Lipperheide es más conocido por su esposa, Dolores Aguirre, dueña de una importante ganadería taurina, y por sus gustos culinarios, ya que preside la Academia Vasca de Gastronomía.
Su padre, Friedrich, se estableció en Bilbao en 1921, junto con sus hermanos Francisco, Enrique y José, el secuestrado, para explotar minas a través de la sociedad Somimet, siglas de Sociedad Bilbaína de Minerales y Metales, que exportaba la mayor parte de su producción. Parece ser que en el negocio también participaba la familia Guzmán, en concreto Rafael Guzmán, y que sus tentáculos se extendieron más allá de Euskadi e incluso hasta lo que hoy es Marruecos.
Los Lipperheide hicieron mucho dinero con los productos metalúrgicos. Especialmente a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando su origen germánico les permitió exportar con facilidad a Alemania, entonces muy necesitada de minerales y metales. De hecho, la bibliografía dice incluso que Friedrich estuvo afiliado al Partido Nazi, algo muy común por entonces entre la oligarquía procedente de este país, y que llegó a colaborar con las SS desde España.
Entre 1939 y 1945, con el apoyo de los bancos de Bilbao y Vizcaya, los Lipperheide pusieron en marcha toda una serie de empresas que harían historia en la industria química vasca y estatal: Minersa, Unquinesa (actual Dow Chemical), Hidro-Nitro, Nitratos de Castilla (Nicas), General Química, Induquímica o Agra (actual Unilever). Al parecer, siempre utilizó patentes de firmas alemanas como compensación por los productos que exportaba a este país.
Este imperio químico sólo terminaría con la apertura económica de los setenta, que permitiría la irrupción de las multinacionales en España. Pese a todo, los Lipperheide siguieron implicándose en empresas de nueva constitución, ligadas especialmente a la petroquímica, como Petronor, Befesa, Derivados del Flúor, Icoa, Indumetal o Ceplástica (Compañía Española de Plásticos).
Cuando fue secuestrado en 1981, José Lipperheide presidía más de una docena de empresas y era consejero de otras tantas. Su sobrino Federico Lipperheide Wicke era entonces vicepresidente del Banco de Vizcaya. Al parecer, hicieron falta dos comandos de entre seis y ocho personas para llevárselo. Según El País, el rescate ascendió a 120 millones de pesetas de la época (1982), aunque la petición inicial era muy superior.
La familia no abandonó sus inversiones, aunque su protagonismo se ha reducido sustancialmente. No parece que el espíritu industrial de sus padres haya proseguido e incluso su histórica relación con el BBVA desapareció tras el descubrimiento de las cuentas ocultas de Jersey. Federico Lipperheide Wicke, entonces consejero, tuvo que dimitir e incluso fue citado a declarar ante Garzón.
De todas formas, la familia mantiene inversiones a través del fondo de capital riesgo Ibersuizas y de Brunara, en este último caso junto a los Delclaux. También hay quien se ha implicado en la política vasca. Una de las nietas de Friedrich, Verónica Lipperheide, ha sido concejal del PP en Getxo, aunque ahora trabaja para una constructora en Madrid.
Además, varios miembros de la familia participan activamente en la vida cultura vasca. Sin olvidar la creación de la Academia Vasca de Gastronomía, José Antonio Lipperheide Guimón fue uno de los impulsores de la ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Opera) y otro sobrino, Guillermo Lipperheide, es un reputado pintor-decorador.
Nota: La foto que ilustra la noticia es de los cuatro hermanos en los años sesenta y está recogida de un estudio de Puig y Castro.


29/05/2009
Muy buen post, así se amplía la línea de este blog de hacer la historia económica de Euskadi.