unquinesaEs lo que ocurre cuando se acostumbra mal a la gente. Tras el pelotazo que Villar Mir dio con la recalificación de terrenos de Fertiberia (Sefanitro) y su posterior adquisición por el Grupo Afer, ahora todas las empresas quieren seguir el mismo camino. Aquello, que supuso la destrucción de 90 empleos, se justificó por la presencia de una compañía contaminante en el casco urbano. Dow Chemical quiere ahora hacer lo mismo en Leioa.

dow1Como la recalificación de terrenos no llegaba, la empresa ha anunciado el cierre de la planta, lo que supone la eliminación de 46 empleos. Es una auténtica pena, pues se trata de una de las compañías químicas más antiguas de Euskadi. Fundada como Unquinesa (Unión Química del Norte de España, Sociedad Anónima) por la familia Lipperheide tras la Guerra Civil, ocupaba amplios terrenos entre Erandio y Leioa y posteriormente también en Lasesarre (Barakaldo), donde empleaba a centenares de personas y llegó a tener incluso una escuela de aprendices. El barrio de Astrabudua, en Erandio, nació a su vera, al igual que el Grupo Unquinesa de Barakaldo. También patrocinó un conocido equipo de baloncesto.

Fue la primera empresa que fabricó metanol de síntesis y poliestireno (plástico) en España y figuró entre las 100 mayores compañías del país. De ahí que la multinacional Dow Chemical se fijara en ella para entrar en el Estado. Se hizo primero, en 1960, con la mitad del capital y después fue comprando el resto en lo que constituyó en su momento una de las principales inversiones norteamericanas en España. No hace ni unos meses la revista corporativa reconocía públicamente a sus empleados más antiguos de Leioa.

El primer directivo que Dow Chemical envió a Bilbao, Paul Oreffice, escribió un libro en el que relató algunas sabrosísimas anécdotas de “su aventura” que no dejan en muy buen lugar a los fundadores de la empresa: “Cuando llegué, Unquinesa era una empresa que facturaba 8 millones de dólares, que tenía 3.100 empleados y que estaba corrompida de arriba abajo (…) Los dos directores, Federico Lipperheide y Rafael Guzmán, habían fundado la compañía y la gestionaban como si fuera un coto privado”.

unquinesa2¿A qué se refería por corrupción? También lo explica: “Los dos directores tenían casi 8.000 pies cuadrados de oficina, incluyendo salones en los que recibían visitas. Había 28 Mercedes y 27 chóferes a su disposición. El hermano de uno de los directores llevaba los seguros de la empresa y otros hermanos tenían el monopolio del transporte marítimo y el del suministro del material de oficina. Perdían dinero, pero siempre lo habían ocultado (…) En la primera reunión a la que acudí, los directores estaban discutiendo qué hacer con los beneficios del año anterior. Las tres principales preguntas eran: ¿Cuánto debemos pagar en dividendos?, ¿cuánto debemos entregar a los directores? y, finalmente, ¿cuánto debemos dar al Gobierno? No pagaban impuestos”.

Para solucionar el entuerto, Oreffice habó con Pedro Basabe (en realidad, se refiere a Pedro Careaga Basabe), el conde de Cadagua, presidente de la compañía en representación del Banco de Vizcaya, a quien convenció para echar a los Guzmán y los Lipperheide. Y lo consiguió. “Cuando marché de Bilbao, tres años después, teníamos 1.600 personas y facturábamos 30 millones de dólares. Nos habíamos desprendido de los Mercedes y de los chóferes”, concluye. Así consiguió poner a la empresa en el camino de la rentabilidad.

dowSin embargo, en los sesenta la química se convirtió en petroquímica y el petróleo en su principal materia prima, en lugar del nafta y los residuos siderúrgicos. Por ello, en 1967, Dow Chemical decidió abrir una nueva planta mucho más moderna en Tarragona, donde se acababa de poner en marcha una moderna refinería de petróleos. Esto explica por qué los Lipperheide se interesaron poco después por la creación en Bilbao de lo que con el tiempo sería Petronor.

Sea como fuere, Dow Chemical mantuvo sus intereses en Leioa, aunque fue cambiando el nombre de la empresa, que en 1974 perdió el apellido Unquinesa. Bilbao seguía centralizando las actividad de la multinacional en España, aunque esto cambiaría en los setenta. Hoy, ese papel lo ocupan Tarragona y las oficinas principales de Madrid. Dow Chemical fue cerrando sus pabellones de Leioa. Hoy muchos de ellos siguen en ruinas o han sido convertidos en aparcamientos. Apenas mantiene dos pequeñas plantas de poliestireno en las que trabajan 46 personas y que cerrará antes de que termine el año.

Las razones oficiales de la clausura mencionan la crisis pero también un entorno urbano que “dificulta las posibilidades de desarrollo industrial a medio largo plazo”. Dicho de otra forma: es más rentable que nos recalifiquen los terrenos para que podamos venderlos para hacer pisos. Por cierto, en el colmo de las casualidades, los Lipperheide fundaron tanto Sefanitro como Unquinesa.

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