DLD16: inteligencia artificial, internet de las cosas y un mundo sin trabajadores humanos

dan tapscott y el blockchainUno de los puntos fuertes de DLD es que, por su proximidad a Davos, acuden a esta conferencia algunos de los gurús que después se van a Suiza a predecir el futuro. Este año había unos cuantos platos fuertes en este ámbito, como Jeremy Rifkin y Albert Wenger, que coincidieron en muchas cosas en torno al futuro del trabajo. Veamos.


Lo más importante es que la inteligencia artificial y los robots que resultan de ella con capacidad de procesamiento superior al ser humano nos van a llevar a un mundo en el que el trabajo de las personas va a ser prácticamente innecesario. Se habló incluso de científicos artificiales, lo que da una idea de la revolución que se avecina.

Este escenario plantea no pocos retos pero también múltiples oportunidades:

– Retos. El principal es el desempleo que ya se está generando. De ahí que los organizadores hubieran invitado a Albert Wenger, el principal apóstol de la “renta básica universal” de unos 1.000 euros al mes, para explicar sus tesis. El defiende que todos los seres humanos podamos tener un mínimo para vivir independientemente de que trabajemos, más o menos como ya ocurre con las pensiones de jubilación. Como principal argumento a su favor, recordó que Finlandia va a poner en marcha una iniciativa de este tipo y Suiza ha convocado un referéndum para aplicarlo. Wenger tiene un blog en el que explica muy bien el concepto de salario básico universal.

– Oportunidades. Jeremy Rifkin, que reconoció haber asesorado a Angela Merkel a la hora de buscar nuevas posibilidades de empleo, mostró una gran esperanza en la inteligencia artificial, las nuevas fuentes de energía y la Internet de las Cosas como alimentos fundamentales de una nueva revolución industrial, la cuarta. Recuerda que desde los años noventa estamos reduciendo la productividad y que la única forma de evitar la destrucción de los recursos naturales es la aplicación de una “economía colaborativa” en la que pasemos a compartir bienes en lugar de poseerlos.

Sea como fuere, parece que nos adentramos en épocas convulsas en las que gran parte de los principios económicos que nos regían van a dejar de tener validez. También lo harán, como bien indica nuestro Guillermo Dorronsoro, las capacidades que tendrán que enseñar los centros educativos y que tendremos que aplicar en nuestra vida profesional y personal.

Sectores económicos enteros, como el del automóvil o el del petróleo, tendrán que ser repensados. Sin ir más lejos, Rifkin apuntaba que el valor que tendrá que aportar en el futuro una compañía como Iberdrola no radicará en la distribución de electricidad sino en la analítica que mejore la cooperación entre productores y consumidores de luz. ¡Apasionante!

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