¿Hay que irse de España, como recomiendan Varsavsky y Grifols?

Esta última semana dos de los empresarios que más admiro, Martín Varsavsky y Víctor Grifols, han recomendado emprender fuera de España y, en concreto, en EE.UU. El catalán criticaba exclusivamente a los diversos gobiernos locales («aquí no se paga» y «no se garantiza una cosa tan trivial como el agua») y el argentino aportaba razones estructurales que no se van a resolver en unos pocos años. El tema exige una reflexión profunda.


Antes de empezar, he de precisar que mi relación con Varsavsky es estrecha, desde que en 1999 yo fuera uno de los que se animó a participar en la fundación de Ya.com bajo su impulso (la mejor decisión de mi vida, por cierto), y que antes de las elecciones de 2011 creé un grupo en Facebook promoviendo su figura como ministro de Industria. Entonces, el empresario argentino estaba muy activo proponiendo medidas para que el futuro gobierno creara empleo. No le han hecho mucho caso.

Analicemos el asunto. Grifols se queja básicamente de una cosa: invertir en España tiene desventajas sobre hacerlo en otros sitios. Las quejas de Varsavsky son tres:
– Racismo ideológico. En España no se trata bien a los judíos (y él lo es)
– Envidia hacia el que tiene éxito (y él lo es). He de reconocer que algunos artículos de Varsavsky en su blog, alardeando de sus triunfos o sus numerosas viviendas, no son muy apropiados en el contexto español y así se lo he transmitido más de una vez.
– El Gobierno no está haciendo nada para crear empleo y sí para destruirlo (facilitar el despido).

Estas son mis reflexiones al respecto:
– El tema de los judíos es particular de Varsavsky. Pero es cierto que en España necesitamos más gente de fuera, sean judíos, chinos o de otras culturas con capacidad de riesgo y de trabajo. Si en su día los echamos, deberíamos ahora compensarlos con una mayor receptividad, como ya se está haciendo con los sefardíes.

– España tiene desventajas competitivas en ciertos aspectos (por ejemplo, la Seguridad Social es una carga enorme y el desconocimiento generalizado del inglés no es bueno) y ventajas en otros (clima, creatividad). Efectivamente, es un desastre en la prestación de servicios públicos. Pero no en todas partes. En Euskadi, por ejemplo, el funcionamiento de todo lo que depende de la Administración es comparativamente bueno. ¿Qué hace falta? Evidentemente, mejores gestores de lo público. Gente como Varsavsky debería estar en la Administración. Son los partidos políticos los que lo impiden. Eso sí que requiere una importante mejora.

– El maltrato al emprendedor que denuncia Varsavsky es real. Se trata de un problema cultural que va a llevar muchos años resolver. Probablemente, la crisis ayude en ello. Pero también ayudaría que se diera una patada a los niños a los 18 años para que se tengan que buscar la vida y no dependan de sus padres hasta edades inverosímiles. De todas formas, el apoyo público al emprendimiento es efectivo desde hace muchos años en Euskadi y Barcelona y desde hace algunos menos en otros puntos como Madrid.

– Efectivamente, el Gobierno no está haciendo nada. La duda que tengo es si realmente podría. Una de las propuestas de Varsavsky iba en el sentido de eliminar la Seguridad Social para nuevas contrataciones. Desde luego que ayudaría. Imagino que no hay dinero para ello, pero quizás se podría haber conseguido limpiando más la Administración. Lo cierto es que hay mucha gente decepcionada y algunos, como Varsavsky, no tienen tiempo para lamentaciones y han preferido marcharse.

– Para mí, el principal problema que hay ahora en España es la cultura de trabajo. Me cuesta entender que, con el nivel de paro que tenemos, la gran mayoría de los trabajadores siga concibiendo el trabajo como un mal inevitable y no como una oportunidad de desarrollo personal. Parece que solo el ocio es positivo y que el que curra más horas de las que le corresponden es un pardillo. En otros países no es así y por eso nos están ganando cada día. En España existe una gran carencia de gente motivada y dispuesta a absorber responsabilidades y una gran abundancia de personas que odian su trabajo.

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