Los problemas financieros de un gigante como Urazca, que en 2007 facturó 300 millones de euros, pueden arrastrar a todo el tejido empresarial vasco. Por una parte, si los trabajadores no cobran, su consumo se va a resentir. Por otra, los problemas se van a extender a todos sus proveedores, como ya se denuncia en algunos blogs de Internet.

¿Cuál es la solución? Urazca llevaba varios meses con problemas y sus primeras iniciativas han consistido en retrasar pagos y ampliar créditos. Sin embargo, los bancos han cortado el grifo y los proveedores han empezado a quejarse y a no seguir suministrando. Es lo que ha sucedido en Asturias, donde la empresa vasca no ha tenido más remedio que paralizar una importante promoción.

Agotado el tiempo, la situación se vuelve muy compleja. En este momento, a Urazca sólo le quedan dos opciones:
- Vender parte de su patrimonio, lo que a la larga le va a perjudicar en la medida en que también reduce sus principales fuentes de financiación.
- Declararse en suspensión de pagos, con lo que es un juez el que le autoriza a no pagar a nadie hasta que se aclare la situación. Pero las suspensiones de pagos pasan factura a largo plazo (¿quién se va a fiar de Urazca a partir de ahora?) y, si no se sale de ellas, acaban derivando en quiebra.

Sea como fuere, cuando una gran empresa entra en este tipo de situaciones, termina arrastrando a otras muchas, generando una crisis generalizada en la economía. Y no sólo en la construcción. Urazca subcontrata a compañías de servicios publicitarios, limpieza o telecomunicaciones. Los bancos y cajas también se ven afectados, por el impago, al igual que Iberdrola, que no deja de ser quien le proporciona la luz. Es, en fin, un efecto dominó de consecuencias inesperadas. Y lo peor de todo es que los rumores sobre problemas financieros empiezan a afectar a otras firmas vascas de construcción.

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