Aunque pasen relativamente desapercibidas, hay muchas ocasiones en que nuestros políticos hacen bien las cosas y se merecen nuestro aplauso. Una de ellas se ha producido recientemente en torno a La Naval, el astillero vizcaíno que tendría pocas expectativas de supervivencia de no haber entrado el Gobierno Vasco en su capital a través de Socade.
El reto no era sencillo. Por una parte, supone destinar dinero público a una empresa privada que ha venido recibiendo ayudas durante muchos años y que opera en un mercado relativamente maduro. Por otra, el máximo responsable de las ayudas, el consejero de Industria Bernabé Unda, fue director general del astillero cuando estaba en manos del Estado.
Atacar al Gobierno Vasco por esta última circunstancia estaba al alcance de cualquier político de la oposición. Y sin embargo, han callado e incluso cooperado con Unda, que ante el peligro que corría, bien podría haberse quedado parado para evitar riesgos personales. Todos los partidos han hecho piña en torno a la posibilidad de financiar con dinero de todos a La Naval para que, de esta forma, pueda acceder a contratos que requerían una cierta solidez económica. ¡Bravo por todos ellos!
Eso no quita para que no a mí me quede un gusto amargo. Sabida es mi opinión sobre esos dinosaurios empresariales que periódicamente necesitan dinero público para poder competir en un mercado teóricamente libre. Se habla del efecto tractor de La Naval y de la posibilidad de que entre en un nuevo sector de plantas eólicas marinas, pero es un discurso que me recuerda mucho al que han venido entonando los que defendían la apuesta por Babcock. Y creo que hay empresas que es mejor dejarlas morir porque se les ha pasado el arroz y solo asi podemos dejar sitio para que crezcan otras nuevas.
Sea como fuere, este excepcional ejemplo de consenso político creo que nos debería marcar el camino a seguir en muchos otros casos. Estas son las cosas que yo he aprendido y que quiero compartir:
- Las decisiones estratégicas (“de país”) requieren amplios consensos. Lo lógico es, por tanto, que los políticos se coordinen entre ellos antes de tomar decisiones que nos afectan a todos. Evitar refriegas políticas (y comerciales), que cada día cansan más a los ciudadanos, es fundamental.
- La oposición está para cuestionar, preguntar y, cuando se hacen las cosas mal, criticar. Pero también para apoyar cuando algo se hace bien. No vale todo en política. Debe haber unos principios que todos los partidos deben respetar. Y uno de ellos es que un tema tan crítico como la industria debe contar con el respeto de todo el mundo. El PNV ha demostrado, en este caso, entrega y generosidad.
- En los puestos políticos hace falta gente que conozca bien los problemas y las soluciones. Es obvio que Unda sabía bien qué podía hacer el Gobierno Vasco en favor de La Naval. Y así ha actuado. Con seguridad pero también con valentía.


Hombre JAM …tambien hay consenso con la ley sinde, o con la famosa gripe A, con la ayuda a las cajas, tambien habia consenso para recibir al rey de marruecos y al de libia..o hasta hace poco para recibir cordialmente a ben ali o a mubarak en la internacional socialista…
Cuando los politicos se ponen de acuerdo ponte a temblar y tapate los bolsillos, como en este caso…
Si dentro de dos o tres años estamos en las mismas y ese supuesto plan de viabilidad falla ¿que hacemos? ¿alguno de estos que se ponen de acuerdo les bajaran el sueldo, dimitiran o tendran algún castigo?
Me apuesto lo que sea que en dos o tres años estamos en las mismas y habrá que poner más dinero…
Y además si es tan viable ¿por que los trabajdores no se hacen con la empresa y se hipotecan o se arriesgan su propio dinero? Lo facil es decir la misma gilipollez de siempre “es una empresa tractora” “mucha gente en la zona vive de ello”…y demás chorradas y mentiras. Lo único que se juegan algunos es su puesto politico y algunos han visto una salida laboral de puta mdre…