Hoy se hacen eco en El Confidencial de un relato de la prensa mexicana sobre los trapicheos de CAF para conseguir un contrato en el país azteca. Al parecer, el Rey Juan Carlos trató de convencer al presidente Vicente Fox para que adjudicara unos trenes suburbanos a la firma vasca.

El contrato había ido inicialmente a parar a la compañía francesa Alstom, tras descartarse la oferta de CAF por insolvencia técnica. Sin embargo, tras la intervención del monarca y de Zapatero, se encontró un fallo en la documentación de Alstom y los trenes se volvieron a licitar, con lo que CAF pudo bajar el precio y llevarse finalmente el ferrocarril.

Y no es la primera vez que se atribuye a la empresa guipuzcoana el recurso a “mediadores” políticos para obtener contratos fuera de España. Lo cierto es que este tipo de licitaciones son un nido de tiburones, donde sin malas artes es casi imposible ganar. ¿Debería CAF regirse exclusivamente por la ética? Yo no lo tengo nada claro.

Utilizar los amiguismos y otras triquiñuelas para ganar contratos no es lo apropiado. La propia Alstom ha hecho lo propio en otros casos, como el AVE sevillano. Los concursos deberían regirse exclusivamente por razonamientos técnicos y económicos. Nunca deberían cerrarse en base a relaciones entre países y mucho menos personales. Sin embargo, el mundo real suele estar muy alejado del ideal.

El hecho es que si CAF no recurriera a los “amigos”, muchos trenes no se habrían fabricado en Euskadi y mucha gente no habría tenido empleo. ¿Qué hacer? ¿Taparse los ojos? Mucho me temo que no nos queda otro remedio en este mundo.

Incoming search terms:

  • AVE CAF fallos

Temas: ,