La noticia económica de la semana es la fuga de la empresa británica, Reckitt Benckiser, que durante muchos años ha mantenido una fábrica en Güeñes (Bizkaia). Su decisión de abandonar Euskadi ha depertado el pánico entre políticos y trabajadores.

¿Quién es?
Es el resultado de la fusión de Reckit & Coleman, que tenía su sede española en Bilbao, y Benckiser, que operaba desde Barcelona pero tenía sede social en Holanda. La empresa, que tiene su sede en el Reino Unido, es conocida por la fabricación de los siguientes productos: Strepsils, Calgonit, Air Wick, Harpic, Clearasil, Colón, Oxi Action, Flor, Calgon, Woolite o Cedar. En Güeñes sólo fabricaba la línea infantil Nenuco.

Su director general es el holandés Bart Becht, procedente de Benckiser, y su presidente es Adrian Bellamy. Su principal accionista es el holging JAB Investments, que reúne las inversiones del alemán Johann A. Benckiser. Tiene una entrada en la Wikipedia (por cierto, ya está actualizada con el caso de Güeñes).

¿Por qué se va?
La razón oficial es el traslado de la producción a otras plantas europeas con menores costes, al parecer tanto de producción como de transporte. Lo cierto es que en el mundo de las multinacionales la contundencia a la hora de tomar este tipo de decisiones es algo que se premia con aumentos en Bolsa, que es el criterio único por el que se rigen. La responsabilidad social corporativa y demás inventos recientes no tienen importancia, salvo que se trate de la zona en la que tiene su sede la compañía, en este caso Londres.

¿Qué efectos tiene su marcha?
Perderán su trabajo los 190 empleados fijos y otro centenar temporal, además de los de las empresas proveedoras.

¿Pierde dinero?
No, en el primer semetre del año ha ganado 367 millones de libras, un 6% más que en 2005. Además, su cotización en bolsa sube de forma continua. De hecho, en España patrocina el equipo de baloncesto de Granollers, donde está su sede estatal.

¿Qué piensan hacer las instituciones?
Tanto Diputación como Gobierno Vasco han manifestado su sorpresa por la marcha de la empresa, a la que acusan de no haberles avisado. Independientemente de que las instituciones podían haber sido más proactivas (interesarse por la empresa, en lugar de esperar a que vinieran a pedirle ayuda), lo cierto es que la sensación general es que Reckitt estaba a gusto en Euskadi.

Al Gobierno no le quedan ahora muchas opciones. Una vez que la empresa decide cerrar su fábrica, la única opción es negociar menores o mayores indemnizaciones para los empleados, además de buscar alternativas de trabajo. Una de las bazas con las que jugarán sin duda es un posible boycott de las marcas de Reckitt, cosa que ya ha sugerido algún internauta.

¿No hay otra solución que cerrar?
Si la empresa lo ha decidido, es seguro que se irá. La única alternativa sería que los actuales directores de la planta de Güeñes la adquirieran para fabricar directamente ellos, sea para Reckitt o para otras compañías. Es algo que, por otra parte, ya ha hecho esta empresa antes, con Unión Deriván (grupo Undesa) en 2000. Las instituciones pueden jugar aquí un papel fundamental si son capaces de atraer a algún fondo de inversión dispuesto a poner el dinero necesario para plantear esta opción.

Temas: